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Un día en los campamentos de refugiados en París

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RawYo Tambiénrefugiados

Francia acaba de votar una de las leyes más estrictas en materia de inmigración. Se trata de un texto que seguramente complicará la vida a los refugiados que piden asilo. Me dirijo hasta Porte de la Chapelle, al norte de París, donde ahora más que nunca, las condiciones de acogida piden a gritos una solución.

"Yo también" es un proyecto editorial realizado por jóvenes periodistas europeos en colaboración con el Yo!Fest @the EYE2018, el encuentro anual de jóvenes más importante de Europa. A través de cinco reportajes abordamos algunos de los temas que más preocupan e interesan a la generación milenial. Esta semana hablamos de refugiados y migrantes.

Son las ocho y media de la mañana. Algunas personas se dan cita en la explanada de Nathalie Sarraute para servir un desayuno a los refugiados que pasan la noche en La Chapelle, en el decimoctavo distrito de París. Dentro de unas horas, serán otros los que frecuenten la zona. El bar restaurante Les Petites Gouttes, uno de los lugares de moda, despliega sus tumbonas para que un disyóquey ofrezca una sesión de ambiente joven y dinámico. Se juntan todos los elementos para pasar un buen rato; hay alfombras bereberes, máquinas recreativas y hasta un fotomatón.

"El fin de este maldito mundo"

Estoy con Samir * (se ha ocultado su nombre real), un profesor de historia de origen sirio que llegó a París en septiembre de 2016. Paso el día con él para descubrir los diferentes campos de refugiados que se han instalado al norte de la capital. Samir, que era profesor en Daraa (en el suroeste del país), dejó Siria a finales del 2012 para llegar a Francia cuatro años más tarde. Le entristece ver a tantas personas dormir en las calles de la ciudad. Por eso, dedica gran parte de su tiempo a escuchar y ayudar a los recién llegados. Según él, se ha roto la comunicación entre el Gobierno francés y los refugiados. "Los nuevos programas sociales solucionarán los problemas relacionales. Los refugiados deben abrir sus corazones a los franceses para que el Gobierno pueda así buscar la integración de estas personas teniendo en cuenta su identidad cultural", subraya. Para Samir, es primordial darles una ayuda moral o financiera, ya que es la falta de apoyo la que origina las divisiones. "Debemos ofrecérsela a todo el mundo, no solo a los refugiados. El sentimiento de abandono es el responsable de la vergüenza y el que ahonda en las diferencias sociales".

Samir me invita a acompañarle justo enfrente, donde se muestra un panorama totalmente distinto. Hay una mesa dispuesta a lo largo de una pared y, de espaldas a esta, algunos voluntarios se dedican a sacar termos y vasos de plástico de cajas de cartón. Todas la mañanas, frente al polideportivo Michèle Ostermeyer, la asociación Quartiers solidaires reparte té, café, chocolate caliente, pañuelos de papel, ropa de abrigo y mantas. Un grupo de refugiados se dirige hacia el puesto con timidez para encontrarse con los voluntarios. "Hoy son una quincena. Hasta hace poco, eran doscientos". Ataviado con una boina y una bufanda roja, Benoit Alavoine asegura la distribución mientras se pregunta: "¿A qué se debe este cambio? Se acerca el Ramadán. No están obligados a hacerlo, pero lo hacen de todas formas. Muchos están en La Villette y viven en el nuevo campo para dos mil personas", explica el hombre, ya entrado en los cuarenta. Desde que el pasado 30 de marzo se cerró el centro de acogida humanitaria de La Chapelle, los refugiados se han visto forzados a encontrar otro sitio donde dormir. Sin embargo, se suponía que dicha instalación guiaría a los inmigrantes dentro de las estructuras adaptadas para ellos. Son las nueve y media pasadas. Los voluntarios abandonan sus respectivos puestos para irse a trabajar. Yo decido coger el relevo con Samir y me pongo con las tostadas. Aprovecho para entablar conversación con los refugiados in situ. La mayoría viene de Sudán y de Eritrea.

Unos días antes, fui al famoso centro. Era el mismo día de su cierre. La dirección, compartida entre Emmaüs y el Ayuntamiento de París, explicaba que aunque se cerrara, se abrirían cinco establecimientos para asegurar la transición (la fecha sigue en el aire, Nota de la Edición), sobre todo en la región parisina. En las inmediaciones del establecimiento se siente una presión tan cargada como las nubes del cielo. Una familia siria se apoya en un árbol. Delante de los pórticos, un agente vela por la seguridad. Sin "certificado de acogida", es imposible pasar. No obstante, me percato de que no se da el mismo trato al grupo de personas que está enfrente de mí, que entra sin problemas en el recinto. Entre ellas, reconozco al joven actor Alex Laughter, protagonista de la serie puntera del momento The End of the F*** World. Ha venido como asistente a una presentación que tiene lugar en "la bulle" (en español, "la burbuja"), un teatro itinerante en forma de cúpula instalado provisionalmente en el barrio.

El sitio mezcla parisinos y refugiados en torno a un espectáculo semanal titulado "Hope Show", literalmente "el show de la esperanza". La asociación británica Good Chance Theatre está al cargo de esta representación. Ghadir Abbas, un joven iraquí de veintidós años que fue acogido durante veinticuatro días en el centro, forma parte de las pocas personas que encontraron un alojamiento tras el cierre del establecimiento. "Me transfirieron de manera provisional a un hotel en Argenteuil. Allí viví con otro refugiado iraquí", me explica mientras señala con el dedo a su amigo, hoy en silla de ruedas. Tras haber perdido a varios miembros de su familia en el transcurso de los enfrenamientos con Dáesh, el joven nativo de Bagdad decidió abandonar Irak. "He vivido siempre sumido en la oscuridad", cuenta con los brazos llenos de cicatrices. Como el 90% de los hombres que fueron recibidos durante el primer dispositivo de acogida de La Chapelle, Ghadir se encuentra en un callejón sin salida debido a la normativa Dublín II, que obliga a depositar su expediente en el primer centro europeo donde fue controlado. A él le tomaron las huellas dactilares en Finlandia, pero el país denegó sus cinco demandas de asilo. "Me dijeron que Irak es seguro en la actualidad y que debía regresar". Eso hizo antes de llegar a Francia finalmente.

Una política de obstáculos

Un total de 2,5 millones de personas pidieron asilo en Europa en 2015 y 2016. El artículo 15 del sistema Dublín se ha convertido en objeto de numerosas críticas. Estas subrayan su considerable impacto humano debido a su ineptitud administrativa. Yann Manzi, cofundador de Utopia 56, una importante asociación de La Chapelle, trata de amortiguar este coste obrando en favor de la acogida voluntaria de refugiados. El organismo, de más de seis mil miembros, denuncia con fuerza una política "de selección y de expulsión", razón por la cual se retiró del centro humanitario. Según el cofundador, esto revela una "injerencia negativa" por parte del Estado destinada a hacer caer a los inmigrantes en su trampa.

"En Francia y Europa, todo está hecho para disuadirles y evitar que vengan", considera Yann a propósito de la política de "no acogida" del Gobierno de Macron. "Cuando los acogen de mala manera, transmiten un mensaje claro. En Francia, los inmigrantes constituyen el 0,7% de la población. Hay que darse cuenta de que se trata sobre todo de un problema político", denuncia haciendo referencia al ascenso del nacionalismo en Europa. Hay quienes con sus palabras reflejan la cólera de numerosas asociaciones en lo referente al nuevo proyecto de ley sobre asilo e inmigración, presentado por el ministro del Interior Gérard Collomb. Este proyecto, votado en primera lectura en la Asamblea Nacional el pasado 22 de abril, prevé reducir los retrasos en las peticiones de asilo y mejorar las expulsiones. Es una visión de la inmigración que provoca muchas polémicas en el país, ya que acerca la política migratoria del Gobierno a las medidas del Frente Nacional. "Es algo inédito. Con esta nueva ley que se está preparando, el Gobierno tendrá el derecho a encerrar a las personas afectadas por el sistema Dublín", señala el voluntario refiriéndose a la duración de la retención que, según el documento de ley, pasaría de cuarenta y cinco a noventa días. Serían más aún si el refugiado insiste en hacer valer sus derechos.

Damos media vuelta en dirección al bulevar de La Villette. Samir me quiere enseñar la afamada "acera de la vergüenza", enfrente de la plataforma de asilo France Terre, destinada a la acogida de los demandantes de asilo (PADA). Varios campamentos improvisados se alinean a lo largo de la acera. Para poder acceder a los locales, los refugiados duermen allí mismo, puede que incluso varias noches seguidas. "Mientras el procedimiento de acceso al alojamiento sea tan complicado, habrá refugiados en las calles de París", Pierre Henry, director general de la plataforma, comparte conmigo su opinión.

Solidaridad, altercados y talibanes

Ahmet (el nombre ha sido modificado), un joven afgano de veinte años, vive desde hace diez días en una tienda de campaña compartida con un amigo. Los dos tuvieron que abandonar Afganistán tras los problemas de seguridad causados por los talibanes. Ahmet dejó Kabul en 2015 con el apoyo de su familia. Durante su epopeya, atraviesa Irán, Turquía, Yemen, Macedonia, Hungría y después Suecia, donde termina por encontrar refugio en una casa asignada por el Departamento de Inmigración sueco. Sin embargo, fue una experiencia corta, ya que al final corrió la misma suerte que Ghadir y fue expulsado. "El examen de demanda de asilo tenía lugar cada tres meses. Pese a la acogida inicial, al final me dijeron que debía volver a Afganistán porque ya no había más talibanes y, por lo tanto, ya no existía peligro", cuenta. Deja Suecia para marcharse a Alemania y se instala en Hamburgo, en un campo para dos mil personas. Allí conoce a Fazil* (se ha ocultado su nombre real), el amigo afgano con el que comparte ahora su tienda. Los dos hombres ignoran que la plataforma de acogida se va a trasladar al bulevar Ney. "Probablemente a principios del mes de mayo", precisa Pierre Henry. Una solución insuficiente según él. "Hace más de un año que vengo diciéndolo. Necesitamos un dispositivo nacional de primera acogida en forma de centros repartidos por todas las capitales regionales". Entretanto, las condiciones de higiene y seguridad se degradan para los solicitantes de asilo.

"Ayer por la noche hubo un altercado", me cuenta Ahmet. Unos refugiados que venían de otro campamento nos atacaron. La policía vio la escena, pero no hizo nada". Es un asunto de sobra conocido por los vecinos, que lamentan también estos problemas de violencia e insalubridad. Ahmet comenta la bondad de los habitantes del barrio, que le ofrecen mantas y comida. Sin embargo, dice que sus prioridades van más allá de eso. "Me gustaría volver a la escuela. Tengo ganas de aprender y de trabajar. El alojamiento vendrá después".

Las horas pasan y me doy cuenta de que Samir es alguien conocido en el barrio. El expatriado sirio se convierte de pronto en un ángel de la guarda para los miembros del Good Chance Theatre, los de la asociación Quartiers solidaires, los comerciantes y los lugareños. A la hora del desayuno, un hombre acude a su encuentro para confiarle su situación y hablar. Aunque es bastante reservado en su día a día, Samir escucha a todas las personas con las que se encuentra. "Es una red de amistades", la que le ha permitido encontrar un trabajo y alojamiento con éxito.

Mi día llega a su fin. Le agradezco a Samir que me haya dedicado su tiempo y me dirijo hacia la estación de metro de Jaurès. El trayecto hasta la siguiente parada ofrece una fantástica vista aérea del bulevar. A lo lejos del canal de L'Ourcq, alcanzo a ver la terraza del Point Éphémère y, a sus pies, un enjambre de tiendas multicolor. En el bar, comienzan a bailar.

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Cafebabel es medio colaborador del Yo!Fest, un evento juvenil que cada año organiza el European Youth Forum en el Parlamento Europeo, en Estrasburgo. Durante dos días se organizan debates, talleres, conciertos y encuentros artísticos. El festival se enmarca dentro del European Youth Event - #EYE2018 y a él acuden más de 8,000 jóvenes de todos los rincones de Europa para expresar su punto de vista sobre temas que les interesan o preocupan. A través de una serie de reportajes, reflexionamos sobre los cinco temas del festival: Keeping up with the Digital Revolution (Revolución digital), Staying Alive in Turbulent Times (Vivir en tiempos caóticos), Working out for a Stronger Europe (Por una Europa mejor formada), Protecting our Planet (Medio ambiente) y Calling for a Fair Share (Igualdad de oportunidades). Sigue el evento en EYE y Yo!Fest.

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Translated from Réfugiés : ma journée dans les campements parisiens

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