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Las feministas temen que aumente la violencia machista en el Reino Unido tras el Brexit

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Boris Johnson reafirmó su liderazgo como primer ministro en las elecciones del pasado diciembre, descartando casi por completo cualquier posibilidad de retraso de la salida del Reino Unido de la UE. Un segundo referéndum era la esperanza de muchas asociaciones de mujeres que, a falta de fondos europeos, temen un recrudecimiento de la violencia machista en los próximos años.

En un pub de Londres, decenas de jóvenes laboristas esperan impacientes los primeros resultados de las elecciones mientras apuran sus pintas. Pero, cuando se publican los sondeos a pie de urna, un rugido de decepción inunda el local. La victoria de Boris Johnson parece contundente: el Brexit va a convertirse en realidad. Sally, una chica de 19 años, coge el móvil para llamar a casa: "Mi madre trabaja en el Servicio Nacional de Sanidad (NHS) desde hace 25 años. Habrá más recortes y todo apunta a una privatización del servicio. Estamos preocupados". Dada su edad, Sally no pudo votar en el referéndum del 2016. Esta elección era su única oportunidad para expresarse: "Como mujer, estoy asustada porque veo que los valores de nuestra sociedad se están degradando", afirma. Luego concluye: "Pienso que las consecuencias van a ser muy duras para todos".

Un Brexit nocivo para las mujeres

Al margen del sistema sanitario, los militantes y los analistas temen que la salida del Reino Unido de la Unión Europea —y, por tanto del marco de protección de derechos que garantiza el sistema comunitario— afecte sobre todo a las mujeres. "Nuestro sistema está basado en el Common Law y las normas europeas tienen una influencia significativa en nuestra ordenamiento", observa Roberta Guerrina, profesora de la Universidad de Surrey. Los británicos no tienen constitución escrita y su sistema judicial se basa en gran parte en la jurisprudencia de sentencias anteriores, con lo que su independización respecto al Tribunal Europeo de Justicia puede crear más lagunas de lo que lo haría en otros países europeos. Del 2017 al 2019, Guerrina fue titular de una cátedra Jean Monnet sobre Políticas de Género y Unión Europea. Gracias al apoyo del programa, pudo establecer una red de investigadores que estudian políticas públicas de género.

Londres. Militantes laboristas en espera de los resultados electorales del 12 de diciembre de 2019.  (cc) Filippo Poltronieri
Londres. Militantes laboristas en espera de los resultados electorales del 12 de diciembre de 2019. © Filippo Poltronieri

Hace años, durante un debate sobre el Brexit en uno de los canales de radio de la BBC, el presentador justificó la ausencia de mujeres en el programa argumentando que no había ninguna experta competente en ese ámbito. Al escuchar esto, Guerrina se puso en contacto con algunas compañeras y envió una carta a la BBC con una larga lista de nombres. Su trabajo de investigación le ha valido numerosas amenazas en los últimos años, tanto en foros públicos de internet como a través de correos electrónicos: "El discurso del Brexit se ha basado siempre en valores masculinos, se ha dirigido a un público de hombres y ha ellos han sido quienes lo han llevado adelante. Es lamentable que las consecuencias perjudiquen sobre todo a las mujeres, que ya han sufrido años de austeridad y recortes en las políticas activas del Estado de bienestar: comenzaron con la educación, luego siguieron con los servicios de maternidad y llegaron hasta la salud". Por último, explica: "La campaña del Brexit no abordó en absoluto las consecuencias que sufrirán los derechos de los ciudadanos y, en particular, los de las mujeres".

¿Adiós a la tutela europea?

"El Brexit tendrá un gran impacto en el plano jurídico". Son las palabras de Aisha K. Gill, profesora de Criminología de la Universidad de Roehampton y experta en estudios de género. "Las leyes británicas en defensa de las mujeres, como el Equal Pay Act de 1970, el Pay Discrimination Act de 1975 y el Equality Act de 2010 (medidas para acabar con las desigualdades de género en el ámbito económico) han sido implementadas gracias a directivas europeas". El Women's Budget Group (WBG), un observatorio británico de políticas de género, señala que, con Brexit, la composición del tejido económico británico sufrirá cambios radicales, que afectarán sobre todo a sectores con alto nivel de empleo femenino.

Si bien el sector manufacturero —con mayor presencia masculina— será uno de los más impactados, muchas de las actividades económicas que podrían pasarlo peor tienen una tasa de ocupación femenina alta, como son los sectores textil, sanitario y de servicios sociales. Algunos estudios indican además que un Brexit duro (sin acuerdo) tendría grandes consecuencias en el salario medio de las mujeres respecto al de los hombres, mientras que una salida ordenada sería un poco más igualitaria. También por este motivo, el WBG ha manifestado una gran preocupación con relación a la ley de retirada que sanciona la salida definitiva del Reino Unido de la UE y que, a la vez, compromete al país a adoptar como norma de derecho interno parte de la actual legislación europea. ¿Cuál es el problema?

Dada la exigencia de designar un marco legislativo homogéneo tras la salida de la UE, el acuerdo prevé la concesión de amplios poderes a los ministros, que estarán encargados de modificar y derogar partes de la legislación primaria, incluida la propia ley de retirada. Estos poderes —continúa la denuncia del WBG— van a permitir que los funcionarios del gobierno realicen cambios sustanciales incluso en las leyes de empleo e igualdad de 2006 y 2010.

Las asociaciones feministas británicas temen que la salida de la UE afecte a derechos conquistados tras décadas de lucha, como el permiso de paternidad, el trato equitativo y la paridad salarial. Además, Amnistía Internacional ha mostrado preocupación porque la Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea no se integrará en la legislación del país. Esto implicaría que ya no se podrá apelar a los tribunales basándose en las leyes europeas.

Menos dinero, más consecuencias

Pero los problemas no se limitan a cuestiones jurídicas. Como en otros países, a lo largo de los años las asociaciones británicas han recibido una importante financiación de parte de Bruselas. Un dinero destinado, por ejemplo, a combatir la violencia contra las mujeres y a promover la igualdad de género y que ha servido, en parte, para contrarrestar los recortes constantes que las medidas de austeridad impusieron en las subvenciones nacionales durante los últimos diez años. Desde el 2010, los centros antiviolencia han perdido hasta 7 millones de euros de fondos públicos. Uno de cada seis centros ha echado el cierre.

Los últimos gobiernos conservadores han recortado hasta en un 50% la ayuda a organizaciones que prestan servicios a las mujeres, mientras que las solicitudes de asistencia aumentaron un 85%. Las consecuencias saltan a la vista. En Londres, entre el 2011 y el 2018, las denuncias por violencia doméstica aumentaron un 63%: se pasó de casi 48.000 casos registrados a más de 78.000. Pero el problema no se limita a la capital. El número de feminicidios registrados por la policía de Inglaterra y Gales hablan por sí solos: 173 mujeres asesinadas en contextos de violencia doméstica en 2018, 32 más que el año anterior. Eso a pesar de que el Reino Unido es el segundo país, después de Italia, que más fondos recibe de la Daphne Initiative, el programa de la UE que ha aportado decenas de millones de euros para luchar contra la violencia doméstica, desde su creación en 1997.

"Los efectos de los recortes son reales", explica Margaret Skelly, administradora del proyecto Domestic Violence Intervention (Acción contra la Violencia Doméstica), una organización londinense que proporciona asistencia a menores y mujeres desde hace 25 años. "Nuestro trabajo se centra en las víctimas de abusos, pero también hemos desarrollado proyectos centrados en los agresores. Hemos trabajado sobre todo con personas de origen árabe. Involucrar a quienes cometen estos delitos es importante porque significa que no solo actuamos sobre las consecuencias sino también sobre las causas. Es una lástima que hayamos tenido que recortar estos proyectos en los últimos años", lamenta Skelly.

Apenas dos días antes de las elecciones del pasado 12 de diciembre, el colectivo Sisters Uncut (Hermanas sin recortes) bloqueó durante casi una hora el puente de Waterloo, en pleno centro de Londres. Para hacerlo usaron sofás como símbolo de que, en el 44 % de los casos de violencia doméstica, las mujeres no tienen adónde ir cuando deciden dejar su propio hogar. Este grupo lleva años denunciando las consecuencias mortales de los recortes que sufren las asociaciones. En un artículo publicado en The Guardian difundieron el siguiente mensaje: "No creemos en los partidos políticos, pero en este momento la elección es simple: más muertes o menos muertes". Dados los resultados de las elecciones, su llamada de auxilio parece haber caído en oídos sordos. Al votar por Boris Johnson, la mayoría de los ciudadanos del Reino Unido optaron por la continuidad conservadora. Al margen del Brexit.


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Translated from Effetto Boris Johnson: nel Regno Unito, la Brexit colpirà soprattutto le donne