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La Serbia adicta al carbón se aleja de la UE (y China ya está al acecho)

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La mala calidad del aire de Serbia, un país que depende del carbón para su supervivencia, es una de las principales piedras en el camino para la entrada del país en la Unión Europea, seis años después del inicio de las negociaciones. Mientras tanto, China llama a la puerta y ya ha empezado a adquirir de activos clave en el sector… y muchos ciudadanos se resignan a un futuro de energía sucia y aire tóxico.

"A veces da la impresión de que al Gobierno le importa más el carbón que las personas", dice Vesna Terzić mientras esboza una sonrisa. Luego se pone seria y saca un álbum de fotos cubierto de un manto gris: "Da lo mismo de dónde sople el viento, a nosotros siempre nos llega aire contaminado". Vesna tiene 57 años y vive en Veliki Crljeni, un asentamiento situado a unos cuarenta kilómetros de Belgrado. Fuera de su casa se respira un olor a azufre, mientras que montones de polvo oscuro se acumulan a ambos lados de la calle principal. Un río de aguas negras es lo único que separa las casas de una mina de carbón a cielo abierto.

De Veliki Crljeni a Kostolac: un cóctel de desolación, orgullo y esperanza

Kolubara A es la central termoeléctrica más antigua de Serbia. Fue inaugurada en Veliki Crljeni en 1956 y depende de EPS (Elektroprivreda Srbije, la empresa estatal de energía eléctrica y primer empleador del país). Según HEAL (Health and Environment Alliance), una ONG internacional que estudia el impacto del cambio climático en la salud, se trata de una de las plantas más contaminantes de toda Europa. Kolubara A es un coloso que quema 30 millones de toneladas de carbón al año y produce más de la mitad de la electricidad que necesita el país. En Serbia, el suministro de energía eléctrica depende en un 70% de la extracción y combustión del lignito, un tipo de carbón poco eficiente y muy nocivo. Por desgracia el país cuenta con reservas extremadamente abundantes.

En 2014, una inundación sin precedentes dejó la casa de Vesna y la de muchos de sus vecinos bajo el agua. En medio de la emergencia, en lugar de socorrer a sus trabajadores, la empresa priorizó la seguridad de la central. Fue así como Vesna y sus compañeros abrieron los ojos: "Cuando EPS decidió proteger la mina y la central, dejando que nuestras casas se inundaran, nos dimos cuenta de que teníamos un gran problema", cuenta junto a un grupo de amigos que se han reunido para la ocasión. El olor de la estufa de leña de la pieza se mezcla con el humo de los cigarrillos.

Žika trabajó durante casi cuarenta años en la división de la central donde se seca el carbón antes de quemarlo. "La central no fue diseñada para que durara 60 años. Ya deberían haberla cerrado, está obsoleta". Žika denuncia la corrupción del Gobierno y la falta de medidas concretas para mejorar la situación: "Se están yendo todos nuestros hijos, quien se queda lo hace porque no tiene alternativa".

Las alarmas se dispararon el pasado mes de octubre en Belgrado: los medidores de polución instalados en el centro de la ciudad llegaron a registrar una concentración de 200 μg/m3 de PM10 (un tipo de partículas altamente contaminantes y nocivas para la salud), cuatro veces por encima de los picos que la Comisión Europea estima como aceptables. "Si siguiéramos esta lógica, nuestro pueblo estaría en la portada de los periódicos todos los días del año. Lamentablemente, en Veliki Crljenin nunca se miden este tipo de datos", protesta Vesna. Si bien el problema de las partículas finas se debe sobre todo al uso de estufas de leña y a la ineficiencia de los sistemas domésticos de calefacción, el nivel de alerta de estos últimos meses —cuando Belgrado fue incluida en la lista mundial de las 10 ciudades con el aire más contaminado, según AirVisual— ha reabierto el debate sobre el modelo energético serbio.

Kostolac se encuentra a orillas del río Danubio, a pocos kilómetros de la frontera con Rumanía. Al igual que en Veliki Crljeni, aquí tampoco existen números fiables sobre la calidad del aire. Sin embargo, en esta ciudad funcionan dos centrales de carbón con algunos de los niveles de emisión de PM10 más altos de Europa. "Yo nunca he tenido ningún problema de salud en particular", comenta Radisav, golpeando la mesa con el puño, antes de seguir. "Pero durante mis 35 años de trabajo en la mina he visto compañeros caer enfermos e incluso morir". Radisav nació en Kosovo, al igual que Gmiz, el compañero con quien comparte una cerveza después de trabajar. Cuando habla de la "mina" se refiere a las docenas de yacimientos que ha excavado en la península balcánica desde mediados de los años 80. Dice que el de Kostolac es uno de los más grandes que ha visto.

Kostolac. Retrato de Radisav y Gmiz  (cc) Lorenzo Pirovano
Kostolac. Retrato de Radisav y Gmiz. © Lorenzo Pirovano

En la entrada del pueblo, una cinta transportadora distribuye a gran velocidad el carbón que se extrae día y noche: "La excavadora no se detiene jamás", explica orgulloso Radisav mientras enseña en su móvil las máquinas con que trabaja. En Kostolac, la sede administrativa de EPS da la impresión de que fuera el ayuntamiento. Radisav y Gmiz llevan el uniforme con el logo de la empresa: "Empecé a hacer este trabajo porque era lo único que había en el lugar donde crecí", recuerda Gmiz. "Si bien las nuevas generaciones serbias no parecen muy interesadas en la cuestión medioambiental, espero que el ingreso en la UE haga que nuestro modelo energético cambie”.

La entrada en la UE: una oportunidad para cambiar

La mala calidad del aire es uno de los motivos de mayor preocupación entre quienes negocian la entrada de Serbia en la Unión Europea, un proceso que comenzó hace seis años. Un informe de las Naciones Unidas contabiliza casi 5.000 muertes prematuras causadas por el aire de los Balcanes Occidentales y señala que la región de Belgrado es la que cuenta con el nivel más alto de contaminación de la zona.

Según Simon Ilse, director de la sede en Belgrado de la Heinrich-Böll-Stiftung, una fundación ecologista alemana, el ingreso de Serbia en la UE podría ser clave: "Puede darle el impulso que necesita el país para hacer frente al desafío medioambiental".

La profesora Mirjana Drenovak Ivanović, titular de una cátedra Jean Monnet en Derecho Ambiental Europeo en la Universidad de Belgrado, forma parte del grupo oficial de negociación de Serbia para el capítulo 27, el dedicado al medio ambiente. Según ella, se trata del factor más costoso y más complejo de todos los que están sobre la mesa. "Un tercio de las normas que hay que modificar tienen que ver con el medio ambiente. Nuestro principal desafío es la contaminación del aire y el tratamiento de los desechos y del agua".

¿Un futuro diferente?

Mientras tanto, a pocos kilómetros de Veliki Crljeni se está construyendo una nueva e imponente central de carbón: Kolubara B.. Según la red Bankwatch, un grupo de ONG que actúan en defensa del medio ambiente en Europa Central y del Este, la compañía italiana Edison fue la única empresa europea que respondió a la licitación y envió una propuesta para llevar a cabo las obras. No lo consiguió. La escasa competencia europea ha facilitado que el proyecto esté ahora en manos de inversores chinos.

Para llegar a la nueva central desde la casa de Vesna e Žika, hay que atravesar una serie de casas en ruinas, ahora ocupadas por una docena de refugiados de Kosovo. Ya se han expropiado los terrenos y tras las vallas esperan las excavadoras. La segunda chimenea está casi en pie, la primera ya se yergue completa. En teoría, la central podría comenzar a funcionar en 2020. Sin embargo, Vesna y Žika esperaban un futuro diferente para Veliki Crljeni: "Nos sentimos solos, abandonados e ignorados. La UE envió fondos para limitar las emisiones de las centrales, pero no sirvió para nada", cuenta Žika. "Aquí nunca han parado de abrir minas, siguen excavando como siempre". Desconsolado, mira las grúas que duermen junto a la obra y saluda al guardia que vigila la entrada: "Nos gustaría que Serbia entre en la Unión Europea, por supuesto. Pero no creo que en los Balcanes podamos tener un futuro libre de carbón".


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Translated from La Serbia del carbone vuole l'Ue, ma Bruxelles frena. E la Cina è alla finestra