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La Iglesia yuppy húngara

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Alrededor de 40.000 creyentes de la Hit Gyülekezete-Kirche celebran semana tras semana encuentros religiosos y extáticos que son retransmitidos en directo y por Internet. La influencia creciente de la comunidad creyente provoca el miedo en la clase dirigente.

Domingo, 10.00h de la mañana. Hace frío y por tanto el Vidám Vasárnap (“El domingo feliz”) no tiene lugar en el estadio sino en la sala de congresos. Una gran masa humana se dirige al Hit-Park de Budapest. El Hit-Bus trae a los creyentes que vienen de los barrios más alejados. Detrás, en el patio, el aparcamiento ya está lleno de cientos de coches. Las banderas ondean delante de los gigantescos edificios, producto de una cultura de edificación sin imaginación y post-comunista. En todas las puertas y esquinas hay vigilantes que registran los bolsos de los visitantes y buscan armas con detectores de metal. Un grupo de jóvenes funcionarios de la Iglesia que llevan trajes oscuros y un llamativo peinado charlan en el vestíbulo. En varios puestos se venden CD´s, libros y camisetas de Jesús. En los puestos de comida y bebida donde huele a café y panecillos, corretean los creyentes hambrientos. También en los aseos de señoras se ha formado una larga cola. Docenas de chicas jóvenes se maquillan frente a los espejos del pasillo. Muchas se han vestido de fiesta. La atmósfera se parece un poco a la de un convite de boda en el campo.

Los yuppies se sientan delante

En la sala con aforo para 5.000 personas hay colgados pósters enormes por todas partes con el requerimiento de dar un porcentaje de los ingresos a la Comunidad, que es lo que se debe de dar, en Hungría, a una organización de libre elección y de utilidad pública. En ningún lugar se menciona la Hit-Zehner, el diezmo del 10% por ciento adicional y obligatorio de los ingresos que todos los socios han de transferir a la Comunidad-Hit.

En las primeras filas se sientan los “Yuppies”: opulentos hombres de negocios, agentes de bolsa y jóvenes políticos. Al final del todo están sentadas las familias y los romaníes. Varios niños pequeños juegan debajo de los palcos, la gente ha traído cestas de picnic con pan, galletas y libros de colorear. El “domingo feliz” comienza a las 10.30h y acaba a las 16.00h.

En directo en la televisión húngara

Diferentes cámaras retransmiten el acontecimiento en la televisión. El escenario está decorado con flores frescas y adornado con telas azul celeste. A mano izquierda hay un coro y a la derecha un enrejado. De repente se hace el silencio entre el alboroto. Sándor Németh, el fundador de la Comunidad creyente, comienza la misa. Roza los sesenta años y tiene una complexión fuerte. Su tono sería impensable en una Iglesia de Europa Occidental: su retórica inunda el recinto de una manera verdaderamente agresiva.

El pastor Néméth es el “corazón” de la Comunidad de creyentes, tal y como afirma el teólogo Dr. András Máté-Tóth de la Universidad de Szeged. Néméth es un hombre sencillo que gracias a su carisma fuera de lo normal puede ganarse a las masas. Con su carisma, la Comunidad de creyentes ha crecido a partir de una célula cristiana convirtiéndose en una Iglesia influyente con alrededor de 40.000 seguidores. En los años ochenta, la Comunidad de creyentes estuvo prohibida en Hungría y los miembros se reunían de forma secreta. La clandestinidad de aquella época relanzó la desilusión del comunismo y animó a la resistencia; lo que trajo a la Comunidad la creciente simpatía del pueblo húngaro.

El pastor Németh, es hoy la estrella del “domingo feliz”, escribe libros y dirige junto a su esposa la escuela bíblica Sankt-Paul y el Hit-Gymnasium (instituto Hyt). La organización posee el Hit-Park de Budapest junto al edificio de congresos, ha adquirido parte de la emisora de televisión húngara ATV, una emisora de radio propia, varias escuelas y está presente en alrededor de 250 poblaciones húngaras. Este poder provoca miedo en la Iglesia establecida y en el seno de los políticos de Hungría. Hacienda ha inspeccionado varias veces a la Comunidad Hit en los últimos años y los servicios secretos húngaros la tienen bajo continua observación.

Jesucristo-Superstar

Sándór Néméth, de pie en el escenario, lee la Biblia. Después pide al público que canten y bailen con él. La sala se levanta con el sonido de una orquesta pequeña de violines, trompetas, guitarras, arpas, una batería y cantos. Las baladas y las canciones de moda, todas muy sencillas y melódicas, inundan la sala durante la próxima hora. Varios miles de personas cantan y bailan todos juntos: dos pasos a la izquierda, dos a la derecha y una palmada. Jóvenes y mayores saltan, gimen, silban, se ríen de forma histérica, gritan de forma casi orgásmica, algunos se caen. Los patitos feos bailan ajenos a lo que allí ocurre como estrellas de rock. Durante varios minutos las luces dan vueltas en la sala como si brillaran estrellas en la tela que hace de cielo en el escenario, y la música baja de volumen. La gente da la mano a la persona que está que tiene al lado entre el público y se abraza. Varios hombres pasan por las filas con bolsas grandes y recolectan una especia de cepillo entre elogios. Así es el “domingo feliz”.

Translated from Die ungarische Yuppiekirche