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El arte de alquilar

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Default profile picture fernando navarro

Sociedad

La globalización del mercado inmobiliario ha conducido a una fuerte subida de precios en Europa central y oriental. Mientras los occidentales compran, los del este se tienen que conformar con alquilar.

Durante la redacción de este artículo no he podido evitar pensar en mi propia historia. He caido en la cuenta –no sin estupor- de que desde que abandoné la casa de mis padres he vivido ya en 10 pisos distintos. Por lo general en casas de estudiantes en las que nadie pagaba el alquiler. Nunca he pasado más de un año en cada apartamento. Aún hoy, sigo residiendo en un piso alquilado que me cuesta las tres cuartas partes de mi salario, y no veo que la cosa vaya a mejorar por ahora.

Con la ayuda de los padres

El mercado inmobiliario está más o menos igual en toda Europa central y del este. Los motivos por los que la gente alquila en vez de comprar son varios. La adquisición de una vivienda repercute por lo general de forma negativa en el nivel de vida de las familias. "Los padres venden sus viviendas en el intento de poder comprarles otra a sus ijos”, cuenta la bulgara Miglena. “Si no tienen dinero suficiente, lo buscan para poder al menos ayudar algo.” Los alquileres son mejores para empezar: antes de decidirse por un lugar concreto en el que vicir definitivamente. La duración de los contratos de alquiler es por lo general limitada a un año. Y es raro encontrar algo que pueda llamrase verdaderamente “casa”.

Luego viene el problema de los créditos. Para obtener una hipoteca, un bacno exige que el solitante demuestre poseer desde el inico el 40% del valor de la vivienda que se quiere adquirir. Mientras tanto, los precios aumentan lenta pero costantemente y alquilar termina resultando más económico que comprar a menos que se pueda pagar a tocateja la mitad del valor de la vivienda.

La insoportable levedad del alquiler

Esta dinámica es el resultado de las políticas económicas durante los años noventa. “Mis padres viven de alquiler desde que llegaron a Praga”, cuenta Vít, un joven checo. “En tiempos del comunismo, el 70% de los inmuebles de la ciudad pertenecían al Estado. Tras la Revolución de Terciopelo, las viviendas regresaron a manos de sus antiguos propietarios de antes de las expropiaciones de 1948. Aún hoy, en la República Checa, los precios del mercado inmobiliario son fijados por el Estado y nadie sabe lo que sucderá cuando se liberalice el mercado. En todo caso, no creo que tengamos que apredender a alquilar, sino que estamos condenados a hacerlo durante años. Los checos, conocidos por su mentalidad serena, no se marean mucho pensando en la necesidad de coprar una casa. Basta leer las novelas de Bohumil Hrabal o Milan Kundera para hacerse una idea del lado bueno y el malo de alquilar en Praga.

Casita con jardín

En Hungría, sin embargo, la situación es distinta. Tras los cambios políticos de 1989, apenas un l,8% de las viviendas estaban alquiladas. “El Estado construía muchos bloques de pisos y los particulares también tenían derecho a construirse su propia casa. “De este periodo nacieron un gran número de casas unifamilares”, dice Judit, una estudiante de Budapest. “Después de 1989, llegaron las privatizaciones y la gente pudo adquirir las casas que en un principio empezaron por alquilar. En Hungría la tradición de la casa en propiedad está muy arraigada en las mentes de la gente, mientras que alquilar resulta pero visto. Al contrario que los europeos occidentales, los húngaros no presentan mucha movilidad y apenas cambian de residencia unas tres o cuatro veces a lo largo de sus vidas, y no por motivos económicos, sino sociológicos.” Por culpa de la fuerte inflación de los últimos años, el precio de la vivienda húngara se ha triplicado. “No es sencillo comprarse una casa, pero aún es posible”, explica Judit. “El mercado hipotecario está muy desarrollado y existen también medidas públicas de ayuda para hacer frente a la compra de viviendas. Medidas que también incumben a los jóvenes con escasos recursos.”

En Polonia si emigras no compras

Incluso en Polonia la mayor parte de los jóvenes prefieren vivir de alquiler. El motivo es la fuerte inflación del 10-15% anual. A esto hay que añadir que el estilo de vida de los polacos se ha visto muy modificado en los últimos años. Según datos del Ministerio polaco de Trabajo, desde la adhesión de Polonia a la UE alrededor de 600.000 polacos han abandonado el país y el 37% de sus habitantes se plantea la posibiliad de emigrar. No sorprende que no queramos vincularnos a una casa en propiedad.

Mañana me mudo a mi nueva casa y de nuevo tendré que encerar los suelos, arreglar las habitaciones y hacer que mis dos gatos se acostumbren a su nuevo hogar. Me encantaría tener una casa propia, pero no hay banco que me conceda una hipoteca con lo que gano, y la esperanza de poder ganar la lotería o de heredar ya la he perdido. Además, no descarto la posibiliad de irme de Polonia, por lo que para qué atarme a una hipoteca a treinta años. Alquilar es menos complicado. Puedo dejar el alquiler en cualquier momento.

Translated from Boom mieszkaniowy w Europie Wschodniej wyklucza młodych