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Los jóvenes y las mutuas de salud: qué nos separa

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Ivo Alho Cabral

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Nada más cumplir 25 años, suena como una alarma: para los franceses, ha llegado la hora de apuntarse a un seguro de salud complementario para completar su seguridad social. Símbolo del paso a la edad adulta, elegir una mutualidad asusta a muchos jóvenes en Francia. Yo no soy una excepción. Bienvenidos a los entresijos de una vida de procrastinación, de cálculos y de presión materna.

“¿Qué? ¿Aún no te has hecho de una mutualidad? No puedes quedarte así, tienes que apuntarte a una”. Es un domingo como cualquiera; he terminado mis estudios y me he independizado. De repente, he entrado de lleno en la vida laboral activa. Y para mi madre, lo más urgente no es conseguir un contrato fijo ni que me case. Lo más importante es que encuentre mutua. Porque “sabes que en caso de accidente podríamos estar pagando toda la vida”. Soy joven y tengo la cabeza llena de sueños, entre los que no está gastar mi dinero en cotizaciones. Pero también soy joven y tengo la cabeza llena de dudas. Así que le doy el gusto a mi madre y acudo a nuestra mutualidad de toda la vida, que me cubría gracias al contrato de mi padre. “Estas son nuestras ofertas. A partir de 27€ al mes para una cobertura básica”. No estoy preparada. Es un ambiente que me da ganas de huir. Así que dejo el folleto entre la orquídea y el calendario de adviento. Llena de ganas de vivir, salgo del local sin mirar atrás.

Hasta los propios jóvenes franceses se preguntan qué es la ‘complementaria’.

Parece que no soy la única. En Francia, los jóvenes de 20 a 29 años constituyen la categoría menos cubierta por una “complementaria”, un seguro adicional suscrito con una mutualidad que completa las coberturas (muy) básicas de la seguridad social en el país y reembolsa parte de la factura al paciente. La escasez de jóvenes cubiertos se debe a las situaciones precarias que a menudo viven, sus menores necesidades sanitarias y un particular desconocimiento del sistema. En 2018, el Gobierno francés decidió ofrecer una cobertura sanitaria adicional gratuita a todos los estudiantes. Ya no tenían que pagar 200 euros al año como antes. Para disfrutar de las coberturas, no hay más que inscribirse en una mutualidad; así que los estudiantes se hacen menos preguntas sobre los detalles de su cobertura. De hecho, muchos no saben la diferencia entre seguridad social (básica) y mutua (complementaria). Cuando acaban los estudios, muchos jóvenes trabajadores empiezan a darle vueltas al asunto, por elección o por necesidad. Sin embargo, como yo, cogen un folleto, sonríen y se van.

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Comprometerse a pagar una cuota cada mes para cubrir necesidades “hipotéticas” no es que sea muy atractivo, sobre todo cuando se tienen pocos medios económicos. Además, las cuotas de las mutualidades no han dejado de aumentar en los últimos años; el gasto de los franceses en salud aumentó un 30% entre 2006 y 2017. Hace 10 años pagaba 20 euros cuando visitaba a mi médico de cabecera; ahora pago 25. Por si fuera poco, el copago por hospitalización ha subido 2 euros más en 2018: ahora son 20 euros por día.

En 2017, Thierry Beaudet, presidente de la Mutualité Française, federación que engloba a casi todas las mutualidades francesas, explicaba en una entrevista al diario de difusión nacional Les Échos: “Hace tiempo que los afiliados ven aumentar sus cotizaciones debido al aumento del gasto general en sanidad. En los últimos años, el aumento ha sido de unos 400 millones de euros por año en reembolsos suplementarios que abonamos las mutuas”. Además, el presidente francés Emmanuel Macron prometió en campaña electoral que las gafas, las prótesis dentales y los audífonos se reembolsarían al 100% para 2022. Aunque oficialmente no fuera el deseo del Gobierno, las cotizaciones aumentan cada vez más y continúan la tendencia al alza de los últimos años.

En todo este embrollo, es difícil entrever el espíritu de solidaridad que se supone está en el origen de las mutualidades en Francia. Al contrario que las empresas normales, las mutuas no tienen ni capital ni accionariado. Dicho de otra forma, no fueron creadas con ánimo de lucro sino para “llevar a cabo una acción de previsión, de solidaridad y de ayuda mutua”, según su propio régimen legal. Hay que estar seguros de que la mutualidad siga este espíritu y no de que se trate de un seguro de salud normal que abusa del apelativo ‘mutualidad’.

Protección mínima

En los bancos del campus universitario, la preocupación es otra. Frente al aumento de las cuotas, los estudiantes que no están cubiertos ya por la póliza de sus padres no tienen muchas ganas de sacrificar parte de su presupuesto, de por sí reducido. Pero para las personas que acuden al médico de manera habitual, una mutua es casi indispensable en Francia. Estos a menudo eligen la opción más barata. “Estaba afiliada a la mutualidad, pagaba 25 euros al mes. Pero cuando me empeoró la vista, tuve que pagar 150€ de mi bolsillo por unas gafas que costaban 250”, cuenta Audrey, antigua estudiante de radiología. Los seguros básicos no cubren ciertos tratamientos. Por eso los agentes de la oficina de la mutua suelen recomendar protegerse con un seguro con mejores coberturas pero claro, más caro. Es la solución más razonable a largo plazo y la preferida por las familias y las personas mayores. Pero no tanto para los que tienen poco dinero.

“Ya no iba casi nunca al médico y me automedicaba. Era más rápido y barato”

Resultado: son muchos los estudiantes que no cuidan de su salud como deberían. Entre los que no van al médico cuando lo necesitan, el 49% dejan de ir por razones económicas, según un estudio del observatorio francés de la vida estudiantil de 2013. “Ya no iba casi nunca al médico y me automedicaba. Era más rápido y barato”, confiesa Audrey. En la misma encuesta descubrimos que son los estudiantes que hacen carreras más largas los que sufren más estrés u otros problemas de salud. Sin embargo, se trata del tramo de edad que va menos al médico (23 a 25 años).

La mutua es una de esas cosas que vamos dejando para mañana… hasta que nos hace falta de verdad. “Cuando acabé la uni, estuve unos seis meses sin mutualidad. No sabía muy bien dónde ir, no tenía mucho tiempo para informarme. Sobre todo, no tenía ganas de pagar no se cuánto al mes si yo no voy nunca al médico”. Es el caso de Mylène, licenciada en Derecho en 2016. “¿Y si tienes que ir a urgencias?”, diría mi madre. “-Tengo cuidado”.

Al final, como es importante, nos ponemos las pilas. “Acabo de apuntarme a la mutua con una cobertura básica. Cuando consiga trabajo tendré una mejor cobertura pagada por la empresa y podré ir al oftalmólogo y cambiar de gafas”. En este momento Mylène está en paro, le ha empeorado la vista, pero aún va a esperar un poco. Lo mismo para Aurore, que achina los ojos para leer los subtítulos en la tele. “Espero antes de comprarme gafas, si no tendré que pagar la mitad”.

La precariedad no es la única razón por la que estos jóvenes en situación activa dejan para más tarde los gastos en salud. Los licenciados de clase media o media-alta también dicen ahorrar. Los viajes, salidas y sobre todo, las inversiones en el futuro de uno son más importantes que el dentista y las lentillas.

La paradoja: en caso de accidente grave, es posible que los jóvenes que no tengamos una póliza que cubra nuestros gastos hospitalarios. Ni ahorros suficientes para hacer frente a la factura. En caso de ingreso en el hospital, la seguridad social francesa solo se hace cargo de una parte de los gastos de la estancia. Por todos lados, el coste de los servicios aumenta por encima de los medios económicos de los jóvenes. Un problema de salud, incluso pequeño, nos puede llevar a acudir varias veces a la consulta de un especialista. Muy rápidamente nos encontramos con gastos no cubiertos por la seguridad social. Es la mutua la que se haría cargo.

A pesar de los riesgos, los jóvenes tendemos a pasar de las formalidades administrativas. Como mi futura mutualidad, que espera sin descanso a que me decida de una vez. Entre buscar prácticas, estudiar para los exámenes, y la caza de un primer empleo, nuestros esfuerzos se centran sobre todo en conseguir un buen futuro profesional. Pero como estamos estamos llenos de energía y de ganas, al final acabaremos por informarnos sobre nuestra situación sanitaria. E incluso leeremos los folletos.


Ilustración: © Sonia Gurrea

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Este artículo es parte de una colaboración con Mutualité Française sobre temas relacionados con la salud en Europa. La serie se llama 'Cheers'. ¿La idea? Debatir sobre la sanidad pública de manera atractiva e interesante para los jóvenes europeos.

Translated from Jeunes et mutuelles : ce qui nous sépare

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