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¿Qué queda de la Primavera Árabe? 9 años después, la vida sigue en Túnez

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Cafébabel

Translation by:

Ilaria M.

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Sueños destrozados, esperanzas, deseo de escapar y compromiso social: así vive la gente en Túnez, nueve años después de que estallara la chispa de la Primavera Árabe. Para comprobar qué queda en el país, volvemos a Sidi Bouzid, en el centro del país, el lugar donde empezó todo. Y lo hacemos en un momento ideal: justo antes de las elecciones presidenciales y parlamentarias de otoño de 2019.

Exasperado por la pobreza y el desempleo, Abdelwahab Hablani se prendió fuego en la plaza de Jelma, en la región de Sidi Bouzid, el 25 de noviembre pasado. Un gesto drámatico que recuerda a Mohamed Bouazizi, que en 2010 también se inmoló público en Sidi Bouzid. Entonces, esa chispa hizo que prendiera una cadena de protestas, la llamada Primavera Árabe, en todo Túnez. A día de hoy el nombre de Mohamed sigue presente en las mentes de toda una generación como el de un héroe indiscutible. Su retrato gigante domina la plaza principal de esta pequeña ciudad del centro del país.

El recuerdo de una revolución

"El 17 de diciembre de 2010, poco después de que Mohamed se sacrificara, todos salimos a la calle. Esas fueron las primeras manifestaciones", recuerda Marwa Heni, de 30 años. "Mi hermano Majdy también estaba allí: fue herido, le lanzaron gas lacrimógeno al ojo. La policía reprimió todo con violencia. Recuerdo que vinieron a buscarnos a casa. Fueron días de arresto y represión, momentos horribles".

Y aun así, cada vez que Marwa pronuncia la palabra revolución, un escalofrío le recorre la cara. Su pelo castaño está recogido en una coleta, su mirada tímida escondida detrás de unas gafas de montura negra. "El régimen de Ben Ali estaba todavía cómodamente instalado en ese momento, y no había signos de ruptura", dice. "Nadie habría imaginado lo que pasaría después." Marwa no tiene dudas sobre el cambio de signo que supusieron esos días. "La revolución es un proceso", dice. "La próxima generación verá los resultados concretos". ¿Qué significa hoy en día ser libre? "Significa todo".

Hablar, expresar sus opiniones, protestar, reunirse. Para construir una democracia de abajo hacia arriba. Para votar. Para experimentar formas de economía social. Para aquellos que siempre han tenido que ocultar sus ideas... todo esto representa una bocanada de oxígeno.

El monumento dedicado a Mohamed Bouazizi en Sidi Bouzid
El monumento dedicado a Mohamed Bouazizi en Sidi Bouzid © Ilaria De Bonis

¿Por qué los jóvenes tunecinos siguen marchándose?

Está claro que los jóvenes tunecinos no se arrepienten del pasado. Siguen buscando nuevas representaciones políticas. Los partidos políticos no les satisfacen plenamente, a pesar de que hay más que antes. Y menos aún el partido islámico moderado Ennahda. ¿Pero por qué siguen dejando el país, arriesgando sus vidas en el mar?

A lo largo del camino que va de Kasserine a Sbeitla, para luego seguir hacia Sidi Bouzid, miramos por la ventana al campo rojo vivo, donde crecen abundantes los espinosos nopales. Las sandías, la tierra pre-desértica, el amarillo ocre. Un calor seco y penetrante hace que quieras beber agua cada tres metros. Al llegar a la Kasserine, un viento de calima trae consigo el olor a cordero. Preguntamos a toda la gente que encontramos qué presidente querrían para Túnez después de Essebsi. Pero ninguno de los 26 candidatos parece volver locos a los tunecinos de menos de 40 años. "Estamos más interesados en lo que podemos hacer nosotros en el territorio", responden Marwa y su amigo y colega Hichem. "Ahora que ya no tenemos dictadura, no esperamos a que nadie más decida por nosotros." En la plaza principal de Sidi Bouzid, más bien moderna y verde, se encuentra el monumento dedicado a Mahoma en foram de carro hecho de piedra amarilla. A su lado, una bandera de Túnez esculpida también en piedra.

El monumento dedicado a Mohamed Bouazizi en Sidi Bouzid
El monumento dedicado a Mohamed Bouazizi en Sidi Bouzid © Ilaria De Bonis

También está la obra en construcción del futuro museo de la Revolución. Sin embargo el retrato del vendedor ambulante lo domina todo, en lo alto de las oficinas de correos. Cuando la policía lo detuvo con su carrito de frutas y verduras en diciembre de 2010, Mohamed tuvo que entregar sus pesos y balanzas. Esa fue la chispa que le llevó al extremo. Le quitaron su herramienta de trabajo de las manos. Hoy en día, la tasa de desempleo en la gobernación de Sidi Bouzid y Kasserine está cerca del 35%.

Sidi Bouzid, con una población de 40.000 habitantes, es más grande y rica que Kasserine, con avenidas, carreteras e incluso un excelente hotel de 4 estrellas: el Ksar Dhiafa. "Aquí te encuentras con hombres de negocios, tienes reuniones", explican. También hay pequeños restaurantes, pizzerías y algunos bancos. Cenamos en Chez Oscar, donde cocinan pollo y pizza con pimientos. "Durante las elecciones de 2011, mi hermano fue enviado a Alemania. Tenía 18 años y no tenía pasaporte", recuerda Marwa. "Lo alejaron del país y le dieron una hoja de cuidados médicos para la vista. En Alemania conoció a unos estudiantes que hicieron una colecta para que pudiera operarse. Hoy está bien, pero sigue viviendo y trabajando en Alemania. Nunca quiso volver. Estaba traumatizado por los días de la revuelta".

La revolución era "inevitable", recuerdan todos los chicos que conocemos. El resultado de un despertar colectivo. Algo que debe hacernos pensar siempre que tengamos dudas sobre su eficacia. "Una revolución se llama así cuando no puedes prescindir de ella". Sidi Bouzid era una olvidada del régimen de Ben Ali, como todos los pueblos del interior. "No es una coincidencia que la primera chispa de la revuelta se encendiera aquí", dicen. Y además fue, desde tiempos inmemoriales, ha sido "una ciudad rebelde, con vocación de rebelión". El problema es que incluso ahora sigue siendo un lugar olvidado por la política. La financiación pública en estas partes no llega, así que las protestas no se detienen. Sidi Bouzid está suspendida en el medio de dos extremos: no es el lugar más miserable del país, pero no tiene la riqueza de las grandes ciudades. Hay jóvenes que estudian para labrarse un futuro y clase media que pide reconocimiento.

Junto con Marwa y Hichem, nos dirigimos hacia Bir Lahfay, una ciudad de 30.000 habitantes a media hora en coche de Sidi Bouzid. El pueblo no tiene plazas, sólo un largo y polvoriento camino. De aquí eran las 11 personas que murieron en un barco en el mar mientras intentaban llegar a Italia el 8 de octubre de 2017. En total, había unas cincuenta personas a bordo.

¿Qué es lo que te impulsa a salir?, preguntamos a Ayed, 23 años, pequeño comerciante de ropa. "¡Es el sueño europeo!", responde sin dudarlo. Como si dijera que no es solo una cuestión de pobreza: también es el deseo de descubrir el mundo. Vivir mejor. "Es la migración de los sueños y el descubrimiento", dice Hichem. Luego añade un detalle: "Si la inmigración no estuviera prohibida, probablemente sería menos atractiva". Si no se impidiera la posibilidad de moverse y viajar, tal vez "ir a Europa no sería un sueño, sino una elección libre".

Sidi Bouzid
Sidi Bouzid © Ilaria De Bonis

Italia más que Francia

Para los jóvenes de aquí, la idea de Europa se asocia con Italia, más que con Francia o cualquier otro país. Con la vista puesta en el norte, se dan cuenta de que se pierden muchas cosas en la vida al quedarse en su ciudad. "En Túnez existe Hammamet, los centros turísticos, el entretenimiento en verano. Incluso en Túnez la gente vive bien, pero no en Sidi Bouzid", explica Ayed. Los chicos se van como los estudiantes europeos se irían de Erasmus. A la "fuga de cerebros", aquí le llaman el deseo de alzar el vuelo. Por aquí, en la zona central, y también en la zona minera de Redeyef, falta el trabajo, pero también una falta de ocio. "Algunos amigos míos lograron entrar ilegalmente en Italia. Después de unos años volvieron a Túnez porque se dieron cuenta de que no era lo que esperaban", dice Ayed. "Dos de ellos fueron expulsados, mientras que los otros volvieron por su cuenta. Habían llegado a Bolzano, junto a la frontera con Austria. Otros que se quedaron viven en Verona."

¿Y tú, por qué no te vas? "Porque tengo un trabajo y estoy bien aquí." A Ayed no le atrae viajar y sabe que no puede ganar dinero en Europa. Es un tipo con los pies en el suelo y sin demasiados pájaros en la cabeza. Pero a muchos chicos de su edad sí les gusta viajar. Quieren ver. Se sienten como si llevaran una correa. Ahora que están disfrutando de su libertad, quieren usarla. Si no, ¿qué sentido tiene?

Quien se queda coopera para el desarrollo

Luego están los que tratan de poner todo su potencial en su Túnez natal. Marwa y Hicham han fundado una organización sin ánimo de lucro que lleva a cabo proyectos de economía social. Se llama CitESS - Apoyo a la economía social y solidaria. ¿Sus objetivos? Formar a personas (especialmente a mujeres en la agricultura), animar a la comunidad, acompañar a jóvenes empresarios sociales y cooperar. Y están teniendo éxito.

Nos llevan a visitar uno de los proyectos ya en marcha, en cooperación con Cospe, una ONG italiana. La beneficiaria es Leila Horchani, una chica de 30 años que estudió en la universidad de Monastir, en la costa, y está llevando a cabo su propio proyecto empresarial aquí. Leila quería un futuro diferente al de su madre: fuimos a visitarla en su casa, a las afueras de Sidi Bouzid, donde vive con sus padres, ambos agricultores.

La madre de Leila limpia el cuscús
La madre de Leila limpia el cous-cous © Ilaria De Bonis

Su madre está en casa: sentada en el suelo, en el patio y limpia el cuscús. Mientras tanto, Leila ilustra su proyecto de agricultura orgánica: "Todavía no pienso en el matrimonio", confiesa. Por ahora, lo que le interesa es aprender cómo regar su campo con poca agua y fomentar el reciclaje de los recursos. Por sus magníficos higos chumbos, de color rojo púrpura, que recoge y transforma en mermeladas orgánicas, ha ganado incluso un premio. Proyectos como este dan confianza a las generaciones más jóvenes. Como si dijera: puedes trabajar y vivir de tu trabajo, aunque los números sigan siendo bajos. Mientras tanto, aprietan los dientes, y los que no pueden resistir se suben al barco y cruzan el mar. Sin pensar en la muerte, pero persiguiendo la vida.


Este artículo se publica como parte de una colaboración editorial con la revista QCodeMag. El artículo fue escrito por Ilaria De Bonis y publicado originalmente en QCodeMag el 17 de diciembre 2019.

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Translated from Cosa rimane della Primavera araba? Ritorno a Sidi Bouzid, in Tunisia