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Andreu Claret: “Sarkozy evita que muera el Proceso de Barcelona”

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Política

El 13 de julio, París acoge una trascendental cumbre euro-mediterránea en la que el presidente francés, Nicolas Sarkozy, tratará de revitalizar el Proceso de Barcelona de cooperación entre la UE y los países de la cuenca del Mediterráneo.

“Si de París solo salen proyectos y no un alma política, una perspectiva de futuro ofrecida a los países del sur mediterráneo, no habremos avanzado nada”. Habla Andreu Claret, nombrado Director Ejecutivo de la Fundación Anna Lindh el 1 de julio pasado. Con sede en Alejandría, esta institución nacida en 2005 financia proyectos de cooperación entre asociaciones de la UE y del sur del mediterráneo (países MEDA). El Proceso de Barcelona, lanzado en 1995 en la cresta de la ola de euro-optimismo de la década Delors, aspira a crear una zona de libre cambio en 2010 entre la UE y la cuenca mediterránea, homologar sus regímenes a los principios de democracia y respeto de los Derechos Humanos y avanzar hacia una zona de paz entre vecinos. La diferencia de riqueza entre las dos riberas del Mediterráneo, entretanto, han pasado de 1 a 8 a favor del norte a 1 a 6.

Fue una idea del entonces presidente español Felipe González, quien pidió al dirigente alemán Helmut Kohl que pagara la factura. A cambio, el primero apoyó sin fisuras la Ostpolitik (literalmente, política del este, impulsada en Alemania para fomentar las relaciones con los países del este) propuesta por Kohl y recelada por Francia. Trece años después, cuando el Proceso comienza a ajarse, es Francia quien desea rescatarlo. Las novedades son una orientación de las ayudas enfocada más a proyectos económicos y financieros, como por ejemplo el impulso de las autopistas del mar, y una copresidencia compartida cada dos años que estrenarán Francia y Egipto y que estará asistida por un secretariado.

Claret, que prefiere ver el vaso de esta experiencia medio lleno, no duda en hacer crítica: “Mientras las ayudas a los países del este para su incorporación representaron 100 euros por habitante comunitario, de 1995 a 2007 solo han alcanzado los 10 euros las ayudas para los países MEDA”. Aun así, confía en que algún día exista un programa Erasmus entre los socios mediterráneos.

¿Qué méritos tiene la propuesta de Nicolas Sarkozy de impulsar una unión para el Mediterráneo?

Para empezar, evita que se muera el Proceso de Barcelona: lo vuelve a colocar en la agenda europea. En segundo lugar, propone usar el término ‘unión’, que es mejor que ‘colaboración’, habla más al ciudadano de a pie. Si se dota este término de contenido político, dando a entender que es un proyecto compartido y dibujando perspectivas que ilusionen a los países del sur, como hace la UE cuando insta a países de Europa a adaptarse al modelo comunitario con la perspectiva de adherirse a la UE, se dará un paso adelante. Por último, los cuatro capítulos en que se resume la propuesta del presidente francés –autopistas del mar, cambio climático, energía solar y carreteras- responden a necesidades claras en el Mediterráneo.

¿Qué oportunidades se desprenden?

Que los países del sur sientan el Proceso más suyo. Hasta hoy, lo han visto como un programa de la UE para ellos. Y no solo consiste en ayudar a los países del sur, sino en ayudarnos a nosotros mismos: puede ser un laboratorio para gestionar la diversidad dentro de la propia UE y además, en el futuro, si al mercado común europeo con 500 millones de habitantes, le sumamos el mercado de los países MEDA, con 450 millones de personas, la región podrá seguir teniendo relevancia a nivel mundial.

¿Qué mensaje envía usted a los eurodiputados al respecto?

Que sean más activos a favor del Proceso de Barcelona. Que la Eurocámara apoye más a la asamblea euro-mediterránea y a los parlamentos del sur para que sean más activos. Por último, propiciar políticas de apertura que eviten que la UE se encierre y encastille en sí misma.

Se acercan el año electoral: ¿cuál será el reto principal de las próximas elecciones?

Que Europa sepa gestionar su diversidad interna, para lo que debe gestionar su relación con sus vecinos del este y del sur.