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Residuo cero: guerra al desperdicio

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Lo vemos a diario: la filosofía de residuo cero, o zero waste, se extiende poco a poco por todo el mundo. ¿La idea? Generar menos basura y luchar contra el consumo excesivo. Es bueno para el medio ambiente pero también podría tener consecuencias positivas para la salud. Un reportaje a granel.

Son las 19:30 cuando una treintena de personas acceden al vestíbulo de la imponente Maison Internationale de la ciudad universitaria internacional de París, una mini réplica del palacio de Fontainebleau -uno de los mayores palacios reales de Francia-. Al fondo del pasillo, una pancarta anuncia: “Iniciación al residuo cero”. Organiza el evento la sección parisina de Zero Waste Francia, una asociación que lucha por la preservación del medio ambiente. En el orden del día, los beneficios para la salud y el medio ambiente del estilo de vida residuo cero. Cuatro columnas blancas franquean unas pocas hileras de sillas rojas para el público. La sala, espaciosa y rodeada de paredes en madera noble, desprende una atmósfera tan prestigiosa como anticuada, algo así como el Gran Hotel Budapest de la película.

Tirar menos, vivir mejor

“El mejor residuo es el que no se produce”. David y Mélusine, la pareja de ponentes voluntarios introducen la jornada. Para sensibilizar al publico, dan algunas cifras impactantes: “En 2015 se produjeron 325 millones de toneladas de desechos”; “en 2014, el coste del tratamiento de nuestros residuos supuso 17.000 millones de euros”. Hechos que no parecen sorprender al público, que ya apoya la causa. “He reemplazado todos mis productos de limpieza por vinagre”, me cuenta Lucile, fisioterapeuta de 28 años de edad. Sus palabras destilan un aire esperanzador, pero ¿cuántos de mis conocidos producen sus propios productos de limpieza, su desodorante o usan frascos de cristal en casa? Cada vez son más, a juzgar por Zero Waste, que reivindica que más de 400 ciudades colaboran en su red europea y asegura que hay hordas de ciudadanos que se han pasado a la vida sin envases. Una población sensible a las cuestiones del despilfarro alimentario pero también preocupada por su salud. Porque, además de ser respetuoso con el medio ambiente, este estilo de vida podría ayudarnos a vivir mejor y durante más tiempo.

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En la ciudad universitaria, Mélusine y David pasan muy de refilón sobre el tema de la salud. Desde el inicio del movimiento, que se constituyó en realidad hace pocos años, es la cuestión del despilfarro alimentario la que copa el debate. Sin embargo, salud y ecología están tan conectadas que no pueden existir por separado. “Rechazar los productos envasados lleva a comprar alimentos mucho mejores para la salud”. La frase no resuena en el eco de la sala sino que sale de un libro, considerado como uno de los referentes del tema. Titulado ‘Residuo cero en casa’, la obra de Bea Johnson se ha convertido rápidamente en un best-seller vendido en más de 40 países, atraídos por la conexión entre evitar el despilfarro de comida y estar a tope de energía. Desde California, donde vive desde hace 20 años, esta joven francesa lo explica de manera sencilla: “Cuando compras a granel, eliminas los productos envasados e hiperprocesados. Y como tomas productos más simples y completos, tu alimentación pasa a ser más saludable”. Desde su conversión al residuo cero en 2012, Bea Johnson viaja con una pastilla de jabón sólido, un termo y una bolsa de tela en la maleta. Su filosofía se sostiene sobre cinco principios, “rechazar lo superfluo, reducir lo necesario, reutilizar lo que compramos, reciclar todo lo de lo que no hemos podido prescindir y compostar el resto”. A menudo cuenta a menudo la misma historia en sus conferencias: “Mi marido tenía sinusitis crónicas y yo misma tenía conjuntivitis por el rímel. Se acabó todo eso cuando nos pasamos al residuo cero”.

La vida sin envases: bonita, pero ¿posible?

¿Hasta qué punto es posible dejar dejar de usar embalajes? Aunque las autoridades sanitarias no se mojan de momento en el apoyo al residuo cero, algunos médicos sí empiezan a manifestarse a favor. Como Alain Collomb, médico de familia y presidente de la sección en Provenza, región del sur de Francia, de la asociación Santé Environnement (Salud y Medio Ambiente). Por teléfono, me explica que “los residuos como el plástico y los aceites emiten a la atmósfera combustibles orgánicos volátiles”. Vamos, que podríamos respirar mejor si los reducimos. “Ciertos plásticos desprenden parabenos (conservantes que se añaden a productos cosméticos, alimentos y medicamentos) que sabemos que son cancerígenos. Se trata de los famosos disruptores endocrinos, muy nocivos para la salud”, continúa. Aunque no cree en realidad en la utopía del residuo cero, el médico recalca que es urgente consumir “productos reciclables que no permanezcan en la atmósfera o en el subsuelo”.

Entonces, ¿qué podemos hacer? Desde su creación en los años 2000, el movimiento por el residuo cero atrae multitud de nuevos seguidores persuadidos por un modo de vida más razonable. Aunque mucha gente no lo sepa, existen multitud de ideas que podemos aplicar a la vida diaria. Por ejemplo, la agrupación Familia Residuo Cero propone a las familias pequeños desafíos que permiten alcanzar objetivos diarios. Y en París, simbólicamente en la rue du Paradis (calle del Paraíso), se está empezando a gestar una utopía. Desde el pasado diciembre, el ayuntamiento de la ciudad ha decidido hacer de esta popular calle un laboratorio de residuos cero. Salido de una consulta ciudadana celebrada en 2017, el experimento se ha dado un año de plazo para adoptar nuevos modos de consumo que reduzcan los desperdicios. Un reto lanzado en el marco del plan Clima de París a raíz de los compromisos adquiridos por Francia en la COP21.

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Las consultas de médicos, restaurantes, bares e incluso grandes empresas son parte del paisaje característico de la rue du Paradis, donde viven 6.000 habitantes. Un lugar escogido por la “diversidad de sus actores y que permite tocar un gran número de personas”, explica la joven Loukia Bana, coordinadora de Zero Waste Paris. El desafío es enorme para un barrio cuyos habitantes producen 488 kg. de desechos de media por persona; la media de los parisinos es de 418 kg. “El objetivo es cambiar los comportamientos, antes de trabajar sobre la cuestión las basuras”, me explica Léa Vasa, teniente de alcalde de la junta del barrio a cargo del proyecto. Desde hace casi un mes, esta representante política organiza reuniones con la gente del barrio para poner en práctica un programa de residuo cero. Por ahora, las medidas afectan solo a los envases de comida. “El grupo de las oficinas del barrio ha propuesto ofrecer tápers a la hora de la comida para promover el fin del uso único de los materiales”, continúa. La acción se ha extendido a las tiendas de la calle, que han aceptado deshacerse de los productos de uso único. Tal y como hace Quentin Jacquemin, encargado del bar La Paroisse, que está eliminando poco a poco las pajitas y los vasos de plástico. “No se trata solo de tomar medidas técnicas de separación de residuos y reciclaje. También hay un espíritu solidario y de compartir, un poco como en un pueblo”.

Es imposible saber si los habitantes del barrio vivirán más que la gente del resto de la ciudad. Pero la vida sin plástico ya ha dibujado sonrisas en las caras de los vecinos. “¡Parece ser que van a poner nuevas papeleras inteligentes en la calle!”, se entusiasma Quentin. Queda por ver si todos iremos por el camino de la rue du Paradis.


Ilustración: © Sonia Gurrea

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Este artículo es parte de una colaboración con la Mutualité Française sobre temas relacionados con la salud en Europa. La serie se llama 'Cheers'. ¿La idea? Debatir sobre la sanidad pública de manera atractiva e interesante para los jóvenes europeos.

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Translated from Zéro déchet : à fond la forme ?

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