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Relojes y móviles inteligentes: bienvenidos a la salud del futuro

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La industria de la salud portátil está cada vez más en forma: sí, tu pulsera de actividad te dice hasta cuántas vueltas has dado en la cama. Pero hay mucho más. Blanca Usoz, una de las doctoras más valoradas de España, complementa las consultas de toda la vida con recomendaciones de enlaces y aplicaciones útiles para sus pacientes. Las posibilidades son enormes: hay apps que pueden predecir cuándo tendrás una migraña o avisarte si te has olvidado la pastilla anticonceptiva esta mañana.

Primero fue un compañero de trabajo, luego el vecino, luego tú mismo… Los smartwatch se están convirtiendo en una herramienta de uso masivo. En 2018, se vendieron 45 millones en todo el mundo. La mitad de ellos, Apple Watch.

Las grandes empresas tecnológicas se han lanzado al mercado de la salud. Además de acceder sus datos de hábitos de sueño y de actividad, desde el año pasado los usuarios de iPhone de Estados Unidos pueden ver todo su historial médico en la app Health Records -gracias a acuerdos con decenas de hospitales-.

Por su parte, Google se ha especializado en el uso de inteligencia artificial a los datos sanitarios. Una de sus empresas, DeepMind, lanzó en 2017 una aplicación que alerta a médicos y enfermeras de hospitales del Reino Unido si un paciente del hospital necesita cuidados urgentes. “Creemos que la inteligencia artificial transformará la medicina”, dice la página oficial de Google AI.

Para aprovecharse de todo ese potencial, lo mejor es aliarse con un médico. Así lo ve Blanca Usoz, una médico de familia de Bilbao que lleva ocho años practicando “medicina participativa”: el paciente y el médico trabajan en equipo para gestionar salud y enfermedad.

Aunque no usa pulseras de actividad en su consulta, la doctora Usoz no duda en prescribir enlaces con información útil para el paciente o aplicaciones que puedan ayudar, por ejemplo, a controlar un lunar misterioso. “Es mucho mejor que lanzarse a buscar en Doctor Google, con resultados que pueden no ser muy buenos ni tranquilizadores”, explica.

La doctora también responde dudas por email y ofrece consultas por videoconferencia de vez en cuando. Si necesita revisar unos análisis de control con un paciente, algo que no necesita de exploración, ¿para qué obligar al paciente a desplazarse a la consulta? “Son herramientas que no sustituyen la consulta presencial pero que muchas veces nos sirven para complementarla y tienen ventajas”, explica.

Sus pacientes parecen encantados. La doctora Usoz ganó en 2014 el premio a la médico de medicina general mejor valorada de toda España en la plataforma Doctoralia, que permite puntuar a tus especialistas -sí, de la misma manera que cuando vas a un restaurante-. En 2018 volvió a quedar tercera en todo el país y ha sido finalista varios años más.

¿Y si internet y los aparatos conectados pudieran ser los mejores asistentes con los que un médico pudiera soñar?

En 500 metros, prepárese para una migraña

Brainguard es un ejemplo de la revolución: una aplicación que es capaz de predecir una migraña 25 minutos de media antes de que ocurra, con una precisión del 76%. Para conseguirlo, la aplicación utiliza técnicas de inteligencia artificial para crear un modelo personalizado del paciente, basado en constantes vitales como la temperatura corporal, la frecuencia cardíaca, la temperatura de la piel, el oxígeno en sangre y los niveles de sudor de la piel.

Si una persona sabe que va a sufrir una migraña, “es capaz de controlar su enfermedad”, explica José L. Ayala, creador de Brainguard, una spin-off de la Universidad Complutense de Madrid. “Por ejemplo, puede decidir no conducir o no ir a recoger a los niños al colegio”.

El control de la migraña también evita la sobremedicación. “Los pacientes solo toman medicación cuando tienen síntomas”, explica Ayala. “Esto crea lo que llamamos ‘resaca’, círculos viciosos”. Cuantos más analgésicos se toma uno, peor es el dolor; es lo que se conoce como ‘cefalea de rebote’.

Como la medicación contra la migraña tarda entre 10 y 15 minutos en hacer efecto, con Brainguard los pacientes podrían llegar a evitarla completamente. En los ensayos clínicos que han desarrollado en varios hospitales de Madrid, Ayala y su equipo han conseguido inhibir completamente la migraña de dos tercios de los pacientes y reducir a la mitad los síntomas del resto.

Esto podría cambiar la vida de más de los 4,5 millones de personas que sufren migrañas de en España; un millón de ellas de manera crónica.

Ayala y sus compañeros esperan poder lanzar la aplicación al mercado a finales de este año o comienzos del próximo. En este momento, siguen refinando el algoritmo con ensayos clínicos y están desarrollando un prototipo de brazalete o smartwatch para medir las constantes vitales del paciente.

No le he escuchado sacar la pastilla de la tableta: ¿comprobar?

Estás tan tranquila tomándote un café caro en un restaurante de moda, mirando Instagram, cuando de repente… “¡j**! ¿me he tomado la píldora?”. Así comenzaba la campaña de lanzamiento de Popit, un aparato que envía notificaciones a tu smartphone si te olvidas una pastilla.

No es una simple app-recordatorio. La app transmite los avisos de Popit Sense, un aparato que se coloca a modo de pinza en la tableta de pastillas. Gracias a un micrófono, un acelerómetro y un sensor de tacto, el dispositivo puede ‘escuchar’ y ‘sentir’ si se ha sacado la pastilla del envoltorio. Si el paciente se olvida, le envía una notificación a su ‘smartphone’.

Sorprende que un dispositivo para recordar pastillas esté dirigido la mercado joven de las anticonceptivas pero es que los jóvenes son los peores en el seguimiento de medicación. “Los más mayores ya tienen su rutina. Cuantas menos medicinas tienes en tu vida, peor es tu cumplimiento”. explica Timo Heikkilä, cofundador de Popit.

De momento, Popit ha conseguido reducir los olvidos en un 81% según sus creadores. “Lo que nos dicen más a menudo es por qué nadie lo había inventado antes. A la gente le parece intuitivo y que encaja en sus vidas”, explica Heikkilä. El aparato se vende desde hace un año a través de internet y puede usarse para recordar pastillas para varios tipos de enfermedades además de las anticonceptivas.

La falta de seguimiento de los tratamientos es un “problema de gran magnitud” para la Organización Mundial de la Salud. Además de contribuir a 200.000 muertes prematuras cada año en Europa, se estima que la falta de seguimiento de los tratamientos supone cada año 125 millones de euros en intervenciones evitables.

Un ‘pero’ escrito en letra pequeña

Cuidado con el optimismo. Existen riesgos. Cada vez que hablamos con nuestro médico a través de aplicaciones de mensajería o que nuestra pulsera de actividad envía nuestras constantes vitales a un servicio en la nube, transmitimos datos personales muy valiosos.

Marco Lozano, experto del Instituto Nacional de Ciberseguridad (INCIBE), considera que las empresas que proveen de dispositivos médicos, o aquellos que transfieren datos relacionados con la salud, han de utilizar protocolos de comunicación seguros con sistemas de cifrado robustos. Por ejemplo: mecanismos de anonimización de los datos y de cifrado de información ‘de punto a punto’ (del móvil al sistema de procesamiento del proveedor).

A pesar de las precauciones, el INCIBE resolvió más de 123.000 incidencias en 2017. Sí, los ataques se multiplican porque utilizamos muchos más dispositivos pero “los usuarios son los causantes de entre el 80 y el 85% de los incidentes de seguridad, de manera intencionada o no”, dice Lozano. A día de hoy, la gente sigue compartiendo sus contraseñas en internet. “Si alguien coge la información para extorsionarle. ¿Quién tendría la culpa?”

¿Pero, cómo controlar qué hacen las empresas con nuestros datos de hábitos de sueño? “Antes de usar un aparato debemos leernos bien los términos de uso”, recomienda Marco Lozano. Por ejemplo, las pulseras de actividad “generan una gran cantidad de información y los usuarios no somos conscientes de para qué se puede utilizar todo eso”.

Un ejemplo reciente. Las alarmas se dispararon cuando el año pasado Google decidió absorber en su matriz a DeepMind, su filial británica de inteligencia artificial. Muchos denunciaron que se había traicionado la confianza de los pacientes. Temían que Google pudiera acceder a los datos médicos de 1,6 millones de personas y usarlos en el mercado de las anuncios hiper-segmentados o incluso en otros sectores como los seguros de vida. DeepMind se defendió diciendo que los datos de los pacientes quedarían bajo estricto control de la NHS, la autoridad sanitaria británica. Pero la duda ya estaba creada.

Nuestros ‘smartphones’ están formándose para ser los mejores asistentes con los que un médico pueda soñar, llegando incluso a predecir enfermedades antes de que aparezcan. Pero quizá debamos pensarnos dos veces con quién compartimos datos tan valiosos como la velocidad a la que nos late el corazón.

Este artículo es parte de una colaboración con Mutualité Française sobre temas relacionados con la salud en Europa. La serie se llama 'Cheers'. ¿La idea? Debatir sobre la sanidad pública de manera atractiva e interesante para los jóvenes europeos.

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