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Obama en primera persona: Remaking America

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En América, la palabra remake tiene dos significados. Estrictamente, se refiere al mero hecho de reconstruir o rehacer algo. Aunque también se refiere a una nueva versión de una película ya existente. La historia esencial no cambia, aunque los protagonistas son distintos. Ayer en el Capitolio, Obama escribió el perfecto guión para un nuevo país

Por Estefanía Martínez...

Los medios de comunicación decían que éramos más de dos millones y medio de personas en el Mall (la gran explanada frente al Capitolio donde se levanta el obelisco). Muchas llevaban desde el día anterior allí, mejor o peor equipados, pero todos aguantamos el mismo frío. Y es que de eso también hacía mucho. Y para una malagueña, más.

 ©Estefanía Martínez

Aunque llegamos a las cuatro y media, el Mall no abrió hasta las siete, pero la cola que había allí ya era tan tremenda que lo más cerca que conseguimos situarnos fue en la segunda pantalla, justo al Lincoln Memorial, donde se alza la gran estatua del presidente.

Si algo puedo decir que fue realmente bueno, fue el recibimiento al Mall. Los miles de voluntarios distribuidos a lo largo de la explanada iban saludando y repartiendo banderitas de los EE UU a todos los que iban llegando: “¡Bienvenido! ¡Choca esos cinco!” La gente bailaba con la reposición de las actuaciones del día anterior de Bon Jovi, Bruce Springsteen y Shakira, entre otros. La gente bailaba y cantaba y, aunque de vez en cuando se escuchaban quejas de dolor porque no nos llegábamos a sentir los dedos de los pies del frío, aquello continuaba siendo una fiesta en la que los famosos como Beyoncé, Oprah Wimphrey, Dustin Hoffman o John Cusack saludaban a la audiencia a través de las cámaras.

"Al entrar Bush algunos lo abuchearon, otros decían: 'Señoras y señores, el peor presidente de los EE UU'"

Los siguientes en aparecer fueron los miembros del comité, que fueron llegando a partir de las diez de la mañana, con el agitamiento de banderita y el “woo!” pertinente cada vez que uno de ellos aparecía en el estrado. Sin embargo, cuando le tocó el turno a Bush, ni se agitaron banderas, ni sonó “woo!”. Unos abuchearon, otros decían “Señoras y señores: El peor presidente de los EE UU” y otros se limitaban a bailar diciéndole adiós.

©Estefanía MartínezPoco después salió Obama. Y se notó. Vaya si se notó. La gente enfureció, saltaba y agitaba la bandera enloquecida gritando su nombre. Aquello era lo más parecido a una afición deportiva que he visto, y se me hacía aún más extraño si cabe que todos esos vítores fueran para un líder político. La locura se rompió únicamente unos segundos cuando Aretha Franklin subió al podio para cantar el himno nacional.

El silencio fue sepulcral durante el juramento y el discurso, donde a veces solo se escuchó un: “Yeah, man”, como si las palabras del nuevo presidente establecieran un acuerdo entre el Presidente y la audiencia y las nuevas responsabilidades que el país debía emprender. Algunos lloraban, otros sonreían, pero todos tenían esa misma mirada de esperanza compartida.

Un discurso centrado en la renovación de la imagen americana sin renunciar a las raíces como el primero que dio en Chicago, aunque mucho más centrado en temas de actuación política y afianzar lazos con otros países. Obama habla con tranquilidad y claridad, diciéndole al pueblo americano que tiene que volver a enseñarle al mundo que son la tierra de los hombres libres y las oportunidades. A mí casi se me cae una lágrima entonces, pero no sé si es por el momento tan dramático, propio de una película americana, o porque realmente me siento también orgullosa como residente en este país, de que nos lidere alguien como Obama.

"Obama quiere volver a enseñarle al mundo que son la tierra de los hombres libres y las oportunidades"

Y es que si los americanos nos dan envidia de alguna manera, es por sus películas. Alimentan nuestros sueños, nuestras esperanzas y nuestras ilusiones. Por eso los remakes son un arma de doble filo. Había un estudio que apuntaba que las películas de Hollywood crean frustración en la audiencia porque generan expectativas que las personas no se encuentran en la vida real.

El problema con Obama es que desde que empezó su carrera en Illinois se la compara con la de Lincoln, que abolió la esclavitud y superó la crisis de la Guerra Civil. Se espera que la historia que él escriba tiene que ser mejor si cabe, las expectativas que se crean sobre tí pueden destruirte nada más empezar. Obama también debe superar la crisis y unir de nuevo a los americanos tras la Guerra, en este caso en otro frente que no es el propio país.

Obama, demasiado bueno para ser verdad

©Estefanía MartínezA muchos americanos les empieza a pasar, que cuando todo el guión es demasiado bueno, parece que el final no puede ser feliz: “Obama es demasiado bueno para ser verdad”, suelen decir. Parece que ha caído del cielo y que es un salvador bíblico, y más aún en una tierra tan puritana como esta. Los americanos creen que hoy todo va a ser mejor porque Obama está ya en la Casablanca. Pero las cosas no cambian ni de un día para otro, ni las cambia una sola persona. Es trabajo de todos los americanos levantar el país.

Obama lo dejó este punto bien claro. Porque remake puede significar una historia que se repite y que es muy similar a la anterior, pero remake es, sobre todo, reconstruir. Y Obama ya ha empezado con lo más duro, reforzar los cimientos de toda una nación, hacerles creer que se puede. Para que la casa no se vuelva a venir abajo.

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