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Protestas en Polonia, una batalla sin fin

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En julio de 2017, miles de manifestantes tomaron las calles de Polonia para protestar por las reformas judiciales. Desde 2016, los polacos se han manifestado para expresar su desacuerdo con el bloqueo a la ley del aborto. Sin embargo, protestar en Polonia es tedioso. ¿Resistirán los jóvenes hasta las elecciones parlamentarias de 2019? 

Como miembro de la comunidad LGTB+ en **Polonia**, **Jakub Supera** siempre ha creído en la importancia de la democracia. A pesar de haber crecido en un país que le considera como ciudadano de segunda clase, Supera cree que los valores democráticos son la única solución para terminar con esta discriminación. Este joven de 25 años nacido en **Varsovia**, lleva un tiempo participando en diferentes protestas. Sin embargo, cuando estallaron las mobilizaciones contra las reformas judiciales en más de ciudades polacas en julio de 2017, a Jakub le pilló por sorpresa. "Muchos jóvenes sin interés en la política salieron a a la calle. Algo inusual y sorprendente", cuenta Jakub.

El despertar político

El pasado julio, el partido en el poder, Ley y Justicia (PiS, por sus siglas en inglés)​ aprobó nuevas leyes. ¿El objetivo? Limitar la independencia del poder judicial en Polonia. Enfurecidos por la medida, decenas de miles de polacos, incluidos muchos jóvenes de entre 20 y 35 años, salieron a las calles de Varsovia para protestar contra lo que consideraban un freno a la democracia en el país. Aunque las protestas no son nada nuevo para los polacos, el país ha sido testigo de varias revueltas a lo largo de su historia. Según la emisora pública polaca TVP, las protestas del mes de julio de 2017 fueron "las más importantes desde el final del comunismo en 1989".

Pero, ¿qué motivó a estos jóvenes a salir de sus zonas de confort y a participar en las protestas? **Rafal Smolen**, investigador de la Universidad de Varsovia, se describió a sí mismo como un "liberal con algunas inclinaciones izquierdistas en cuestiones socioeconómicas". Protestaba contra las acciones destinadas a destruir la democracia y el estado de derecho en Polonia. "No tenía tan claro que estas protestas fueran a frenar al partido gobernante y al presidente pero, en mi opinión, podrían hacer que los proyectos fueran menos dañinos. Ésa fue mi primera motivación para participar en las protestas" dice Smolen. A lo que añade: "Protestar es una obligación cívica".

Mateuz Luft, locutor de radio de 30 años, también se unió al movimiento. "Fui a las protestas para informar oficialmente en mi radio y hablar con la gente", explica. "Pronto me comprometí porque quería experimentar de primera mano lo que estaba sucediendo. Fue un momento importante para mi país".

Muchos jóvenes polacos crecieron creyendo en la libertad, la democracia y los valores europeos occidentales, prestando poca atención a la historia vivida por su país antes de 1989. Sin embargo, el pasado julio, algo cambió. Los jóvenes no sólo demostraron estar comprometidos políticamente sino ser mucho más conscientes de sus derechos democráticos. Como resultado, los manifestantes pasaron de siete a ocho días en las calles porque tenían una opinión muy fuerte sobre el tema y estaban convencidos de que era su deber cívico levantar la voz contra la injusticia.

"Parte de la sociedad polaca ha vivido durante mucho tiempo con ese descontento. La única diferencia es que antes, la ira era un sentimiento interno", señala Pawel Cywiński, el joven fundador de Polska gościnność, una organización que trabaja en la promoción de una sociedad abierta en la que los inmigrantes y refugiados cuenten con plenos derechos. "El Gobierno comenzó a cambiar el país con políticas conservadoras, y los jóvenes polacos empezaron a hacer públicos sus enfados y frustraciones".

Movilizaciones a través de las redes sociales

Más de la mitad de los polacos usan las redes sociales para mantenerse informados, una tendencia que se acentúa aún más en las generaciones más jóvenes. Facebook, la red social más popular en Polonia, jugó un papel importante en la movilización y organización de las personas durante las protestas de julio de 2017. Cuando estallaron, las cuentas en redes sociales se llenaron con imágenes y publicaciones. Fue un efecto multiplicador que motivó a los jóvenes a participar en ellas. Las redes sociales como herramienta de movilización fueron un fenómeno nuevo; en el pasado, los polacos dependían principalmente del boca a boca o de la información difundida por los medios tradicionales.

"La mayoría de la gente estaba de vacaciones y la clase media que siempre protesta en Varsovia estaba ausente. Así que cuando el Gobierno puso en pie su jugada, los veraneantes de Varsovia y las ciudades más pequeñas fueron los primeros en iniciar las protestas, que se extendieron por todo el país a través de las redes sociales ", dice Pawel Cywiński," de lo contrario se habría limitado a Varsovia ".

Cywiński también explica que los vídeos emitidos en directo y los tweets publicados por los manifestantes provocaron una sensación de conciencia política entre los jóvenes que nunca antes habían votado. Los líderes de grupo que, por norma general no son afiliados de ningún partido, comenzaron a pronunciar fuertes discursos relacionados con la democracia y el estado de derecho. Cuando estos vídeos llegaron a las redes sociales, el número de participantes había aumentado considerablemente.

Los medios de comunicación privados también desempeñaron un papel en informar y movilizar a los ciudadanos, retransmitiendo minuto a minuto. "Gazete Wyborcza, un periódico muy conocido en Polonia, fue distribuido de forma gratuita. No solo publicó noticias relacionadas con los eventos, sino que también informó a las masas sobre el momento y la ubicación de las próximas protestas ", recuerda Cywiński.

Según el sociólogo Ludwika Wlodek, profesor en la Universidad de Varsovia, algunos jóvenes se unieron a la protesta porque era lo que estaba de moda, mientras que otros participaron debido a la presión de sus compañeros. Aún así, la mayoría de los participantes tomaron una decisión consciente para protestar. "Las redes sociales desempeñaron un papel muy importante. En ellas, muchas personas comenzaron a expresarse y sus palabras desencadenaron una reacción muy importante", observa Wlodek. También hace referencia al uso de publicaciones en Facebook y eventos creados por los ciudadanos.

No rendirse 

Al ver a tantos manifestantes en la calle, el canal de televisión TVP de Polonia (controlado por el estado) calificó las protestas como "un intento de organizar un golpe contra un poder democráticamente electo". Mientras, los manifestantes se acordonaban desde la entrada principal del Parlamento detrás de barricadas.

Cuando el Gobierno vio que los manifestantes no se daban por vencidos, el presidente Andrzej Duda intervino para vetar dos de las tres controvertidas leyes propuestas en el proyecto de ley el 24 de julio. Una decisión que comenzó a dispersar a los manifestantes. Aún así, tanto la oposición polaca como la UE advirtieron de que las versiones revisadas, redactadas por la oficina del presidente Duda, seguían amenazando el estado de derecho en Polonia. Unos meses más tarde, en noviembre, las propuestas volvieron a la calle.

Una vez más, los jóvenes participantes volvían a entonar cánticos de protesta y consignas como: "Cortes libres, elecciones libres, Polonia libre".

Pero las protestas de noviembre no detuvieron al Gobierno. Sus acciones antidemocráticas llevaron a la Unión Europea a activar el artículo 7 (también conocido como la "opción nuclear") contra Polonia, que finalmente daría lugar a severas sanciones que incluirían, entre otras cosas, la suspensión del derecho a voto en el Consejo.

Protestar en Polonia es una batalla tediosa. De manera similar a las protestas de la reforma judicial en julio de 2017, las #CzarnyProtests contra la restricción de las leyes del aborto en todo el país han ido en ascenso. En 2016, se introdujeron dos iniciativas sobre la restricción de las leyes sobre el aborto pero más tarde eran rechazadas. A principios de este año, una nueva ley para "interrumpir el aborto" volvía sobre la mesa y los polacos se echaban a la calle una vez más. El pasado 23 de marzo, los polacos volvían a mobilizarse contra el endurecimiento de la ley del aborto convirtiendo esta historia en interminable.

Las protestas de julio de 2017 marcaron el comienzo de una nueva era para los polacos, los jóvenes en particular. Con las elecciones parlamentarias polacas en noviembre de 2019, las protestas ciertamente ayudaron a crear conciencia política entre los jóvenes que votarán por primera vez. Los manifestantes dicen que nunca se darán por vencidos y lucharán por el bienestar político de su país. Pero, ¿mantendrán este compromiso y fervor en el futuro?

"Los manifestantes se han ido a casa, pero en su corazón y en su mente sigue protestando en silencio. Son conscientes de que el gobierno actual es autoritario", dice Jakub Supera, el activista LGBT +, con un rayo de esperanza en la mirada. "Los jóvenes polacos quieren vivir en democracia y quieren que el país permanezca en la UE. Dada la situación actual, creo que la juventud polaca no votará por PiS en el futuro ", dice. Aunque sólo el tiempo lo dirá.

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Este artículo está escrito por Sarah B. Haider y Malika Bayaz, y ha sido editado por Cafébabel. Publicado originalmente el19 de marzo de 2018 en Voices Of Change, un proyecto editorial sobre jóvenes comprometidos con la política en sociedades donde la democracia no es una realidad.

Translated from Protesting in Poland: An endless uphill struggle

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