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¿Tienen realmente las abejas un lugar en la política europea?

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Las políticas agrícolas se lo están poniendo difícil a los apicultores europeos. En las últimas décadas, las políticas europeas, y en particular la Política Agrícola Común (PAC), han promovido la intensificación de la agricultura, afectando gravemente a las abejas. Los pesticidas y la escasez de recursos son ahora la norma. El próximo plan de la PAC anuncia pocos progresos. Los apicultores están cansados de las decisiones políticas. Expertos y profesionales de Alemania, España y Francia explican las causas de esta desesperación.

François Le Dudal ha sido apicultor durante unos diez años. Está instalado en Bretaña, en las Costas de Armor, con sus 400 colmenas. Hay que recorrer un largo camino para encontrarlo. En esta zona rural, sus abejas lo tienen todo para llevar una buena vida, se podría pensar. Sin embargo, en 2018, François perdió el 80% de sus abejas a finales del invierno. Sus colegas de la región señalaron pérdidas considerables.

Los profesionales afectados analizaron las primeras causas posibles. Las malas prácticas apícolas, las condiciones climáticas y la varroa (unas bacterias que afectan a las colmenas) se descartaron rápidamente. «Cuanto más tiempo pasaba, más sospechas teníamos de temas relacionados con la toxicología. A lo que las abejas podrían haber sido expuestas antes del invierno, y que podría haber resultado en un colapso de sus colonias», explica François Le Dudal, que también es presidente del sindicato de apicultores profesionales de bretones (SAPB).

En ese momento, el Observatorio de mortalidad y debilitamiento de las abejas melíferas (OMAA), creado ese mismo año en la Bretaña, concluyó varias causas, pero no realizó investigaciones toxicológicas sobre las abejas. En el caso de François Le Dudal, sus abejas habrían sufrido la enfermedad de la nosemosis. Para él, sin embargo, esto no explica tal colapso.

François Le Dudal
François Le Dudal es dueño de unas 400 colmenas en las Costas de Armor, en Francia. Con el ayuntamiento de un municipio vecino, ha instalado una colmena educativa en el corazón del pueblo, donde niños y adultos pueden observar a las abejas sin ningún peligro. © Léa Marchal

Es difícil establecer un vínculo causal directo entre el uso de un pesticida y la muerte de una colonia de abejas. Por un lado, los expertos creen que los análisis toxicológicos casi siempre revelan la presencia de pesticidas, sin que esto sea determinante. Por otro, la mortalidad de las abejas se debe a varios factores.

El primer informe del Consejo Mundial de la Biodiversidad menciona el cambio de uso de los suelos, la utilización de pesticidas, las especies invasoras, los nuevos patógenos y el cambio climático. Un estudio de 2016 realizado por la Universidad de Maryland en Estados Unidos demostró que los pesticidas tienen un efecto nocivo sobre las colonias. Los autores también destacaron el efecto cóctel de estos productos. Algunos plaguicidas considerados no tóxicos provocan un aumento de la mortalidad en las colonias cuando se acumulan.

Para François Dudal y muchos apicultores de Europa, las normas europeas sobre los pesticidas no hacen su trabajo como es debido. En el jardín, a pocos pasos de parte de sus colmenas, expresa su decepción. «Teníamos prohibiciones, pero es siempre lo mismo. Entre la autorización de comercialización, el estudio en el terreno de los problemas que causa y su identificación y la prohibición pasan años. [...] Y cuando un producto está prohibido, intentan retrasar su prohibición con cualquier método. Con grupos de presión en Bruselas, con el Ministerio de Agricultura o con el sindicato FNSEA (el sindicato mayoritario de agricultores en Francia, nota del editor)».

A varios miles de kilómetros de distancia, Lütke Schwienhorst se preocupa por las consecuencias de todo esto. Es agricultor de formación y trabaja a tiempo completo como asesor agrícola en la Fundación Aurelia, en Berlín. «Las abejas son representativas de otros polinizadores como las abejas silvestres, los abejorros o las mariposas. Desaparecen sin más, sin que nadie se dé cuenta», explica. Sin embargo, los insectos polinizadores son necesarios para el funcionamiento de la agricultura: los científicos estiman que cerca de uno de cada tres bocados de nuestra comida depende de ellos. En su tiempo libre, este treintañero cuida de varias colonias de abejas. Cuando está en su despacho, le interesan especialmente la política agrícola de la UE y sus consecuencias para los insectos.

La guía de la abeja

En Parma, en Italia, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) es la responsable de evaluar los riesgos para nuestra alimentación. También se ha enfrentado al problema de la falta de datos en la revisión de su guía para las abejas. (Bee Guidance, en inglés, nota del editor). Reúne recomendaciones científicas para la autorización de plaguicidas. Sobre esta base, la UE decide qué plaguicidas se pueden utilizar en los campos europeos.

La EFSA presentó por primera vez su guía de las abejas en 2013, pero los Estados miembros de la UE se han abstenido de adoptarlo alegando que las reglas son demasiado cautelosas y poco realistas. La propuesta de la EFSA de aceptar una tasa de mortalidad de abejas del 7% por colmena para autorizar un plaguicida era problemática. Finalmente se llegó a un acuerdo 8 años después, a finales de junio de 2021: el producto puede ser autorizado con un máximo de un 10% de pérdidas causadas en una colonia.

Mientras tanto, la Unión Europea le ha apretado las tuercas a otro tipo de pesticida: los neonicotinoides. Restringió el uso de tres sustancias de esta familia (clotianidina, imidacloprid, tiametoxam) en 2013, antes de prohibirlas por completo en 2018. Una alegría para los apicultores. Pero, en la actualidad, se han concedido al menos 25 autorizaciones de emergencia en toda Europa para utilizar estos productos en determinados cultivos, como la remolacha azucarera. Los Estados miembros tienen la posibilidad de conceder autorizaciones de emergencia por un periodo máximo de 120 días «si existe un riesgo que no puede ser controlado con otras medidas», según la directiva europea que regula estas medidas excepcionales.

desierto verde en Alemania
Un desierto verde en Alemania. © Antolín Avezuela

«Se ha demostrado lo de los neonicotinoides: que son peligrosos para las abejas, para la biodiversidad en general, que crean un colapso tremendo. Hay un conjunto de especies que han desaparecido para siempre. No vamos a recuperar la biodiversidad de esta manera», se lamenta François Le Dudal.

Estos actúan directamente en el sistema nervioso de los insectos. Debilitan la orientación de la abeja, que a veces ya no encuentra su camino hacia su colmena. Un resultado comparable al de la droga en los seres humanos, excepto que las abejas suelen ser víctimas de sobredosis. No sabemos lo que significa esto para otros insectos polinizadores, que son, en muchos casos, menos resistentes que las abejas melíferas, y que aún no han sido sometidos a pruebas.

Estas exenciones también funcionan para otros plaguicidas prohibidos. A principios de 2021, el apicultor bretón se dio cuenta de que la Lumiposa tenía una autorización temporal en Bretaña. Este pesticida, que se utiliza para luchar contra las moscas geomizadas y la oscinia en el maíz, se considera de alto riesgo para las abejas. Aunque el maíz no es la flor más atractiva para la abeja, a veces lo forrajea. Además, es posible que tenga que buscar agua en las gotas de gutación de la planta de maíz por la mañana, en las que la concentración de moléculas será aún más elevada.

No tan ecológico

Lejos de los maizales y los abetos bretones con los que se alimentan las abejas de François Le Dudal, los líderes europeos y los eurodiputados deciden sobre el futuro marco de la Política Agrícola Común (PAC) para el período 2023-2027. El 25 de junio, los negociadores del Parlamento Europeo llegaron a un acuerdo con el Consejo Europeo (Estados miembros) sobre el texto. El Parlamento debe votar en noviembre para adoptar finalmente el acuerdo alcanzado, o no. Los eurodiputados del Grupo de los Verdes/AELC piden a sus colegas que no aprueben el texto. Creen que no logrará cumplir los objetivos del Pacto Verde. La implementación detallada en cada país promete ser aún menos ambiciosa.

Para Tanguy Collet, apicultor ecológico del departamento francés de Doubs, la próxima PAC no es un buen augurio para el sector ecológico. El plan estratégico nacional presentado por Francia para aplicar la PAC 2023-2027 no está a la altura de las expectativas de los consumidores y los profesionales, según este criador con un centenar de colmenas.

El Ministerio de Agricultura francés ofrece el mismo apoyo para la etiqueta HVE (o AVA, Alto Valor Ambiental) que para la agricultura ecológica. Sin embargo, el pliego de condiciones de la primera es mucho menos estricto. Si bien se fomentan las prácticas ambientales, no se prohíbe el uso de plaguicidas. Peor aún, la etiqueta HVE no tiene ningún beneficio ambiental en la mayoría de los casos, como lo demuestra el informe de la Oficina Francesa para la Biodiversidad (OFB), al que el periódico Le Monde he tenido acceso.

Tanguy Collet
Tanguy Collet es un apicultor ecológico de Mandeure, en Francia. Tiene un centenar de colmenas. © Antolín Avezuela

Tanguy Collet, en sandalias sobre la hierba alta que bordea sus colmenas, se siente decepcionado ante este nuevo horizonte. «Esta etiqueta no significa nada. Solo sirve para decir que lo estamos haciendo bien y, al mismo tiempo, poder poner productos en los cultivos». La etiqueta HVE cuenta con el apoyo de la FNSEA, que está ampliamente representada en las negociaciones con el gobierno.

El apicultor cree incluso que la etiqueta orgánica debería ser aún más ambiciosa de lo que es ahora. «Estoy a favor de que la normativa sea muy estricta y tengamos un modelo ecológico de excelencia de verdad. De lo contrario, cualquiera podrá vender un producto ecológico certificado que lo sea más o menos». Pero muchas fuerzas se oponen a esta visión, incluso dentro de su profesión. Para algunos, la clave es fomentar las instalaciones ecológicas todo lo posible y no disuadir con unas condiciones demasiado estrictas. En su plan estratégico nacional, Francia propone aumentar las ayudas a la conversión a productos ecológicos (+36%). Por otra parte, suprime las ayudas de mantenimiento para los productores ecológicos.

Tanguy Collet
Tanguy Collet fue «picado» por las abejas cuando era muy joven. «Esta actividad es una alegría. Solo oyes el crujido de las alas, trabajas en silencio. Es una buena vida», dice con una sonrisa. © Antolín Avezuela

Un entorno que se ha vuelto hostil

Además de las sustancias peligrosas, el hábitat de las abejas también está amenazado por otros factores agrícolas. A lo largo de los años, la agricultura intensiva, los monocultivos, la siega temprana y la excesiva urbanización de los suelos han reducido cada vez más la biodiversidad. A los insectos polinizadores cada vez les cuesta más alimentarse.

La política actual fomenta el cultivo en grandes áreas que no florecen, explica Lütke Schwienhorst. El trigo, la cebada y el maíz predominan en muchos lugares. Las estructuras agrícolas son cada vez más grandes. En Alemania, por ejemplo, el tamaño medio de las explotaciones era de 63 hectáreas en 2020, un 13% más que hace una década. La situación es similar en la mayoría del resto de países europeos. Una de las razones es que la mayor parte de las subvenciones agrícolas de la UE se basan en la superficie: las explotaciones agrícolas reciben dinero por hectárea.

«Todo esto significa que las zonas rurales de Europa se están convirtiendo cada vez más en desiertos verdes», dice Lütke Schwienhorst, que posee algunas colmenas en el corazón de Berlín. «Y los pesticidas se utilizan en estos campos donde crecen las plantas con flores. [...] Va tan lejos que a las abejas de las ciudades les suele ir mejor que a las del campo». Hace un gesto con la cabeza en dirección a sus cajas rojas. Aquí, en Berlín, están expuestas a menos pesticidas que sus homólogas del campo, y encuentran más plantas y árboles con flores en la ciudad que en muchos paisajes agrícolas.

Lütke Schwienhorst
Lütke Schwienhorst, en el laboratorio de la Fundación Aurelia en Berlín. © Antolín Avezuela

En un intento de remediar esto, la Unión Europea incluyó objetivos medioambientales en su programa de la PAC 2014-2020. Los agricultores se beneficiaban de «pagos verdes» a condición de que diversificasen sus cultivos, mantuvieran pastos permanentes y reservasen áreas de interés ecológico (EIA). Los Estados miembros tuvieron que dedicar el 30% de todas las ayudas directas de la PAC a los pagos verdes.

Pero según un informe del Tribunal de Cuentas europeo, este programa no ha alcanzado su objetivo de mejorar el rendimiento medioambiental de la PAC. Ni mucho menos. Los requisitos de los pastos permanentes, por ejemplo, «han llevado a un cambio en las prácticas agrícolas en solo el 1,5% de las tierras agrícolas de la UE», según los auditores. Sin embargo, estas praderas proporcionan una cubierta vegetal beneficiosa para los polinizadores.

«Los requisitos de la ecologización son generalmente modestos y corresponden, en gran medida, a la práctica agrícola normal»

La primera causa de este fracaso es, según el Tribunal de Cuentas, que las condiciones son demasiado amplias para la recepción de fondos. «Los requisitos de la ecologización suelen ser modestos y corresponden, en gran medida, a la práctica agrícola normal», detalla. El informe también denuncia las numerosas posibilidades de exenciones para determinados criterios. Así, el 65% de los agricultores pudieron beneficiarse del pago verde sin tener que cumplir con las obligaciones de ecologización.

«Lo que hace falta es la conservación de hábitats naturales y seminaturales, en lugar de hábitats productivos. Necesitamos crear una matriz adecuada alrededor de estas áreas para apoyar estas poblaciones de organismos silvestres, ya sea en las afueras o en tierras no cultivadas», explica Elena Concepción, investigadora postdoctoral sobre biodiversidad en el Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid.

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Abejas forrajeando una amapola en Berlín. © Antolín Avezuela

La PAC 2023-2027 prevé de nuevo una especie de pago verde, rebautizado como «eco-régimen». Según el acuerdo alcanzado, los Estados miembros tendrán que asignar al menos el 25% de las ayudas a la renta a estos regímenes ecológicos. Hasta 2024, sin embargo, podrán conformarse con el 20%. Esto es demasiado poco para algunos eurodiputados que hicieron campaña por un umbral mínimo del 30%.

La nueva PAC también debe seguir protegiendo el medio ambiente con su segundo pilar, que se centra en el desarrollo rural (FEADER). Al menos el 35% de su presupuesto debe dedicarse a compromisos agroambientales que promuevan prácticas ambientales, climáticas y de bienestar animal. En el antiguo plan 2014-2020, este umbral ya era del 30%.

Para François Le Dudal, está claro que «la PAC no está en absoluto a favor de la agroecología, del oficio del campo». A él se unen varias ONGs, sindicatos y expertos de todo el continente. «Están pintando la PAC de verde, pero en realidad sigue provocando una intensificación de la agricultura», afirma Elena Concepción.

El 20 de octubre, el Parlamento Europeo aprobó un informe de propia iniciativa en el que se pide a la Comisión Europea (que tiene la iniciativa de directivas y reglamentos europeos) que presente un nuevo proyecto de ley sobre plaguicidas para mediados de 2022. Piden una reducción de estos del 50% para 2030, y el objetivo de lograr una cuarta parte de la tierra cultivada orgánicamente.


Foto de portada: © Antolin Avezuela

Este reportaje ha sido posible gracias al apoyo del Fondo de Periodismo

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Léa Marchal

Babélienne depuis 2018, je suis désormais éditrice pour le nouveau média ereb.eu, et journaliste freelance dans les affaires européennes. J'ai piloté la série d'articles multimédia Generation Yerevan, ainsi que le podcast Soupe à l'Union, publiés sur Cafébabel.

Translated from Y a-t-il vraiment de la place pour les abeilles dans la politique européenne ?