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La Nave: la Barcelona humana que no te habían contado

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Sociedad

Desde hace años, Barcelona implementa un modelo de ciudad que arrincona a aquellos que no entran en el paradigma triunfalista de lo moderno y lo europeo. El máximo exponente de este discurso es el distrito 22@: una zona de la ciudad construida sobre el antiguo barrio industrial de Poblenou, situado en el margen norte de la ciudad. Es en este espacio en el que se encuentra La Nave: el hogar de aproximadamente unas 300 personas de diferentes edades y nacionalidades. En La Nave viven inmigrantes subsaharianos, rumanos, sudamericanos, magrebíes y también españoles. Muchos de ellos con una historia en común: hasta hace poco tenían una casa y un jornal. Sin embargo, el trabajo se terminó y tuvieron que marcharse de sus pisos. Aunque a muchos no les guste el lugar, han optado por quedarse en La Nave ya que aquí se está mejor que en la calle: hay más seguridad y más posibilidades de sobrevivir. También existe cierto sentimiento de comunidad: se han creado hasta tres bares que abastecen, a precios razonables, a residentes y vecinos. Existen también almacenes destinados a acumular la chatarra que luego se vende a mayoristas del reciclaje del metal, lo que representa prácticamente el único sustento para la mayoría de habitantes y, a la vez, vertebra la vida de La Nave. A esta pugna por seguir respirando —sin permiso—, se le añadió el pasado verano la lucha por poder permanecer en lo que desde hace dos años es su hogar. A causa de la denuncia de la familia Iglesias Baciana, propietaria de los terrenos y de una empresa inmobiliaria, se decretó un desalojo policial previsto para el mes de julio pero que finalmente fue paralizado por una juez. Se dio, además, la paradoja de que los propietarios, que se negaron a negociar, poseen también una fundación para ayudar a jóvenes mujeres que vivan en la pobreza en cualquier parte del mundo, entre ellas África.

Fotos: (cc) GroundPress.

Atento

Un hombre mira por el balcón de uno de los edificios del complejo de La Nave. Foto: (cc) GroundPress.

Huge

Huge, tiene unos 50 años. Es pintor y músico. Antes tenía un velero con el que hacía travesías para turistas. Su jefe dejó de pagar el amarre y el Puerto de Barcelona le multó, con lo que Huge se quedó en la ruina. Fue uno de los primeros en llegar a La Nave, donde tiene espacio para una de sus aficiones: la pintura. Foto: (cc) GroundPress.

David

David se prepara el almuerzo en su casa mientras ve las noticias en el televisor. Foto: (cc) GroundPress.

Hogar, ¿dulce hogar?

Habitación de uno de los habitantes. Foto: (cc) GroundPress.

Amenazas, deportaciones y detenciones

Muchos de los habitantes de La Nave no tienen papeles y corren el riesgo de ser deportados o encerrados en un Centro de Internamiento de Extranjeros (CIE). La Policía nacional amenazó con hacer una redada de extranjería durante el posible desalojo. Foto: (cc) GroundPress.

Multiculturalismo

Habitantes de la nave prestando atención en una de las asambleas. Foto: (cc) GroundPress.

Kebará

Kebará, uno de los habitantes, escribe carteles reivindicativos en el patio de La Nave. Foto: (cc) GroundPress.

Leti

Leti, una de las catalanas que viven en La Nave, a punto de empezar la manifestación que recorrió el barrio del Poblenou para pedir la solidaridad de los demás vecinos del barrio y visibilizar el conflicto. Foto: (cc) GroundPress.

Asamblea

Momento de una de las asambleas. Foto: (cc) GroundPress.

El barrio barcelonés de Poblenou

Uno de los momentos de la manifestación que se dirigió hacia la sede del distrito en Poblenou y que recorrió las calles del barrio. Foto: (cc) GroundPress.

La anterior nave industrial

Vista de una de las dos calles del complejo desde una ventana. Foto: (cc) GroundPress.

Celebración

Dos habitantes de La Nave celebran la suspensión del desalojo y la archivación de la causa. Foto: (cc) GroundPress.

Ibrahima

Ibrahima, uno de los más implicados en la resolución del conflicto y en conseguir la suspensión del desalojo, espera en frente de La Nave un posible desahucio que finalmente no se produjo. Foto: (cc) GroundPress.