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Movimiento "Tiny Houses": ¿menos es más?

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Default profile picture Natalia Rodríguez

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Vivir en casas prefabricadas móviles de 15 metros cuadrados, a veces construidas por ellos mismos, a algunos kilómetros de las grandes ciudades, les hace muy felices. Los miembros del movimiento "Tiny Houses" (minicasas) van ganando terreno poco a poco en Europa. Aunque esto signifique replantearse la vivienda del futuro y proponer un verdadero proyecto alternativo de sociedad. Reportaje.

18 metros cuadrados. Esa es la superficie de la casa de Sophie di Domizio, treintañera instalada en Eaubonne, en la región parisina. Es pequeña. Pero una vez en el interior, no faltan las comodidades. Salón con cocina completa, inodoros secos, cuarto de baño y dormitorio en un altillo: aquí, la optimización máxima del espacio permite a la joven propietaria disfrutar de todo el mobiliario de una vivienda tradicional. Y Sophie sabe bien lo que es eso: ha trabajado como ingeniera en la construcción durante siete años. Grandes estructuras, grandes casas, grandes cimientos… Paradójicamente fue el proyecto de construcción de una gran vivienda lo que le hizo pensar en los espacios pequeños. "Al principio, quería construir una casa gigantesca en un terreno. Pero he reflexionado, y 250 metros cuadrados para mí sola… ¿Qué voy a hacer con ellos?". Cuando encontró por casualidad un reportaje dedicado a las minicasas esta joven no perdió el tiempo. Esa misma noche, los planos de su pequeña casa de madera estaban dibujados y, dos semanas más tarde, había comenzado la obra.

"Pensar en pequeño"

A Sophie aún le quedan un "par de cosas que rematar", pero todo está ya ahí, en un remolque en su parcela de la urbanización. Su minicasa incluso tiene nombre, Rosalie en homenaje a una canción. Sophie se lo ha puesto porque la ha construido ella misma. Reutilizando cosas de otras obras, la antigua ingeniera ha levantado su casa de forma totalmente autónoma. Resultado: puede disfrutar de un espacio adecuado para ella por un coste de fabricación estimado de 11.000 euros.

Es difícil saber el número exacto de personas que habrán cogido los clavos y el martillo después de que la cadena francesa TF1 emitiera un popular reportaje sobre este movimiento. En cualquier caso, la comunidad francesa de la cuenta ya con cientos de miles de miembros, todos ellos seducidos por los valores ecológicos y de autonomía que transmite. En 2018, ya no es raro ver tutoriales en YouTube sobre "Cómo construir tu propia mincasa". Está claro que lo pequeño se está volviendo sexy. Y, sin embargo, el concepto tiene ya más de 20 años. En 1998 la inglesa Sarah Susanka lanza el movimiento "Tiny" dedicándole un libro. Al principio de los años 2000 en Estados Unidos, Jay Shafer y Gregory Johnson popularizan el concepto de minicasas con ruedas fundando la Small House Society. En 2005, después del huracán Katrina y la destrucción de más de 200.000 hogares, el movimiento encuentra una verdadera utilidad. Por último, el estallido de la crisis financiera en 2008 acabará de darle legitimidad práctica y también moral.

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El confortable interior de la microcasa de Sophie Di Domizio

Frente a la crisis de la vivienda y a la congestión de las grandes ciudades, refugiarse en pequeños espacios móviles se habría convertido en una elección acertada. Aunque en Francia el movimiento aún está en pañales, cuenta ya con millones de seguidores en todo el mundo. Sobre todo cuando el Movimiento Minicasas se ha subido rápidamente al carro de la ecología. Gente como Veronica Padilla, fundadora del Tiny Movement o Andrew Morisson, constructor con 200000 visualizaciones en YouTube, repiten sin cesar que, de entrada, vivir en espacios pequeños es hacerle un favor al planeta. El mensaje cala. Desde el pasado 5 de mayo, la Tierra ha alcanzado su famoso Día del Exceso de la Tierra que marca el momento en el que hemos consumido más recursos de los que el planeta es capaz de producir en un año. Es decir, si todo el mundo viviera como un europeo nos harían falta dos planetas más para cubrir nuestras necesidades. "Consumir inteligentemente" y "pensar antes de comprar" son pues los dos mantras evidentes para la mayoría de la gente de ahora en adelante.

"Aunque digan que una minicasa no es más que 18 metros cuadrados, ¿cuánta gente vive en París en 18 metros y no tiene esta calidad de vida?"

"Uno tiene que salir de su zona de confort". Así es como Sophie L. se ha decidido a vivir en 18 metros cuadrados levantados sobre un remolque. Esta treintañera todavía está esperando a recibir su minicasa, que ha encargado a una empresa especializada. Cuando quedamos, me cita en una crepería a las afueras de París. Mientras comemos, señala enseguida algo negativo: "El plato es de plástico; habría sido más ecológico poner platos de verdad". Desde que se está preparando para vivir en su minicasaa, Sophie L. se preocupa por el más mínimo detalle que no sirva a la causa ecologista. También acaba de tirar su gran frigorífico para comprar uno mini. "He empezado a pensar en pequeño", resume. Reutilizar los posos del café para abonar sus plantas, regarlas con el agua de cocer la pasta en lugar de tirarla, conservar sus alimentos en barro, utilizar vinagre blanco para fregar… Según Sophie L., vivir en un miniespacio nos haría ser más conscientes de gestos que podemos realizar a favor del medio ambiente. Y esto influye en los demás: "Ahora mis amigos y mis padres prestan más atención a algunas cosas, pero uno no puede siempre abrir los ojos por sí mismo".

Vivir con menos para vivir mejor

Tampoco Sophie L. se ha levantado un buen día diciendo que iba a vivir su vida en una minicasa. "La verdad, he estado a punto de abandonar muchas veces, me confiesa. Pero siempre vuelvo". Para esta empleada de una mediateca, todo ha partido de una experiencia en el extranjero: "Cuando estuve en África, vivía con casi nada, solamente algunas cosas en una tienda, y la verdad es que era muy feliz. Cuando volví a casa, me pareció que había demasiadas cosas, así que empecé a hacer limpieza. Una amiga me pasó información sobre las minicasas y ya no hubo ninguna duda". Entonces lo tuvo claro: "Nuestras casas están llenas de cosas que no utilizamos y de las que podríamos separarnos, pero la sociedad de consumo nos empuja a comprarlas una y otra vez. Lleva tiempo darse cuenta de todo esto, pero en realidad es solo un modo de vida diferente, en el que se hace el esfuerzo de comprar menos". Muy orgullosa de su elección, cree que no tiene nada que envidiar a otros: "Aunque digan que vivo en pequeño, en apenas 18 metros cuadrados, ¿cuánta gente vive en París en el mismo espacio y no tiene esta calidad de vida?".

Más allá de estrictas consideraciones ecológicas, vivir en una minicasa se inscribiría también en el marco de una filosofía de vida muy meditada. Una doctrina notablemente popularizada en Francia por el agricultor, ensayista y poeta francés Pierre Rabhi, en su libro titulado Hacia la sobriedad feliz, basado en un principio: vivamos con menos para vivir mejor. Sophie habla de ello como si quisiera convertirnos a una nueva religión: "En nuestro modo de consumir demasiado, hay algo que no funciona comparado con generaciones pasadas. Antes se tenía más sentido común, mientras que ahora, si una cosa se rompe, se compra otra. De repente ya no somos listos, ya no sabemos hacer nada, hemos perdido habilidades, capacidades, autonomía". Sin embargo, esta inteligente joven tiene claro el impacto de su iniciativa, que sigue siendo marginal: "Un pequeño gesto de una persona está bien, pero no va a cambiar la faz de la tierra porque quienes más consumen son las industrias, y ahí no tenemos el control. Sé que la mayor parte de la gente va a continuar viviendo a su manera y que mi gesto no tendrá un gran impacto, pero simplemente a mí me sienta bien vivir así. Cuando empiezas, ya no puedes parar".

Frente a las múltiples cuestiones del momento relativas al medio ambiente, la vivienda o el empleo, vivir en una minicasa se percibe como un modo de responder a un giro global de la sociedad. Para Sophie L., encargar una minicasa ha sido la opción más simple para responder a todas sus exigencias: "Esto es exactamente lo que yo buscaba; estaba harta de pagar un alquiler y quería ser propietaria rápidamente, sin tener que pagar un crédito durante 25 años. El problema cuando me vaya será sobre todo encontrar un trabajo. Y como no sé todavía qué haré, la ventaja es que puedo mover mi casa sin problema si el lugar que he elegido ya no me gusta".

"No estamos preparados"

Paula, que no vive en una minicasa pero ha encargado una para alquilarla a los curiosos para un fin de semana, afirma lo mismo: "Cada vez nos movemos más, buscamos trabajo más lejos. El mundo del trabajo es más complicado que antes, se ve claramente que cada vez somos menos sedentarios". Para Sophie L., dejar la región parisina y tener la posibilidad de ser nómada era el paso obligatorio para poder vivir plenamente su proyecto: "Dejar de ser estático y tener una casa que puedo desplazar me da la impresión de poder comenzar otra etapa de mi vida. Es horrible pensar que como tu vida es confortable puedes quedarte como estás. Tienes que salir de tu zona de confort y descubrir otras cosas".

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El mundo pertenece a los _tinystas_

Para Paula, vivir en un espacio tan reducido significa cambiar de vida sin arriesgar demasiado. Estas pequeñas casas responden a una necesidad de libertad, pero sobre todo a una necesidad de estar tranquila: "A pesar de todo, saber que puedes llevar tu casa a cualquier sitio también es seguridad. Porque al menos mantenemos el confort, somos nómadas pero no volvemos a un modo de vida hippy, porque tenemos la seguridad de tener nuestras cosas vayamos donde vayamos. Resumiendo, es saber coger las cosas buenas de la sociedad y dejar las otras".

Como las minicasas parecen ser la solución a todos los males de este siglo, sería fácil decir que podrían generalizarse y utilizarlas como modelo de vivienda para todos. En Francia, algunas asociaciones no han tardado en explotar el potencial de estos pequeños espacios. Y especialmente las que ayudan a los sin techo o a los migrantes, como intentan hacerlo el proyecto In My Backyard de la asociación Quatorze, y el proyecto del Dôme para solicitantes de asilo de La Manufacturette. Las dos organizaciones han encontrado en las minicasas un modo de reflexionar sobre vivir juntos en Europa y un medio de conciliar las exigencias medioambientales con los retos de solidaridad. Pero de ahí a generalizarlo… Paciencia, porque aún queda un trecho que recorrer en remolque. Los miembros del "Tiny Movement", importado de los países anglosajones, representan menos del 1 % de la población de cada país de Europa. Tanto en Alemania como en España las minicasas son objeto de una inocente curiosidad, nada más. Incluso en el Reino Unido, donde ha nacido el concepto, jamás han dado lugar a un verdadero debate social.

"Ya cuesta que la gente separe los residuos, así que imagínate estar de acuerdo en esto…"

En Francia, lamentablemente, la iniciativa carece también de marco legal. Lo que puede costar muy caro a quienes deciden instalar su minicasa libremente. "Para los ayuntamientos el problema viene por ser móvil", explica Paula. No conocen bien el concepto y hay un vacío jurídico sobre el tema porque no saben si hay que considerarlo como una caravana, u otra cosa". Aunque, para las dos Sophies, la sociedad está lejos de estar dispuesta a sacrificar su confort por el planeta: "Todos los que hoy viven viviendas insalubres, seguro que darían el paso de tener una minicasa si se les ayudara. Pero gente como los ejecutivos, que tienen una vida muy cómoda, no tienen ninguna razón para hacerlo", dice una de ellas. "El concepto de cero residuos y no tener un cubo de basura extraña a la gente. En cuanto te sales de la norma, es algo raro, y ya cuesta que la gente separe sus residuos, así que para que todo el mundo esté de acuerdo para hacer este gesto", critica la otra.

Al final, las minicasas siguen siendo un hábitat marginal e insólito que la gente prueba de buena gana para un fin de semana, como sucede con la casa de Paula: "La gente viene más bien para conocerlo, porque es algo insólito. Para poder ver cómo son y cómo vivir en ellas. Cuando se van están encantados, pero aún nadie me ha dicho que vaya a lanzarse". Y termina, como una puerta que se cierra: "Aún no están preparados".


Imagen de portada : (cc) Tammy/wikicommons

Translated from Tiny Houses : vivre petit, penser grand

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