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En Eslovaquia, montañismo con espíritu olímpico

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Lifestyle

Sólo en lo más alto de las montañas Tatra existen aún porteadores que abastecen a los refugios. Una vez al año, estos hombres y mujeres llevan a cabo una singular competición: el rally serpa.

Estamos en Stary Smokovec, Eslovaquia. El cielo azul y límpido extiende su bóveda sobre la menor de las altas montañas de Europa: las cumbres Tatra. Los picos se levantan como puños hasta los 2.632 metros en los aledaños de Poprad. Van a dar las doce del mediodía en la estación intermedia de Hrebienok cuando Víctor Beranek, de 54 años, dirige sus primeras palabras a los congregados: "Queridos camaradas –se detiene de pronto-, perdón, esta fórmula ya se ha quedado anticuada", añade antes de detenerse de nuevo a esperar que cesen las risas de los oyentes. Después, en tono festivo, da la bienvenida a participantes y curiosos, en el vigésimo primer rally serpa: la competición anual de los porteadores. Este año la prueba consiste en escalar apenas 800 metros hasta el refugio de Ferry a 2.015 metros de altura. Dos horas antes, los primeros participantes ya se habían echado a las espaldas sus armazones de madera. La limonada en botellas de plástico de colores chillones y las bolsas llenas de carbón se acordonan colgando de sus atillos, a metro y medio de altura: en una báscula se ha verificado antes el peso exacto del lastre: 60 kilos para los hombres y 20 para las mujeres.

Espíritu olímpico

La competición tiene tradición; hace 21 años que se celebró por primera vez cuando el Tatra aún pertenecía a Checoslovaquia y el gobierno central del país era comunista. Los hombres del servicio de rescate de montaña procuraban alimentos y carbón a los refugios en sus rondas, cargando con ellos a pie ladera arriba. En este universo de hombres, mientras se tomaban una cerveza en la taberna descansando, se compararan los respectivos tiempos y pesos de la carga. No fue sino hasta 1985 cuando Víctor Benarek organizó la primera competición. "Tan sólo queremos saber quién es el mejor", aclara. Este cuatricampeón del rally serpa no se contenta con dar el discurso inaugural; a las doce en punto se apresta en dirección a la cima elegida junto a los otros 36 hombres y 13 mujeres que compiten.

Entre las coníferas del puesto base apenas queda ya el recuerdo de la atmósfera festiva que imperaba momentos atrás. Concentrados, los porteadores caminan con la cabeza gacha concentrados en el mullido suelo siempre cubierto de raigambre. La luz se filtra tenue a través de las espesas copas de los árboles; cualquier paso en falso acarrearía graves consecuencias. Serpenteando como las cuentas presas de un collar, los porteadores luchan por abrirse camino sobre un desnivel de 400 metros. Lo que les anima es precisamente el espíritu olímpico."Portear significa en un 70% soportar los dolores", explica jadeante Ivan Manga, de 25 años y debutante en la competición, a pesar de contar con gran experiencia en la carga de pesos en Tatra. Ha colocado su mochila sobre una piedra mientras se limpia el sudor de la frente y otros porteadores le adelantan prosiguiendo camino. “Uno tiene que saber dosificarse y reconocer dónde hay que pararse, de lo contrario, los músculos de la pierna te abandonan en el último tercio de la carrera.”

25 céntimos por kilo

El rally serpa es único en Europa, pues sólo las alturas de las montañas Tatra cuentan con porteadores que suministran a los refugios. En los Alpes y otras cadenas montañosas, aquellas cabañas apartadas de los caminos son abastecidas, desde hace mucho tiempo, por medio de helicópteros. Los cargadores perciben, por regla general, alrededor de 10 coronas eslovacas (unos 25 céntimos de euro) por kilo de carga. En este sentido, el rally es un buen negocio para las cabañas, ya que en cada edición se benefician de forma gratuita de casi un cuarto de tonelada de mercancías.

Entretanto, las valiosas cuentas de la cadena de porteadores se han soltado. Las blancas sacas de carbón centellean aisladas sobre la suave pendiente entre el verdor de los arbustos. Sólo en la escarpada pared de piedra del último tercio se reencuentran todos. Cada sinuoso recodo sirve de lugar de descanso al tiempo que se apuran las bebidas isotónicas. Ni a Ivan Manga le queda una gota de agua. A cada paso se acentúan los dolores en sus muslos. Con cada bocanada de aliento se mezclan lamentos en voz alta: "No conseguiré la victoria", dice resignado mirando sus piernas temblorosas del cansancio.

Diplomas, jarras de cerveza y medallas de plástico

En cuanto se divisan los primeros espectadores en lo alto del cortado y el viento les hace llegar sus gritos de júbilo y el ruido de matracas, todo lo demás deja de importar. La meta se acerca y con ella el fin de las penas. A buen paso, Ivan Manga dobla por el último peñasco animado por el griterío y cruza la meta muy sonriente. El cronómetro del árbitro marca el tiempo: 1 hora y 55 minutos, sexto lugar. "Y ahora una cerveza", sentencia feliz, y dejando caer la carga de sus hombros desparece camino a la cabaña de Terry.

Media hora más tarde, Víctor Beranek cruzará tranquilamente la meta y otra hora después, tras la llegada del último participante, se celebrará la ceremonia de entrega de premios. Diplomas, jarras de cerveza, medallas de plástico y, para el ganador, una copa de madera coronada por la figura de un castor serpa. "Lo principal no son los premios o las marcas”, señala, “lo más hermoso del rally serpa es que una vez al año nos reencontramos todos en las montañas para pasarlo bien”.

Si Malicky, abajo en el puesto intermedio, decide subir en telesilla hasta Stary Smokovec, pasará junto a un cartel informativo sobre las rutas de senderismo. En él se indica que para alcanzar el refugio de Ferry se requiere un promedio de 2 horas y 45 minutos. Ligero de equipaje, se entiende.

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Translated from Die Letzten ihrer Art