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"Muerto o vivo": El infierno de un militante LGBT en Hungría

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Sociedad

La semana de las "marchas del orgullo" LGBTQ terminó en Budapest con un Día Internacional del Orgullo Gay histórico: 20.000 militantes y simpatizantes de la causa se reunieron para desfilar por las calles de la capital húngara. Aunque para la mayoría de los participantes las consecuencias de este compromiso son mínimas o inexistentes, desgraciadamente no ocurre lo mismo en todos los casos.

El pasado sábado 11 de julio, la vigésima celebración del Día Internacional del Orgullo Gay (Gay Pride) de Budapest se desarrolló sin mayores contratiempos, pero rodeado de un severo cordón policial. Los simpatizantes de la causa LGBTQ no podían, por tanto, ni unirse al desfile a lo largo del recorrido ni tampoco abandonarlo antes de una determinada hora. Cualquiera que llegó tarde al lugar de la salida de la manifestación se encontró en el asfalto frente a la zona habilitada herméticamente cerrada. Los manifestantes que llegaron a la hora tuvieron que hacer frente a un cacheo-registro digno de un aeropuerto, para verificar que no llevaban encima ni alcohol ni gases lacrimógenos u otra sustancia potencialmente peligrosa. 

Tal dispositivo ofende y hace preguntarse cuáles son las intenciones del gobierno del primer ministro Viktor Orban, no especialmente conocido por ser partidario del aumento de los derechos de las minorías. Es difícil decir si su mayor deseo era proteger a la multitud de potenciales ataques o impedir a los militantes dispersarse por la ciudad. Cualquiera que sea la respuesta, hay que recococer la necesidad de tal organización para garantizar la seguridad de los manifestantes, que de otro modo estarían a merced de los simpatizantes de extrema derecha, ansiosos de venganza y situados al otro lado del cordón policial.

"Los chupapollas con corazón nacionalista"

Andrea Giuliano es un activista LGBTQ italiano, reside en Hungría desde hace 8 años y habla húngaro a la perfección, y puede atestiguar la necesidad de este cordón de manera dolorosa. Participante activo en la Gay Pride desde hace 5 años y militante convencido, guarda un recuerdo particularmente doloroso de la de 2014 en la que, disfrazado de sacerdote, eligió blandir una banderola que parodiaba el logo de una asociación de moteros de extrema derecha, los Nemzeti Érzelmű Motorosok, "Moteros con corazón nacionalista". En el contexto de la Gran Hungría (la Hungría de antes de la repartición del Tratado de Trianon en 1920, fuerte símbolo nacionalista) llevaban, en lugar del pequeño motorista estilizado, un pene en erección con la frase "los chupapollas con corazón nacionalista". La intención de Andrea, tal como él mismo explicó, no era burlarse de esa asociación en particular sino "del conjunto de la extrema derecha como santurrones que llenan las capillas". 

No hizo falta más para que la imagen llamara la atención de dos medios de comunicación húngaros, Deres TV y Kuruc Info, nacionalistas ambos y ultraderechista además en el caso del segundo. Los editores de Kuruc Info alojan su sitio Web en Estados Unidosy aprovechan la Primera Enmienda de la Constitución estadounidense para difundir sus mensajes de odio dirigidos hacia romanís, judíos o miembros del colectivo LGBTQ. 

Un día, Andrea descubrió que unos desconocidos que estaban debajo de su casa le seguían por la calle. Más tarde, apareció un artículo en Deres TV en el que se publicaban todas las informaciones disponibles en Internet sobre él: su nombre, nacionalidad, su perfil de Facebook… así como su dirección y fotos de su calle y de su lugar de trabajo. Los motoristas fueron puestos así al corriente del cambio de su logo y los acontecimientos se sucedieron. Dos días más tarde, se puso precio a la cabeza del militante en la página de Facebook de la asociación. La entrada se mantuvo en la red social una semana, tiempo suficiente para iniciarse un acoso de enorme importancia. 

De la metamorfosis al apoyo de Beppe Grillo

Empezaron así las intimidaciones y las amenazas dentro y fuera de la red. Andrea tuvo que mudarse urgentemente, el primero de una larga serie de cambios de residencia. El acoso llegó a la recepción de su trabajo, lo que provocó que su jefe le despidiera. Acabó abandonando la empresa en marzo del 2015, cuando comenzó la campaña mediática en torno a su caso. Fue precisamente junto al edificio en el que trabajaba donde se encontró  con Gyula Zagyva, un antiguo diputado expulsado del Jobbik (Movimiento por una Hungría Mejor), un partido de extrema derecha húngaro, que venía "a ver al desviado", a grabarlo y colgar el vídeo del "encuentro" en YouTube. Ahora tiene que afeitarse la barba, cambiar de estilo de vestir y quitarse los piercings para intentar pasar desapercibido. Recibe a diario decenas de mensajes llenos de odio amenazándolo, entre otras cosas, de muerte, castración y violación, que reflejan "mucha imaginación a nivel de fantasmas homoeróticos", revela la víctima con un punto de ironía.

Frente a esta plaga, la Unión Húngara por las Libertades Civiles (TASZ) decidió reaccionar y brindar asistencia jurídica a Andrea para tratar de atajar el fenómeno. La policía del distrito 6 de Budapest se hizo cargo del caso e interpuso una denuncia formal, denuncia que no prosperará en absoluto, hasta el punto de que tuvieron que volver a ponerla y contar los hechos de nuevo. Lo que al principio se consideró como una negligencia por parte de las fuerzas del orden, se conviertió en desinterés total cuando Andrea escuchó a uno de los compañeros del policía que le tomaba declaración tratarle de "maricón" al pasar cerca de él. La investigación se cerró de oficio un poco más tarde.

Dalma Dojcsák, miembro de TASZ, señala que esta reacción "es desgraciadamente sintomática de la manera en que las autoridades consideran a las minorías en Hungría y de la atención que les conceden". Con la ayuda de TASZ, Andrea decidió después luchar contra ese pasotismo informando de ello al Procurador General, que tomó la decisión de tratar este caso seriamente y obligó a la comisaría a reabrir el expediente. 

Desde el inicio del acoso, el residente italiano ha tratado de alertar a la opinión pública. La máquina mediática se desbocó realmente en el momento en que el sitio web anglófono de la cadena catarí Al Jazeera contó sus desventuras. Aunque donde más eco encontró su caso fue en Italia: el periódico La Stampa lo dio a conocer y se indignó con su situación. Su historia se difundió y recibió el apoyo oficial del Partido Democrático y del Movimiento de las Cinco Estrellas: el partido de Beppe Grillo. El asunto llegó incluso al Parlamento Europeo, donde su caso se mencionó dos veces durante los debates sobre la situación política húngara. Los mensajes directos de apoyo llegaron desde toda Europa

"Estoy muy emocionado por todo el apoyo recibido tras la mediatización de mi caso, me ha ayudado mucho. Pero ha sido, sobre todo, gracias a mis amigos que he logrado superar esto, gracias a su apoyo moral y logístico. Sin ellos no sé lo que habría hecho…", dice suspirando. Desde el inicio del asunto, ha cambiado de domicilio 3 veces, sin contar los innumerables albergues temporales.

"Demasiada confusión en esta historia"

Porque la verdad es que en esta historia, sus aliados naturales estuvieron ausentes. Los partidos de izquierda húngaros permanecieron, hasta que se demuestre lo contrario, totalmente mudos sobre el tema. Pero Dalma Dojcsák precisa que con el clima político de estos últimos años, poco favorable a la apertura, dar prueba de empatía hacia la causa LGBTQ no es muy popular para un hombre dedicado a la política. En 2015, la proximidad de la Gay Pride ha dado luz verde al discurso homófobo entre algunos políticos, especialmente entre los diputados del Fidesz (el partido conservador) o del Jobbik.

Para Andrea, paradójicamente, lo más duro de digerir fue la reacción de la comunidad LGBT húngara. Algunos compañeros lo acusaron de haber destruido veinte años de esfuerzo en dos horas de manifestación, los que por encima de todo no quieren pasar por ser una minoría provocadora. "Si sólo con un disfraz he borrado realmente todas sus victorias de estos últimos veinte años, entonces es que o yo soy muy fuerte o ellos son realmente malos… y niguna de esas posibilidades es satisfactoria", asesta con amargura. "Según ellos me equivoqué al insultar a la religión y la política, ellos quieren conseguir sus derechos sin molestar a nadie y, sobre todo, sin molestar a la institución católica que, ya se sabe, nos tiene en gran estima… Finalmente, piensan lo mismo que los extremistas que me persiguen: confunden las preferencias sexuales y la ley, no comprenden que la parodia es un derecho inalienable mientras no se cometa ningún delito. Me burlé del logo de una asociación, no de un símbolo de la nación. Hay demasiada confusión en esta historia".

Dalma Dojcsák añade: "Nunca había trabajado en casos como este. He sentido realmente en mis carnes lo que es encontrarse frente a alguien que te odia e intentará por todos los medios hacerte daño". Atestigua el coraje y la increíble tenacidad de Andrea que, a pesar de todo, continúa siendo militante y no piensa parar de provocar. Prueba de ello es su participación en la Gay Pride 2015, disfrazado de nuevo para burlarse de algunos acontecimientos destacables de la política húngara como la consulta nacional sobre la salida de los inmigrantes o la corrupción de los políticos. 

De ese día, ninguno de los protagonistas de la historia dio noticia alguna: ni la asociación ni la policía, normalmente recopilando pruebas sobre los autores del acoso. TASZ, por su parte, se puso en contacto con una organización de la ONU que, potencialmente, podría interpelar al gobierno húngaro sobre el futuro que les espera a los que luchan por la defensa de los derechos humanos fundamentales dentro de sus fronteras. Andrea Giuliano, acosado desde hace un año, recibió una paliza la noche del 19 de julio por razones que todavía están por dilucidar.

Translated from « Mort ou vif » : l’enfer d’un militant LGBT en Hongrie