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Bocadillos con sabor a propaganda política en Serbia

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En Serbia, una de cada cuatro personas vive al borde de la pobreza, lo que convierte a este país de los Balcanes en uno de los más pobres de Europa. Un problema que según los expertos, surge por un pasado repleto de conflictos y un presente cargado de corrupción. Una realidad que los políticos han comenzado a utilizar en beneficio propio, comprando votos a cambio de cubrir las necesidades mas básicas.

En Serbia, la palabra bocadillo no significa exactamente lo mismo que en otros países. Aquí, se ha convertido en una moneda política. Las personas pueden vender su voto a cambio de uno. Cuando no se tienen recursos, la supervivencia, a priori, suele ser más urgente que la propia libertad, algo que el Gobierno serbio sabe bien y aprovecha para utilizar a su favor. El ejecutivo ha decidido vender comida a cambio de un voto. Suena bien, ¿no? Para algunos es la única salida que existe. Cuando el hambre se encuentra cara a cara con la pobreza extrema, ese pan político empieza a ser cada vez más delicioso.

Un voto, un bocadillo

La primera vez que quisieron comprar mi voto a cambio de comida, no lo pude creer. Tres militantes llamaron a la puerta, sabían mi nombre y me preguntaron por qué candidato iba a votar. No les quise responder pero continuaron presionándome, exigiendo respuestas de una manera entrometida e incluso agresiva. Expuse mis razones y cuando estaba a punto de cerrarles la puerta, me hicieron una última oferta: una invitación a un mitin para que pudiera familiarizarme con el partido, y, por supuesto, recibir un bocadillo a cambio. Cerré la puerta sabiendo que un bocata, de media, cuesta menos de un euro, mucho menos que el precio de una conciencia culpable. Me siento mal por aquellos que no fueron capaces de cerrar las puertas y comprender que viven en un país donde los pobres tienen que vender su dignidad para poder comer.

Puede resultar difícil señalar los principales problemas en un país que se enfrenta a muchas cuestiones sociales, pero no hay duda de que el hambre es una prioridad. Desde que Serbia entró a formar parte de la ONU en el año 2000, la hambruna es la primera prioridad en la agenda del Desarollo Sostenible del país. En total tiene 17 objetivos, donde la erradicación total del hambre ocupa el segundo lugar. Casi un cuarto de la población total, un 24.5% vive en riesgo de pobreza debido a la caída de la producción industrial y a las dañadas políticas de comercio exterior.

No es sorpresa que una población que tiene como comida principal el pan y que lo consume tres veces más que los estadounidenses, acepten bocadillos como regalo. El Partido Progresista Serbio (SNS, por sus siglas en serbio) con el tiempo se dio cuenta de esta tendencia y decidió convertir el bocadillo en un símbolo de las elecciones parlamentarias de 2016.

Para Nenad, un estudiante de Derecho de Kragujevac (centro del país, es la cuarta ciudad más grande de Serbia), "esta compra de votos es una prueba clara de que el sistema político actual no es nada más que una oligarquía con un halo ilusorio de democracia. Los griegos inventaron la democracia directa e indirecta, y los serbios inventaron un famoso refrito de democracia; una civilización retrógrada", afirma.

Esta tentación se volvió un cebo para los habitantes pobres y hambrientos, que decidieron asistir a los mítines políticos que se llevaron acabo principalmente en Belgrado, demostrando un falso apoyo y popularidad por el SNS y su presidenteAleksandar Vučić. En los mítines, durante las campañas de las elecciones parlamentarias de 2016 y las presidenciales de 2017, se obligó a los ciudadanos a vestir camisetas con logotipos políticos, a ondear banderas y a mostrar carteles con mensajes de amor y apoyo.

Hasta hace poco, el bocadillo era la cumbre de la propaganda serbia moderna, pero antes de las elecciones presidenciales de 2017, también se empleaban otros medios más elaborados. Los simpatizantes del SNS repartían cajas de comida con latas de paté con la cara de Aleksandar Vučić, todas ellas enviadas a casas de votantes que, de la noche a la mañana, se habían convertido en objetivos potenciales. El SNS financió la producción de los bocadillos y las cajas de comida, todas elaboradas por panaderos de la localidad y empresas de alimentos a favor de la causa. Si aceptaban la oferta, sus nombres aparecerían en una lista de posibles votos. Para que nada cambiara el día de las elecciones, los ciudadanos que vendían su voto al SNS a cambio de bocadillos o dinero, debían dar su papeleta a un empleado del partido que se encontraba fuera del centro de votación. Éste se quedaba con el papel en blanco y a cambio les entregaba una papeleta ya marcada, con la que los votantes deberían ejercer su "derecho" a voto. De esta manera se marcaban como seguros y se tachaban los "posibles" votos.

Otro fenómeno interesante que se vio en las elecciones presidenciales de 2017 en Serbia, fue una lista de exhaustiva de presentadores de televisión, cantantes, escritores, actores, artistas, profesores y científicos mostrando apoyo popular a un partido político determinado. Un gesto que dejó a la sociedad muy consternada.

Los promotores de la campaña en las calles tenían un rol similar. Convencían a la gente entregándoles mecheros, bolígrafos, huevos de pascua, rosas, folletos y otro tipo de material propagandístico dependiendo de la ocasión. También iban de puerta en puerta, haciendo proselitismo por el Partido Progresista Serbio. Si nadie se encontraba en casa, a los promotores se les daban números de teléfono para que comenzaran a llamar. Como era de esperar, ninguno cobró por aquello, pero sí recibieron un bocadillo.

Un presidente intocable

Aleksandar Vučić es el político más influyente en la historia reciente del país. Controla todo y a todos, hasta el punto de que nada puede hacerse sin su permiso. Es el único gobernante de Serbia: es juez, jurado y verdugo.

En 1993 se unió al partido de extrema derecha llamado Partido Radical Serbio (SRS, por sus siglas en serbio) y fue ascendiendo con rapidez hasta convertirse en Secretario General a la edad de 24 años. En 1996, el SRS ganó las elecciones locales en Zemun (norte del país), permitiendo a Vučić comenzar su primer trabajo como director de un pabellón de deportes. Fue elegido para la Asamblea Nacional como miembro del SRS y como Ministro de la Información durante los años 90, siendo ésta la peor etapa recordada en la historia moderna del país.

Durante su mandato, Aleksadar Vučić prohibió redes extranjeras de televisión, introdujo multas a los periodistas que criticara el régimen y desarrolló unas constantes transmisiones de propaganda nacionalista. Las personas en contra de la guerra, asesinatos, violencia fueron señalados como traidores y cobardes por los medios de comunicación que el presidente controlaba. Como férreo nacionalista, peleó vigorosamente por la creación de la Gran Serbia, la persecución de los bosnios, croatas y albanos. Defendió con entusiasmo aSlobodan Milosevic, al General Ratko Mladic y a Radovan Karadzic, quienes ahora están condenados por crímenes de guerra.

Sin embargo, en 2008, su visión política cambió de forma radical y se unió al recién formado Partido Progresista Serbio (SNS, por sus siglas en serbio). Antes de la transformación que vino con el nuevo partido político, Aleksandar solía describir a la Unión Europea como una fuerza agresiva que tenía como único objetivo "la exterminación de los serbios durante la guerra en los años 90". Ahora, es conocido por ser un gran promotor de la UE, mencionando que la afiliación con ésta es esencial para la supervivencia de Serbia. Estableció una nueva política, contradiciendo lo que manifestó y defendió durante los 15 años que permaneció en el Partido Radical Serbio.

Vučić estuvo al mando del Estado cuando era Primer ministro y se mantuvo ahí como Presidente, a pesar de que Serbia no es una democracia presidencial sino una parlamentaria de acuerdo con la Constitución. Desde las elecciones presidenciales de 2017, el Gobierno ya no es responsable exclusivamente ante la Asamblea Nacional sino también ante el Presidente. El señor Vučić, de facto, elige a cada ministro y a otros miembros administrativos.

Stanko, un profesor de 58 años de la Universidad de Belgrado, declara que no existe la democracia en Serbia porque "tenemos una sola persona al mando que nos hace sentir que nada ha cambiado desde los 90". También menciona que "este sistema es mucho más caro que una dictadura porque alguien puede matarme y no ser responsable por ello", afirma.

Al ser mayoría en la Asamblea Nacional, el SNS mueve todos los hilos de la política así como otros ámbitos de la vida. Los privilegios están reservados para los más leales, quienes reciben puestos importantes e impunidad, lo que resulta en un sistema corrupto donde todos los empleos en la función pública pertenecen a un grupo específico de personas. Por otro lado, aquellos que están en desacuerdo con la mayoría son marginados por el régimen. La lista de los no deseados está llena de nombres de miembros de la oposición y de otros que difieren en opinión, como científicos, actores, cantantes, académicos y el resto de la élite.

Al igual que otros muchachos jóvenes serbios, Olja de 20 años, tiene miedo de que algún día se vea forzada a abandonar su país en busca de un futuro mejor. "Hay mucha corrupción, sólo una minoría privilegiada tiene beneficios, y después abusan de su posición para manipular a los pobres y a los que no tienen educación para mantenerse en el poder".

Ataques a la prensa independiente

El objetivo final de toda esta propaganda es crear la imagen perfecta de Aleksandar Vučić para acercarse a las masas. Angustiado por los problemas de su gente, Aleksandar ni come ni duerme. La jornada laboral normal no existe para él, y trabaja horas extras cada día para mantener a sus compatriotas. Se dice que fue el mejor estudiante de la Facultad de Derecho de Belgrado. Durante una tormenta de nieve en 2014, una cadena de televisión transmitió un vídeo en el que se le vía rescatando a un niño, lo que proyectó una imagen de salvador a ojos de la opinión pública. Los medios de comunicación manipulados por el Gobierno mostraron al señor Vučić como un gran hombre de estado, pero más importante, como un gran ser humano.

A mediados de la campaña electoral de 2017, se filtró una base de datos con información personal y números telefónicos de 400,000 ciudadanos serbios. Fueron elegidos al azar probablemente porque era fácil acceder a su información ya que no eran parte de un determinado grupo social. El propósito de la lista era permitir que los promotores contactaran a la gente en sus hogares, les preguntaran sobre las elecciones y les intimidaran un poco en el proceso. Al parecer, esta base de datos se podría haber creado al acceder a historiales médicos, listas de apoyo y con la ayuda de Telekom Serbia, la empresa de telecomunicaciones más importante del país. Ante nuestros ojos, una violación a las leyes diseñadas para proteger la información personal.

La propaganda es también una violación directa a la libertad de expresión, de prensa y al derecho a estar informados. Existen excepciones, pero los números caen en picado debido a los constantes ataques a periodistas. En 2014, la ONG Reporteros Sin Fronteras hizo hincapié en que la libertad de prensa en Serbia está en declive. La Asociación de Periodistas Independientes de Serbia (NUNS, por sus siglas en serbio) documentó 69 ataques a periodistas sólo el año anterior. Sucede todo lo contrario con los periodistas a favor del régimen, quienes reciben pagos para seguir instrucciones, escribir y decir lo que les dicen que digan. Ser objetivo y honesto en Serbia puede ser un problema. El único papel de los medios es suprimir la información acerca de los asesinatos políticos, corrupción, robos, abuso de poder y otros actos criminales típicos de nuestros políticos.

"Podemos cambiar las cosas"

La propaganda serbia está diseñada para que sea imposible de evitar, no importa cuanto lo intentes. Es cierto que la esperanza puede salir a flote y hacerte querer votar de manera diferente. Sin embargo, muy pronto, te das cuenta que nadie más que tú cree en algo; les han lavado el cerebro y tal vez sea tiempo de rendirte también.

Olga tiene 18 años y comenzará sus estudios en relaciones internacionales este año. Según ella, el error más grande es rendirse. "Cada voto es importante porque muestra que podemos cambiar las cosas incluso como individuos. Cuando se trata de cambios, debemos empezar por nosotros mismos".

Serbia es un país de contradicciones, repleto de líderes poderosos y ciudadanos humildes. El eterno conflicto entre los dos resulta en violencia y disturbios, pero el poder dinámico nunca cambia. Quedamos constantemente atrapados entre esperanza, expectativas de futuro, el peso del pasado y la incertidumbre del presente. La realidad puede ser absurda, inspiradora o simplemente graciosa, pero la mayor parte del tiempo es fría y oscura. Creemos equivocadamente que un bocadillo es nuestra salida, sin darnos cuenta que nosotros somos esa salida, somos el problema y solución.

Para vencer la manipulación del Gobierno, los serbios debemos reconocer la propagación de información falsa y reemplazar los bocadillos usados como "moneda política" con la verdad. De acuerdo con Miodrag, un estudiante de Informática de 19 años de Belgrado, hacer eso ayudaría a crear conciencia política en la gente. Menciona que "es la única solución para arreglar las malas decisiones en una sociedad democrática". Y el primer paso es tener acceso a la libertad de expresión.

Lo que de alguna manera es alentador es que, aunque puedan ser invisibles para la mayoría, un número cada vez mayor de jóvenes recurren a las redes sociales, protestas y movimientos juveniles para denunciar la situación política de Serbia. Pero todo puede ser en vano si no se vota. Anja, una estudiante de sociología de 20 años, defiende el hecho de que "las personas deben protestar a través de las elecciones y no con disturbios". Esperemos que este trasfondo invisible se vuelva visible en las próximas elecciones de 2020, y que los bocadillos representen solidaridad en lugar de propaganda.


Foto de Portada (cc) Unsplash

Translated from Ham or freedom: Propaganda in Serbia

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