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¿Nuevos gobiernos y posibles piedras en el zapato?

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Política

Con la llegada en varios países europeos de una nueva generación de líderes al poder, ¿es Europa más euroescéptica?

En una pequeña aldea gala... y ambigua

Nicolas Sarkozy ha ganado las elecciones en su país con un discurso conservador, pero haciendo guiños a la izquierda. Liberal en algunos aspectos (como la reducción de impuestos sobre las horas suplementarias trabajadas), pero proteccionista en otros (como la protección de sectores estratégicos tales que la energía). En el ámbito europeo tampoco escapa a esta ambigüedad, moviéndose entre la reafirmación nacionalista y su voluntad de dar un nuevo impulso a Europa. No se opone a una mayor unificación política, pero exige que tenga límites claros. En cuanto a la Constitución, como buen político, su punto de vista ha ido cambiando en función de las circunstancias: del “sí” en 2005 a un “minitratado” ahora.

El pasado 5 de marzo, durante una convención del Partido Popular español (conservadores), habló de Europa sin tener que medir sus palabras en clave electoral. Pese a reconocer la necesidad de dar un impulso a la Unión, jugó con los tópicos de la Europa “opaca” y “poco eficaz”, que muchos perciben “como una amenaza”. Luego, dijo refiriéndose a su país: “Algunos pueblos no aceptan ver su identidad, y sus referencias políticas y culturales perderse en el conjunto”. Aunque su nuevo cargo le obligará a actuar con pragmatismo, parece querer tener en cuenta las inquietudes del nacionalismo temeroso de la construcción política europea.

Mientras, al otro lado del Canal…

El 27 de junio, Tony Blair dejará su puesto a la cabeza del Partido Laborista y como Primer Ministro británico en favor de Gordon Brown, actual ministro del Tesoro del Reino Unido. Blair, un político complejo, tampoco ha tenido muy claras sus relaciones con Europa, a la que concibe sobre todo como un gigantesco mercado libre: ¡ya es algo para el país euroescéptico por excelencia!

En cambio, la postura de Brown es menos entusiasta que la de su predecesor. En 2005 publicó Global Europe, un breve informe sobre su visión de Europa y el “europeísmo realista”. En él explicaba cómo “Europa es tan sólo políticamente útil para Gran Bretaña porque ayuda a afrontar amenazas globales”. En dicho libro, apuesta por ahondar en el libre mercado y mantener “la primacía del interés nacional”.

La desconfianza polaca

El reciente conflicto diplomático entre Estonia y Rusia cuando las autoridades estonas retiraron de la capital, Tallin, un monumento en honor a los soldados rusos que liberaron Europa del nazismo, ha puesto a prueba la solidaridad de la Unión. Ésta salido bien parada, sin embargo los países de Europa del Este aún desconfían en muchos casos de sus nuevos aliados. El caso más paradigmático sería el del actual gobierno polaco.

Polonia recurre en exceso al veto en las negociaciones energéticas entre la UE y Rusia. Se debe, sobre todo, a su temor a ser dejada de lado en la construcción de un futuro oleoducto a Alemania a través del Báltico. La memoria de un pasado conflictivo con ambos países sirve para alimentar la suspicacia. En Bruselas tampoco aplauden la estrecha alianza de Polonia con los EE UU, ni la instalación de “cárceles secretas” de la CIA tanto en este país como en Rumanía.

Polonia está molesta por el nuevo procedimiento de toma de decisiones que se quiere aplicar en el Consejo europeo con el nuevo “tratado simplificado”. Al igual que España, accedió a reducir sus escaños en el Parlamento Europeo de 64 a 50 a cambio de más votos en el Consejo. Sin embargo, el sistema acordado en Niza para el Consejo ha sido sustituido por la doble mayoría, que requiere el acuerdo del 55% de los miembros y el 65% de la población. Así, ha renunciado a sus parlamentarios sin haber obtenido nada a cambio, y trata de recuperar parte del poder perdido.

Rumanía: algunos sienten nostalgia

Rumanía ha logrado acceder a la Unión Europea a comienzos de este año. Las expectativas de las ayudas europeas, por ejemplo a la agricultura, que ocupa al 32% de los rumanos, han creado una opinión favorable a la integración. Una integración que en algunos miembros ha despertado recelos; España, entre otros, ha limitado la libertad de entrada a ciudadanos rumanos de manera temporal.

El Partido de la Gran Rumanía recoge el voto de los descontentos con el sistema, y puede llegar a ser la válvula de escape del antieuropeísmo. Es el tercer partido más importante del país, y forma parte del Grupo Parlamentario Europeo ultraderechista Identidad, Tradición y Soberanía. Su nacionalismo a ultranza, en particular su intolerancia con la minoría húngara del país, genera suspicacias entre los vecinos. Como sus homólogos europeos, apela a una identidad nacional excluyente, que mezcla con nostalgia del pasado comunista. Si triunfa en la actual coyuntura de inestabilidad institucional rumana, el nacionalismo radical rumano puede ser otra piedra en el zapato de la construcción europea.

Fotos: Sarkozy (Guillaume Paumier/flickr); Brown (Tim Waters/Flickr); Kaczynski (Comisión Europea); Casa Poporului (TM_Boris/Flickr)