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Cataluña: Atrapada en el conflicto

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La sentencia del 'procés' contra los nueve líderes independentistas catalanes ha reavivado las tensiones entre Madrid y Barcelona. En la calle muchos evitan el tema para no discutir con sus amistades, pero el debate está dividiendo a la sociedad.

Era la noche del 15 de octubre. Los independentistas estaban enfadados y lo demostraban. Juntaron contenedores de basura azules, verdes, amarillos y marrones. Sobre ellos lanzaron cajas de cartón y todo lo que encontraron en los alrededores que pudiera quemarse. Enseguida las llamas inundaron de luz La Rambla.

El día anterior, el Tribunal Supremo había condenado a prisión a nueve líderes políticos y activistas catalanes por organizar y apoyar el referéndum de independencia ilegal en octubre de 2017. Pasarán entre nueve y trece años entre rejas por sedición, uso indebido de los fondos públicos y desobediencia. Muchos catalanes no estaban contentos con la decisión.

Vi los disturbios en Cataluña desde mi ordenador portátil en Madrid, donde vivo desde hace medio año tras mudarme desde Viena. Para los recién llegados como yo, la evolución del conflicto es difícil de entender. Steven Forti, un historiador italiano que vive en Barcelona, me explicó que la crisis se ha ido avivando con los años porque ni Madrid ni Barcelona quieren reconocer que existen opiniones diversas tanto en Cataluña como en el resto de España. “A ambos Gobiernos les es útil centrar su discurso solo en una parte de la sociedad”, dice. “Pero al hacer eso, ignoran la diversidad de manera irresponsable.”

Itziar vive en Girona. Unos cincuenta años de edad, cabello marrón que le cae hasta los hombros. Trabaja en una tienda de cosméticos en la calle de compras principal de la parte vieja de la ciudad. Juego de Tronos se rodó aquí, frente a la catedral construida en la Edad Media. Los turistas se arremolinan entre las casas de piedra color beis y suben las escaleras de los viejos callejones que hacen que Girona parezca una especie de laberinto encantado. Itziar está sola en la tienda. “Están arruinando la economía con su pelea política”, dice en referencia a los independentistas tanto del Gobierno autonómico como de la sociedad civil.

Girona es el epicentro del nacionalismo catalán. Las esteladas cuelgan de balcones, farolas e incluso estatuas. En las tiendas de recuerdos los turistas pueden comprar pines con lazos amarillos por 2,50 euros. Puede leerse Llibertat presos politics en un cartel colgado de la barandilla negra de un pequeño balcón. Muchos turistas se llevarán a casa fotos de vacaciones con consignas independentistas al fondo. Nadie puede ignorarlo.

Itziar es del País Vasco, el lugar donde ETA asesinó a la mayoría de las 854 que mató en nombre de la independencia vasca. A finales de 1980, un coche bomba explotó cerca de la casa de Itziar en Bilbao. Fue entonces cuando decidió marcharse. Lo que está pasando ahora en Girona le hace recordar lo que vio entonces y le preocupa que también en Cataluña surjan grupos de violentos. “El separatismo nunca es bueno”, dice.

Itziar conoce a muchos independentistas y sabe que no habrá unanimidad por ninguna de las dos posiciones. Así que dice que hace tratos con la gente como “mientras no hablemos de política, podemos seguir siendo amigos". Cuando sus vecinos hablan catalán entre ellos no le importa porque sabe que si está prestando atención se lo repetirán en castellano. Pero con el referéndum, la entrada en la cárcel de los políticos hace dos años, y la huida a Bélgica del antiguo alcalde de Girona y expresident catalán Carles Puigdemont, las cosas se han vuelto tensas.

El 15 de octubre, Itziar vio desde su balcón cómo la gente caminaba por los callejones, mientras gritaban y aplaudían. Se ve que está cabreada. Me envía vídeos, tuits y fotos. Teme que las noticias asustarán a la gente y que dejarán de venir a Girona. Está preocupada porque sin turistas la economía sufrirá y aumentará el desempleo.

“Creo que este conflicto puede superarse,” dice Forti. Pero para conseguirlo, defiende, los políticos tienen que actuar de forma responsable. Es su trabajo, y no el de los jueces, resolver el problema. Los políticos tienen que hacer posible el diálogo. Forti cita los pasos que cree que llevarían a una solución. “Primero, deberían devolver el Estatuto de Autonomía de Cataluña de 2006 y etiquetarla como una ‘nación’". El Estatut fue aprobado en un referéndum pero más tarde el Tribunal Constitucional eliminó la etiqueta de 'nación' del texto ante grandes protestas en la calle.” Añade que el Govern también tiene aceptar que la independencia no es posible ahora mismo ya que el Gobierno nacional nunca accederá a un referéndum. Sin embargo, cree que Madrid debería reconocer la posibilidad de un referéndum de autodeterminación. “Lo primero y, antes que nada, ambos Gobiernos tienen que reconocer que existe una diversidad de opiniones en la sociedad. Si hay una fisura ahora, esta afectará a varias generaciones” dice Forti.

José, de 50 años, comparte ese miedo. Lo conocí una tarde en Terrassa, a una hora en tren de Barcelona. Estaba sentado en un banco junto a su maletín, en mitad de una avenida, fumándose un cigarro tranquilamente. Es del norte de España y ama este país. Pero en Cataluña, dice, le llaman fascista por ello. Su mujer es independentista y el conflicto ahora se ha convertido un tema personal para él. Tras el veredicto del 'procés', me escribió un correo electrónico en el que decía que no quiere preocuparse más por el problema. Ha dejado de leer las noticias; parece cansado y triste. “En los últimos dos años, he visto cómo una sociedad pacífica, tolerante y unificada era alterada de una forma premeditada y artificial. Esto ha traído inseguridad y ha provocado la que se rompan familias y amistades.”

Veo las fotos de gente peleando por las banderas que llevan. Y veo gente lanzando objetos a la policía mientras parece que estos tratan de atropellarlos en sus coches patrulla. Durante dos semanas, ha habido protestas y la amenaza de que el conflicto se vuelva violento es ahora real. Los colegios y universidades están cerradas el viernes 18 de octubre. Gente de toda Cataluña marcha hacia Barcelona y se manifiesta por toda la ciudad para mostrar su descontento. El presidente del Gobierno en funciones Pedro Sánchez se ha negado a hablar con el president Quim Torra y en este momento, la división en Cataluña parece irreconciliable. Para la gente que está en medio, esto es muy complicado. Como dice José, “yo solo quiero continuar viviendo mi vida aquí, como todos los ciudadanos decentes que respetan la ley".


Algunos de los nombres del artículo no son reales. Foto de portada: Maren Häußermann. Lee también: Catalunya y Escocia: dos actitudes frente a un mismo anhelo

Translated from Catalonia: Caught in Conflict