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Hungría y la crisis: el corazón aislado de Europa

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CulturaSociedadPolítica

La crisis económica se ceba con Hungría. La sustitución sin elecciones del primer ministro socialista, Ferenç Guyrcsany, pone al descubierto las dificultades de un país cuya historia reciente se ha vuelto correosa. Su sociedad polarizada se asoma al abismo de la depresión y solo su juventud noctámbula y desacomplejada parece aportar notas de optimismo y creatividad al país

Foto, Longeries / FlickrSon las ocho de la mañana de un día laborable en Budapest. Todo son miradas esquivas y ojerosas en los vagones atestados de la línea 3 del suburbano que nos conduce hacia Déak Ter, el centro neurálgico y cosmopolita de esta urbe de dos millones de habitantes de esplendor renqueante. Nadie pronuncia una palabra. Nadie sonríe, sarcástico, ante la lectura de algún titular de prensa insidioso o retrechero. No hay jóvenes. Sin aliento humano, cuesta apreciar el desnudo minimalismo retro de las viejas cabinas de metro heredadas de la era comunista. Bolsos de rejilla y café agrio para unos carrozas con salarios congelados en tierra de nadie, con trabajos de hoy y alma de ayer.

Descolgado del pelotón de cola

Foto, 13lobby / Flickr“Esta crisis no es para tanto”, nos lanza en un inglés rudo la dependienta de una confitería a la que le comentamos sus elevados precios. “¡Nosotros sí que tuvimos una gorda en los noventa!”, aclara refiriéndose al paso de la economía comunista a la capitalista. Pero crisis sí que hay, y cierto estancamiento también; el nacionalismo que impregna esta sociedad echa el freno a las lamentaciones ante los extranjeros. Según datos del Instituto europeo CEPS, en 1997 Eslovaquia y Hungría poseían un Producto Interior Bruto (PIB) igual al 51% del PIB medio de la UE. Hoy, Eslovaquia ha alcanzado el 69%, mientras Hungría se ha quedado descolgada en el 61%. Chequia presenta un PIB igual al 81% del de la Unión y Eslovenia el 89%.

A la aseveración por parte de numerosos especialistas sobre el carácter ‘deprimido’ del húngaro medio, se suman las cifras: mientras en 2008 el PIB húngaro creció cerca del 5%, para 2009 la Comisión europea ha previsto una contracción del 1,6%. “Nuestra previsión es aún más negra: decreceremos entre un 3% y un 4%”, afirma Andras Vértes, director del think tank económico GKI Economic Research. “El PIB húngaro decrecerá en 2009 un 6%”, rematan desde la consultora financiera Standard & Poors.

Un país que ha hecho sus deberes

Foto GKI Economic Research Co.Ahora bien, en Hungría no ha habido burbuja inmobiliaria y la inflación se mantiene baja. Además, el sector bancario está sano y el problema de las hipotecas basura es cosa de otros países. ¿Qué provoca el parón en seco de su economía? Gergely Romsics, investigador del Instituto Húngaro de Asuntos Internacionales, nos da una primera pista: “Hungría empezó su transición económica antes que sus vecinos ex comunistas, entre 1997 y 2006, abriendo mucho sus mercados a la inversión extranjera”. Vértes corrobora esta visión Foto, Instituto Húngaro de Asuntos Internacionalescomparando su país con Irlanda. “Irlanda ha sido el país más abierto del mundo, un país muy implicado en la globalización”, explica este analista, “y por eso está sufriendo tanto”.

No es que ambos expertos acusen al librecambismo de los males de la crisis, sino que subrayan el exceso de dependencia que Hungría ha tenido hasta ahora de la inversión y los capitales extranjeros para alcanzar el ideal occidental de desarrollo. “Como los bancos más importantes son extranjeros”, advierte Vértes refiriéndose a Unicredit, KBC o Intesa Sanpaolo, “en el instante en que los países de origen de estos bancos han tenido problemas de liquidez debido al lodo de las hipotecas basura, se han llevado los capitales que mantenían en Hungría y no prestan a nadie”.

El país más aislado de la Unión Europea

“Somos un país rodeado de enemigos que se las tiene que aviar solo”, expone con una mezcla de resignación y orgullo el rubio Janos, un joven de porte atlético que gestiona un restaurante de tradición húngara en lo alto de la colina de Buda. Su sentir es compartido por cualquier ciudadano de a pie al que se consulte, sea cual sea su extracción social o su opinión política. Los húngaros exhiben, cada uno a su manera según su grado de pudor, un sentimiento nacionalista sincero y una cierta nostalgia por la “Gran Hungría” de hace décadas.

Foto, Djohan / FlickrBasta entrar a la lacrimógena Casa del Terror, en el centro de la histórica Avenida Andrassy de Budapest, para confirmar esta impresión. Este museo, inaugurado en 2002, está dedicado a revisitar el horror de las dos invasiones sufridas por Hungría a lo largo del siglo XX, la de los nazis y la de los soviéticos. El caso es que la primera planta de su recorrido está toda dedicada a explicar todo el territorio húngaro que se han comido los vecinos europeos a lo largo de los últimos cien años. Austria, Eslovenia, Ucrania, Rumanía, Serbia, Eslovaquia… ¡No se libra nadie del sentimiento de agravio de los húngaros!, lo cual dificulta una cooperación con sus compañeros de vicisitudes soviéticas. Polonia, Chequia y demás recelan de un país que a la mínima de cambio pone exigencias encima de la mesa acerca de las minorías húngaras en esos países. “El hecho de haber sido el centro de un imperio genera toda clase de desconfianzas aún entre sus vecinos”, añade Gergely Romsics.

Budapest, dos ciudades en una

Foto, In Da Mood / FlickrComo si del Doctor Jeckyll y Míster Hyde se tratara, cuando cae la noche, Budapest se trasviste en cuestión de media hora con el ropaje de gritos, maquillaje y desenvoltura de una juventud sana y hacendosa, agazapada por el día en las universidades. Se escenifica un salto generacional mediante el que una juventud sin complejos busca en la modernidad creativa y el reciclaje sus notas distintivas.

A Budapest la suelen colocar en la tríada de las tres B junto a Berlín y Barcelona, los últimos gritos en tendencias de urbanitas europeos. Sin embargo, la juventud de Budapest crea, recrea y se divierte sin la impostura esnob de ciertos ambientes de la capital catalana ni la indolencia trendy de los berlineses.

Foto, mackapocs / Flickr“¿El mejor indicio de un futuro prometedor para Hungría?”, nos comenta nuestro fixer sobre el terreno, “la cantidad de restaurantes regentados por jóvenes y la riqueza de la gastronomía nacional”. Un evangelio inapelable que merecerá un reportaje aparte en futuras visitas.