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Shoemaker a tus zapatos

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Default profile picture Puri Lucena

Torre de BabelSociedad

No hace mucho, en España, los nombres propios en otros idiomas se traducían al español y hay quien llegó a conocer a un tal Guillermo Shakespeare. Pero, ¿qué pasaría si tradujéramos los apellidos foráneos a nuestra propia lengua?

No nos extrañemos. Si hacemos una búsqueda en internet, no son pocos los que fuera de las fronteras de la Península Ibérica hacen una acotación detrás del ejemplo español más famoso para explicar su significado: José Luis Rodríguez Zapatero (Shoemaker), que por cierto, podría ser familiar del piloto de Fórmula 1, Michael Schumacher, con el que comparte nombre de familia. 

Imagina la situación. En una cumbre europea de ministros del Interior, al anunciar a los participantes, el italiano Roberto Maroni es llamado Roberto ‘Cojones’… desde luego, no es muy diplomático. Siguiendo con la política, tal vez el ejemplo más claro (y más políticamente correcto que el anterior) es el alemán Helmut Kohl, cuyo apellido significa ‘col’, una verdura de la que también deriva el apellido del famoso periodista polaco Ryszard Kapuscinski (Kapusta, ‘col’). 

Pero también encontramos que la socialista francesa Ségolène Royal podría tener sangre ‘real’, lo que, recuerda nuestro editor francés, no es precisamente muy democrático. Y si seguimos con el juego, el candidato a las próximas elecciones polacas, Jaroslaw Kaczynski, hermano del fallecido presidente, tendría que ser llamado ‘Pato’. Pero parece que no es muy práctico como eslogan de campaña.

Sin duda, algunos personajes perderían mucho glamour si esta práctica se extendiera. A la exuberante Claudia Schiffer tendríamos que llamarla Claudia ‘Pescador’, y el modisto Karl Lagerfeld sería, literalmente, Karl ‘Almacén’. Por otra parte, la familia más rica de Italia, los Agnelli, podrían protagonizar su propia serie de televisión que se llamaría… ‘Los corderos’. Desde luego, hay a quien su nombre le viene como anillo al dedo. Es el caso del jefe de la policía italiana, que (no es broma), se llama Antonio Manganelli, es decir, Antonio ‘Porras’. Muy apropiado. 

En Francia los encontramos poco modestos. El cómico políticamente incorrecto Dieudonné, ‘se entrega a dios’ en cada espectáculo. Por el mismo camino va Gérard Depardieu, que ni corto ni perezoso, afirma ser un enviado de dios.El Reino Unido tiene su particular versión en esto de los nombres y, si bien no los traduce, los modifica al gusto, algo que no siempre sienta bien al que recibe el apodo. Y es que a Madonna no le hace ni chispa de gracia que le hayan rebautizado como ‘Magde’, un nombre muy de señora mayor (aunque no hay que olvidar que la reina del pop ya tiene sus años). O el ex beatle Paul McCartney, que es llamado por los tabloides Macca por su apellido gaélico.

Pero sin duda es en el fútbol donde se encuentran los ejemplos más graciosos. Si nos ponemos en situación, podemos imaginar la retransmisión de una competición europea con una extraña selección así: “Bastian ‘montado sobre un cerdo’ (Bastian Schweinsteiger) pasa el balón al ‘constuctor de piscinas’ (Franz Beckenbauer, olvidaos de eso de ‘El Kaiser’), pero éste se despista con ‘bufón’ (el italiano Gianluigi Buffon), lo que hace que el entrenador Del Bosque arda en cólera… Con partidos así, sería imposible prestar atención al balón.

Imagen: ©[noone] / Flickr

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