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Lo bueno, lo feo y lo más europeo de Sitges 2012

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Cultura

En efecto, hemos necesitado un tiempo para analizar el 45º Festival Internacional de Cine de Cataluña. La edición de este año ha sido especialmente disfrutable y ha contado con algunas películas que han dado mucho que hablar (Cosmopolis, Holy Motors y Lo imposible) y otras que lo darán (The Lords of Salem, Spring Breakers y Antiviral). Generosa cosecha de 2012.

Un —largo— mes después de que finalizara el festival de Sitges de 2012 (por cierto, clausurada por la estupenda Looper de Rian Johnson), me dispongo a analizar, con la distancia, cómo ha ido esta edición del evento de cine fantástico más importante del mundo. Edición que, para mí, ha sido la primera, por lo que me he desvirgado a lo grande: durmiendo poco, tomando mucha Coca-Cola y haciendo colas repletas, en ocasiones, de verdaderos frikis del género. Valió la pena.

Lo mejor del Festival

1. Holy Motors de Leos Carax

La gran triunfadora del festival, Holy Motors, que arrasó en el palmarés con los premios a Mejor Película, Mejor Director y Méliès de Plata a la mejor película europea, ya sorprendió a propios y extraños en el pasado Festival de Cannes. Una película para esta nueva década que funciona como carrusel surrealista en el que Carax habla de la muerte del cine, de los géneros y de la crisis de identidad de los tiempos que corren. Un ejercicio pajillero, delirante y con algún que otro despunte de violencia que hizo las delicias de críticos y público en el festival.

2. Spring Breakers de Harmony Korine

La sesión sorpresa de Sitges dejó noqueado al público desde el momento en que se reveló el título que se proyectaría el último sábado. Spring Breakers, del subversivo Harmony Korine, se llevó la pitada más grande que escuché en el festival y, sin embargo, fue la mejor película que mis ojos vieron en esos diez días de cine. Una película extrema y exagerada que cuenta el viaje hortera, fiestero y lleno de juventud de cuatro adolescentes (atención al reparto Disney, maravilloso) que acaban sumergidas en un mundo de drogas, sexo y crimen de la mano de un rapero narcotraficante, interpretado por el siempre oportuno James Franco. Todo estética de la violencia y Britney Spears. Lo más.

3. Cosmopolis de David Cronenberg

Otra película proyectada con anterioridad en Cannes y con disparidad de reacciones entre la crítica fue Cosmopolis de David Cronenberg. Podría funcionar perfectamente en un pase doble con Holy Motors. Y no solo porque en las dos asistimos a un viaje en limusina repleto de personajes extraños, sino porque ambas hablan directamente sobre esta década, la que estamos empezando. Cosmopolis es densa en su discurso, pero acierta de lleno en su reflejo de una sociedad perdida y con un futuro oscuro e incierto. Fabuloso Robert Pattinson, por cierto. Y ojo a Brandon Cronenberg, hijo de David, que presentó también en el festival Antiviral, una obra de suspense sexy y desagradable que más bien parece una película de la primera etapa de su padre. Una joya.

Lo peor del festival

1. Area 407, Paranormal Activity 4 y el metraje encontrado

El found footage, o películas rodadas con la cámara en mano, tuvo un lugar señalado en el festival: ya en el póster que ilustraba esta edición aparecían señas de dicha presencia. Películas como V/H/S, un tanto decepcionante, o la fantástica The Bay demostraron que a este género todavía le queda margen para seguir sorprendiendo. Sin embargo, muestra ya síntomas de claro desgaste y el público más ferviente de Sitges, el que se queda a las maratones que duran hasta las seis de la mañana, tuvo que sufrir dos nefastas películas a horas intempestivas: Area 407 y Paranormal Activity 4. La primera prometía. Un found footage con claras intenciones de Serie B cuya vuelta al género esta vez consistía en añadir dinosaurios a la ecuación. Pero, digo yo, ¿en una película sobre dinosaurios no deberían aparecer dinosaurios? Aburrida e irritante, fulminó completamente a los valientes que se quedaron a su pase de las dos de la mañana. Ni el Red Bull pudo con ella.

La otra, Paranormal Activity 4, formaba parte del maratón sorpresa del último sábado y suponía su estreno mundial. Una película aburrida y un tanto estúpida que guardó para el último minuto la única escena realmente aterradora. Una auténtica pena ya que, a pesar de que desde su comienzo esta saga ofrecía más bien poco al género de terror, en la entrega anterior, Paranormal Acitivity 3, conseguían exprimir de manera bastante vistosa lo que podría dar de sí este rentable experimento.

2. La realidad más inverosímil

Otro tema recurrente en esta edición de Sitges fueron las películas basadas en hechos reales o con un carácter de realismo poco frecuente en el cine de género. Incluida la maravillosa Lo imposible de Juan Antonio Bayona, que pudo verse en el festival una semana antes de arrasar en las taquillas españolas, o el puro entrenimiento gore de Aftershock de Nicolás López: filme que comienza de la peor manera posible, como un chiste de gañanes alargado y poco divertido, y que se va ganando al espectador a ritmo de thriller para culminar en un final francamente precioso.

Sin embargo, algunas de estas cintas dejaron un sabor agridulce. Chained, de Jennifer Lynch, a pesar de no estar basada en hechos reales, intenta acercarse de manera realista a un caso de secuestro un tanto extremo. Aunque la película se disfruta, tiene en su contra dos frentes: recuerda en su forma a los telefilmes alemanes que pasan las cadenas generalistas españolas los domingos por la tarde y su final resulta tan patillero y sacado de la manga que cabrea lo que no está escrito.

También nos deja algo fríos Compliance. Esta vez sí basada en hechos reales —al parecer, muy fiel a la historia real—, la película tiene la tensión suficiente como para mantenernos pegados a la butaca. Pero en un punto determinado de la trama todo se vuelve muy inverosímil y, claro, si nos pones una cartela al principio que indica “Basada en hechos reales”, luego no puedes sacarme de la historia con algo demasiado loco. Aunque haya ocurrido de verdad.

La huella europea

El panorama europeo estaba representado esta vez por películas que tuvieron bastante éxito en el festival. Por un lado, la hilarante Sightseers de Ben Wheatly. Un viaje en caravana por la campiña inglesa que es una continua sucesión de momentos extraños, incómodos y repletos de un humor muy negro. Fantásticos la pareja protagonista y el guión, que terminó llevándose el premio del jurado.

El equipo de la película en la gala de inauguración del festival.

Reino Unido también tuvo su representación con Berberian Sound Studio de Peter Strickland: un homenaje formal al cine italiano que no dejó indiferente a nadie. El hombre de las sombras del francés Pascal Laugier, director de esa polémica obra maestra llamada Martyrs, nos dejó algo descolocados. Una cinta de suspense con atmósfera de cuento de terror que tras varios giros un tanto engañosos termina por convertirse en una denuncia social un tanto polémica.

La representación española más destacable vino de la mano de El cuerpo de Oriol Paulo, que inauguró este festival y horrorizó a los que pensábamos que íbamos a ver algo en la línea de Los ojos de Julia de Guillem Morales; Invasor, que nadie sabía muy bien qué pintaba allí; y O apóstolo de Fernando Cortizo, un cuento de animación gallego que entusiasmó al público.

Imágenes: cortesía de © Indomina y © Agnes García Segura. Vídeos: trailersyestrenos/YouTube y epicpicturesgroup/YouTube.