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Transnistria, albergues con alma combativa

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Durante diez años, Dmitri, un activista convencido, vivió embarcado en proyectos de paz y reconciliación entre Moldavia y Transnistria, un estado no reconocido entre Ucrania y el río Dniéster. Pero un día, él y sus compañeros comenzaron a preguntarse para qué servían sus acciones. Fue entonces cuando decidieron abrir dos albergues en Tiraspol.

Cuando buscas una habitación en Tiraspol (Transnistria) en Booking.com, el Lenin Street Hostel es el único albergue al que puedes acudir. Y a pesar de no tener competencia, una vez que estás en esta república sin reconocimiento oficial, resulta difícil dar con él. Tras muchas vueltas lo conseguimos, con los visados en el bolsillo y el control de fronteras superado.

El albergue se sitúa en una de las principales calles de Tiraspol, la Lenin Street, justo detrás de un bloque tradicional de viviendas de la década de 1950. En la entrada hay una escalera como la de cualquier edificio residencial. Dmitri, un joven treintañero que regenta el lugar, da la bienvenida a los visitantes en la puerta del primer piso. El alojamiento podría pasar por un albergue normal de cualquier ciudad europea si no fuera porque las paredes de las habitaciones están llenas de reminiscencias comunistas: retratos de Lenin, banderas soviéticas y mapas de otra época. Si la nostalgia tuviera un olor, sería este. La acogedora bienvenida de Dmitri contrasta con nuestro cansancio. Hemos viajado desde Chisináu con un sol que no daba tregua.

¿Adiós al activismo?

Un amigo de Moldavia nos recomendó pernoctar en el albergue de Dmitri y aprovechar la oportunidad para charlar con él durante nuestra estancia. Ambos se conocieron gracias al activismo. Hace unos años, nuestro anfitrión era uno de los activistas más comprometidos y respetados de Transnistria, hasta que un día decidió dejarlo: "Fui entendiendo poco a poco que había una completa falta de voluntad por parte del Estado de participar en acciones ciudadanas para alcanzar la paz. Además, comencé a criticar la dependencia de financiación externa que tenían las ONG. No creo que los problemas internos deban resolverse con ayuda económica del exterior".

En un primer momento, a Dmitri lo movía simplemente su deseo idealista de mejorar las condiciones sociales de la población. Sin embargo, algunas experiencias concretas le hicieron ser mas práctico: "Si el Estado no te ayuda y la sociedad no te escucha puede ser por dos razones: que no haya problema, o que sí exista y la gente no quiera resolverlo. Así pues, tras diez años nos preguntamos: '¿Realmente vamos a resolver el problema así?'". La respuesta fue "no", por lo que Dmitri abandonó el mundo del activismo institucional.

Pero esto no significa que dejara de lado su deseo de cambio social. Él y sus amigos comenzaron a buscar otras maneras de aportar su granito de arena. "Nos dimos cuenta de que los problemas solo pueden solucionarse con el compromiso del Estado y, especialmente, de los actores económicos. Me alegra saber que no estaba equivocado. La economía es el tablero perfecto para encontrar soluciones", cuenta. Dmitri y alguno de sus compañeros se aventuraron en un territorio desconocido, conservando los mismos ideales, y abrieron dos albergues en Tiraspol, capital de Transnistria. Actualmente, reinvierten los beneficios en actividades sociales.

Una vez hecho el check in en el Lenin Street Hostel, Dmitri nos invita con orgullo a conocer su segundo albergue. Al día siguiente, quedamos en el Red Star Hostel, donde Dmitri nos da la bienvenida y nos invita a tomar algo. A pesar de su nombre (Estrella Roja), este recentísimo establecimiento (que abrió sus puertas en el verano de 2017) parece menos nostálgico que el Lenin Street Hostel. El espacio es moderno, con una gran y única estancia y un amplio jardín para acampar delante del edificio. Hay una enorme estrella roja colgada sobre el muro blanco de la entrada.

Al preguntarle por lo que están haciendo actualmente, Dmitri sonríe y se explica: "Además de nuestros proyectos hoteleros, también tenemos tiempo para el voluntariado. Por ejemplo, ayudamos a las personas sin hogar. Destinamos el 25% de nuestros beneficios a ayudarlas, sobre todo en lo relativo a la comida y a obtener los papeles adecuados". La ayuda básica que prestan es más que fundamental en un Estado que no puede proporcionar asistencia social a aquellas personas que más la necesitan. Hoy en día, el 95 % del PIB de Transnistria depende de Rusia. Por lo que, el estado del bienestar es bastante secundario.

Sin salida

Tal y como señala Dmitri, "por supuesto que es importante que haya activismo ciudadano en cualquier sociedad, pero en Transnistria, dado su estatus, es incluso más relevante, aunque también genere controversia". Desde la guerra de independencia de 1992, Transnistria ha sido un estado de facto, (de hecho, pero no de derecho) sin reconocimiento a nivel internacional ya que, de iure (de derecho), este pequeño territorio, situado entre el río Dniéster y Ucrania, forma parte de Moldavia. Para Dmitri, Moldavia y Transnistria son dos estados diferentes separados por el río Dniéster, tanto política como socialmente. "Los jóvenes tienen más oportunidades al otro lado. Desde que la inversión extranjera en Moldavia es mayor, existen más posibilidades de empleo, educación y tiempo libre. Aquí hay menos, desafortunadamente".

Sin embargo, Dmitri afirma que el reconocimiento internacional no es su principal ambición: "Acabaría con Transnistria hoy en día, a no ser que el Estado encontrara a alguien capaz de incentivar la economía hasta un nivel de estabilidad". Dmitri piensa que una solución podría ser incluso "convertir a Transnistria en un paraíso fiscal". Además del factor económico, un país de verdad también debería "contar con una serie de mentes brillantes en el extranjero dedicadas a tareas de promoción y defensa y a hacer que el país sea visible y tenga éxito". Continúa: "¿Qué pasaría si Corea del Norte declarara la guerra a Transnistria? La actual falta de reconocimiento no es el mejor escenario, pero en este momento es el único posible, el único que da resultados", concluye.

Clichés, comunismo y cambio

Muchos medios de comunicación occidentales suelen describir Transnistria como un lugar poco acogedor, donde las actividades delictivas e ilegales han estado a la orden del día desde la guerra. Dmitri es consciente de lo que se cuenta, pero no se achanta: "Muchas de las cosas malas sobre Transnistria las han escrito personas que nunca han estado aquí". Dmitri ha alojado a varios periodistas en sus albergues y se ha dado cuenta de algo: "Muchos vienen con su artículo ya escrito. Solo quieren completar los huecos con nombres y lugares y sacar alguna foto actual". Parece que es más fácil vender un artículo donde Transnistria es descrito como un lugar malo, con una esencia todavía soviética. "No vayas, siguen diciendo, y, si vas, serás un héroe porque sobreviviste".

Nada más lejos de la realidad, ya que la opinión de aquellos que de verdad visitan el país a menudo desafía esta narrativa. "Por supuesto, todos notan que la actividad económica es más próspera en Chisináu, pero dicen que en Transnistria la gente es más acogedora y las calles están más organizadas y limpias. Hay menos gente por la calle, es verdad, pero la que hay es más amable", explica Dmitri.

El periódico alemán Der Spiegel recientemente denominó a Transnistria como "la última pieza restante de la Unión Soviética". Pero ¿qué piensa la población local de la Unión Soviética y el comunismo? "Seguimos valorando los principios comunistas. La gente todavía cree en una sanidad y un sistema de protección social gratuitos, por ejemplo. Las personas mayores, en particular, creen que en algún momento la sociedad alcanzará un nivel donde todos seamos iguales y tengamos lo necesario. Para una parte de la población, los símbolos comunistas todavía poseen un significado importante. Yo, personalmente, los valoro. Están relacionados con épocas malas y buenas. Para mí, esos símbolos son reminiscencias de una era que cambió el mundo en cierta manera y que no hay que volver a repetir por supuesto, pero valoro la época en la que esos símbolos eran relevantes y los entendía todo el mundo, dentro y fuera de la URSS", explica Dmitri.

No obstante, tras el colapso de la URSS, llegó Rusia. Para muchos, Moscú representa una especie de segunda capital. "La gente siempre necesita creer en algo grande. Es más fácil vivir así. En este sentido, sí, una parte de la población siente nostalgia cuando piensa en la URSS". Sin embargo, Dmitri nos cuenta que nadie se niega a aceptar que los tiempos han cambiado y que ha llegado la hora de abrir Transnistria al mundo exterior para estimular la débil economía del país.

A pesar de la abundancia de símbolos comunistas por todas partes (la bandera de aquí todavía luce la hoz y el martillo), la Transnistria actual se asemeja a cualquier otro país moderno, donde ciudadanos como Dmitri se esfuerzan por crear una sociedad desarrollada e inclusiva.

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Foto de portada: Marco Carlone

Este artículo ha sido escrito por Marco Carlone, Martina Napolitano y Simone Benazzo, y fue publicado originalmente el 26 de febrero de 2018 en Voices Of Change, un proyecto narrativo sobre jóvenes activos política y socialmente en países en vías donde la democracia hace aguas.

Translated from Transnistria: Bringing change, one hostel at a time

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