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Serbia en la UE: la cuenta, por favor

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Cultura

La detención de Radovan Karadzic es otra de las señales que envía Serbia para reincorporarse al concierto de las naciones en espera de tiempos mejores para su orgullo herido.

Esta semana, Serbia empezará a restituir a sus embajadores en los países de Europa que habían reconocido la soberanía de Kosovo. El gobierno serbio lo anuncia tras producirse la detención y puesta en manos del Tribunal Penal Internacional de La Haya de Radovan Karadzic, político serbo-bosnio presunto responsable del genocidio de 8.000 civiles varones musulanes en Sebrenica en 1995.

Foto, Comisión europeaTodo sucede a dos meses de que los partidos europeístas serbios (el partido democrático y el partido socialista) se hayan hecho con el gobierno. El comisario europeo de Ampliación, Olli Rehn, ha calificado la detención de “piedra angular” para la integración en la UE. Javier Solana, responsable de la Política Exterior, de Seguridad y Defensa comunitaria, por su parte, considera los gestos de Serbia como de “cooperación total”.

Foto, candlemakerNo obstante, esta sucesión de eventos esconde paradojas que dificultan saber si Serbia está de verdad cambiando de actitud ante su propia Historia y su futuro. Para el serbio Alexander Mitic, analista-jefe del instituto 4S de Bruselas y único corresponsal de medios extranjeros durante los bombardeos en Kosovo en 1999, “ya desde la época del conservador nacionalista Kostunica se detuvo a muchos prófugos de la justicia acusados por crímenes de guerra”. Lo que matiza el español Ricardo Angoso, coordinador de la oenegé Diálogo Europeo y experto en el conflicto de los Balcanes además de observador electoral en dicho territorio para Naciones Unidas: “Kostunica se manifestaba en público contrario a poner a los prófugos serbios en manos del Tribunal de La Haya. Según él, debían ser juzgados por la justicia nacional serbia”.

Cambio de rumbo con timonel sorpresa

Foto, Pepa García / FlickrCuesta comprender que hasta que el Partido Socialista de Serbia -fundado por Slobodan Milosevic, criminal de guerra y valedor de personajes como Karadzic- no ha llegado al gobierno del país, no se le haya podido detener. Un detalle que no resulta casual a Angoso: “Han pasado muchos años desde que la familia Milosevic dejara huérfanos a sus partidarios en el partido socialista serbio. Es probable que Karadzic estuviera protegido por los servicios secretos serbios y, ahora que en el país gobiernan los proeuropeistas de Tadic y Cvetkovic, se esté dispuesto a pagar uno de los precios que costará entrar en la UE”. Poco antes, la dirección de dichos servicios secretos había sido renovada.

Entrar en la UE tendrá un coste para Serbia

Foto, sashamd / Flickr“Es probable que Serbia deba detener también al general Ratko Mladic, acusado de tantos crímenes como su amigo Karadzic, aunque al ser militar seguro que está protegido por el propio ejército serbio”, añade Angoso. El ministro de Interior, el socialista Ivica Dacic, ha pedido en público a Mladic que se entregue a la Justicia: voluntad con poca fe. Holanda, el país que más se opone a premiar a Serbia con acuerdos comerciales hasta que no entreguen a Mladic, sigue en sus trece. “Si me apura”, vuelve a terciar el español, “hay una tercera factura que le exigirán abonar a Serbia para que la UE la acoja en su seno: el reconocimiento del Estado de Kosovo”. Se entiende la restitución de embajadores serbios en los países europeos.

Un nacionalismo vivo

¿Dos Serbias como las dos Españas polarizadas a la salida de su dictadura? “Para nada”, explica Angoso: “En Serbia no existe una base social ‘milosevista’ como la franquista en España”. La joven francesa Julie Thisse ha trabajado tres años en una misión de formación de la judicatura serbia en Belgrado por parte del ministerio galo de Asuntos Exteriores: “Todos son nacionalistas. En Serbia no hay autonomía de la mente: se es primero serbio y luego hombre o mujer, de izquierdas o de derechas, creyente o agnóstico, etc”. Aunque no dudo de que se repetirán las manifestaciones en apoyo de Karadzic, considerado un mártir para cierta minoría, no creo que reflejen un sentimiento generalizado en la sociedad Serbia”, opina. En cambio, Mitic comenta que “existe una generación de serbios que han nacido después y no lo conocen siquiera”.

“La memoria de los pueblos es corta y detecto un hastío importante en Serbia tras años de fracasos y crisis económicas”, suma Angoso. Es posible que los serbios opten por querer pasar página. Es cierto que este país está desarrollando sus intercambios comerciales con los vecinos balcánicos como Croacia y Eslovenia. En cambio, Mitic opina que son los vecinos los que no parecen tener tanto interés en la reconciliación con Serbia, “sino en pasarle la factura”. “Atentos al nacionalismo albanés que se extiende en Kosovo y macedonia”, previene Angoso, “es el más peligroso de la región de cara a su integración en la UE y dará que hablar en el futuro”.

Doble rasero para los crímenes de guerra

“Rabia y tristeza” es lo que siente Angoso ante lo que considera un “doble rasero” que criminaliza simplificadoramente a Serbia frente a los demás: “Nadie critica al fallecido dirigente croata Tudjman, ni al bosnio Izetbegovic. Ha habido una jerarquización de las responsabilidades por los crímenes que se cometieron en las guerras de los Balcanes en detrimento de Serbia”. “Serbia sangra de sus heridas”, sostiene Mitic. “Es el país que más refugiados tiene, le han retirado parte de su territorio ilegalmente, y notorios criminales de guerra contra Serbia, como el kosovar Haradinaj y el bosnio Naser Oric, han sido absueltos de sus cargos por la justicia internacional. La secesión de Kosovo aceptada por la UE ha mermado la confianza de muchos serbios en Europa: lo ven como una traición a los valores comunitarios”, concluye.