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Vesna Goldsworthy: Radovan Karadzic es de mi familia

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Default profile picture Kasia Ortiz

BrunchCultura

La periodista y escritora yugoslava de 47 años nos relata su lucha contra el cáncer, sus traumas de guerra, las locuras de su abuela y su primo criminal de guerra.

Nos encontramos con ocasión de una velada literaria de la escritora, quien visitó Polonia por invitación del British Council. Vesna es una simpática mujer después de los cuarenta, elegante y distinguida. El distanciamiento característico de las mujeres de los Balcanes se mezcla en ella con una reserva inglesa y un sentido del humor irónico formados después de años de vida en la isla. Habla muy bien, con la exactitud de un extranjero que cuida de la limpieza y de la perfección del idioma, a diferencia de los descuidados hablantes nativos.

Nació en 1961 en Yugoslavia, estudió en Francia, pero pasó la mayor parte de su vida adulta en Nos encontramos con ocasión de una velada literaria a cargo de esta escritora, de visita en Polonia por invitación del British Council. Vesna es una simpática mujer a gusto en sus cuarenta y unos cuantos, elegante y distinguida. El distanciamiento característico de las mujeres de los Balcanes se mezcla en ella con una reserva inglesa y un sentido del humor irónico formados después de años de vida en la isla británica.

Nació en 1961 en Yugoslavia, estudió en Francia, pero pasó la mayor parte de su vida adulta en Londres, donde se instaló después de conocer a su marido, inglés. En la actualidad, dicta clases en la Universidad de Kingston, aunque antes trabajó para la BBC preparando denuncias sobre la guerra en los balcanes. Pero sobre todo, escribe.

Escribió su libro Fresas de Chernóbil en medio de una situación dramática, cuando supo en 2003 que tenía cáncer y los médicos anunciaron que le quedaban seis meses de vida. Entendió entonces que si moría, su hijo de 2 años, educado en Inglaterra, perdería no sólo a su madre sino también el último vínculo con sus raíces balcánicas. Decidió escribir sus memorias. En principio sería sólo un libro de la madre para el hijo, pero se convirtió en bestseller.

Un amor contaminado con uranio

Haz clic para escuchar la lectura del libro de Vesna Goldsworthy

Fresas de Chernóbil tomó su título de las fresas que Vesna ofreció a un inglés en el funesto año de 1986. "Comencé a escribir recuerdos, empezando por la primavera de 1986. Para el mundo entero fue el año en que explotó la central atómica en Chernóbil, y para mí fue el año en que mi futuro esposo vino por primera vez a Belgrado, donde logré convencerlo de que las fresas de Serbia tienen un sabor cien veces mejor que el de las inglesas". Las fresas, símbolo del floreciente amor entre ellos, pudieron paradójicamente haber contribuido por la contaminación radioactiva al surgimiento del cáncer.

Aunque las causas de la enfermedad pudieron ser muchas otras, por ejemplo, el trauma de la guerra. "Fui con mi esposo a Inglaterra en los años ochenta, no me vi obligada a huir, obtuve el visado sin problemas. Más tarde, cuando trabajé en la BBC presentando denuncias sobre la guerra, entendí que la partida había sido muy fácil para mí. La facilidad de este viaje me causó muchos problemas algunos años después, cuando veía a mis compatriotas huyendo de la guerra. Entendí entonces que mi suerte llevaba consigo una responsabilidad que asumir para interesarme por la política y decir al mundo lo que sucedía".

La guerra despertó en la periodista preocupaciones hasta entonces desconocidas, relacionadas con la identidad y la pertenencia a una nación. "Cuando la OTAN bombardeó Serbia, recé al mismo tiempo por los pilotos y por la gente en tierra. Fue el peor momento en mi vida, el más esquizofrénico, cuando observaba la guerra y no era capaz de decir de qué lado estaba. La guerra llevó a que el tema de la identidad se convirtiera en un asunto doloroso y con frecuencia pienso que precisamente el estrés relacionado con ella provocó mi enfermedad.”

Identidad rota

Cuando los yugoslavos se dividieron y la patria de Vesna cayó en pedazos, durante mucho tiempo no quiso aceptar la verdad. "Me mentía a mí misma, pensando que esa guerra se terminaría sola de algún modo secreto. Que desaparecería. Todo coincidió de tal manera que por medio de una parte de mi familia de Montenegro me encontraba emparentada con el símbolo de los crímenes de guerra en Yugoslavia: Radovan Karadzic. Es la banalidad de la guerra, en la que los miembros de cada familia son asesinos potenciales. En el momento en que un millar de serbios abandonaban Carniola en agosto de 1995, me encontraba en la redacción de la BBC. Un río de refugiados partía y yo pasaba los días llorando encerrada en el baño, sin poder detenerme. Era difícil aceptar que los serbios sufrían y que los mismos serbios generaban sufrimiento", dice con voz aún trémula.

El tema de la identidad se manifiesta en las producciones de Vesna, quien reconoce que también en la cuestión del idioma experimenta su esquizofrenia. "Mis pensamientos dependen de lo que pienso en el momento. El inglés se convirtió en mi idioma, pero hay muchas cosas, nombres, sentimientos, que en mi cerebro existen sólo como palabras serbias. Ser una persona bilingüe es extraño, por ejemplo sólo aprendí a cocinar en Inglaterra y conozco la mayoría de palabras relacionadas con la cocina únicamente en inglés. Y de la misma manera, no soy capaz de describir en inglés muchos temas relacionados con Serbia, porque en inglés con mucha frecuencia no existen palabras que arrojen fielmente el mismo sentido de la definición serbia. Si pienso en mi niñez y en mi juventud, pienso en serbio, si por el contrario pienso en qué comprar para el almuerzo, pienso en inglés".

Nuevo "yo" en un nuevo idioma

A esta ya bastante complicada personalidad agrega otra –la de escritora–, y de manera decidida niega la teoría universal según la cual sólo en el idioma propio se puede escribir bien. "Escribir en otro idioma libera por completo otras formas de creatividad. Esta es parte de la Historia de Europa. No se puede decir que Nabokov no era buen escritor porque era ruso y escribía en inglés. En el mejor de los casos, el escritor crea un nuevo "yo" en un nuevo idioma. Por esta razón no acepté la traducción de "Fresas de Chernóbil" al serbio. Sabía que si me involucraba en esto terminaría escribiendo otro libro".

Vesna proviene de una familia de alcurnia en los Balcanes, y cuando habla de los personajes más pintorescos del libro -la abuela excéntrica- en su cara se despliega una sonrisa misteriosa y sus ojos comienzan a brillar. "Mi abuela de Montenegro siempre decía lo que pensaba. No estaba contaminada por la corrección política. Su punto de vista era muy simple y también divertido: para la abuela el mundo se dividía entre "nosotros" y "ellos". Nosotros, es decir los serbios y otros cristianos, y ellos, los turcos que ocupan el resto del mundo, en África y Asia. La abuela era también muy alegre: cuando la visitába con mi marido en Montenegro, ella le describió de manera detallada la técnica de cortar y marinar las cabezas humanas. Por supuesto que nunca en su vida vio cabezas cortadas, pero era de las que pensaba que intimidar a un inglés era cosa necesaria y devertida".

Las vueltas de la Historia en los Balcanes obligaron a las mujeres que vivían allí a ser excepcionalmente fuertes: "Los hombres murieron en las sucesivas guerras, desaparecieron, y las mujeres se quedaron solas y tuvieron que defenderse de alguna manera. Cuando perdí mi cabello debido a la quimioterapia y tuve que ocultar la cabeza calva, un día me miré al espejo y vi en mi cara las caras de todas esas mujeres y pensé que en ese momento ocupaba el puesto que me pertenecía en la fila. Eso me dio fuerza.

Artículo publicado originalmente en febrero de 2008

Translated from Vesna Goldsworthy: Miłość w czasach Czarnobylu