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La esperanza en 2011: Encontrar esa isla

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arethafrancis

Esta vez es demasiado. Demasiado malo para Grecia. Ya está decidido, será esta noche. Thomas coge un barco y adiós.

Thomas tenía pesadillas. La primera noche en el mar fue terrible. Soñaba que navegaba en una plancha de billetes de madera –dracmas griegos- por encima de una enorme deuda representada por una especie de ola que susurraba “AAA”. Incomprensible. Cuando se despertó, estaba en pleno centro del mar Adriático. Por fin solo. Por fin lejos.

¿Seguirás amándome?Thomas estaba harto. Grecia se equivoca. Él lo sabe y por eso se va. De repente, puede ver, puede sentir, como una corriente cálida, una potencia le atrae. De acuerdo con ella, su barca es aspirada. Un nuevo soplido mueve a su embarcación, tan rápido y tan fuerte que a Thomas no le da tiempo de medir el recorrido. Como un imán, él ya está allí. A las puertas de la democracia.

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Increíble. Miles de personas avanzan en fila, seguidos por otra ola de individuos: jóvenes, viejos, grandes, delgados, hombres, mujeres, se funden todos en uno. La isla donde ha atracado es el deseo accesible. Todo un pueblo que se manifiesta en nombre de la esperanza, cuyo grito hace caer la fruta demasiado madura de un árbol que se vuelve, a medida que la masa avanza, más y más majestuoso. Sobre el tronco se puede leer: “Tahrir”. Arriba, se eleva una paloma.

Thomas sabe ahora a qué llamarle esperanza. Ésta representa ese ser invisible. “Les Tahiriens”, como les llamamos, reconocen, todos o casi todos, un ser supremo. Pero, guiados por el deseo de vivir según la naturaleza, “Tahrir” es, sobre todo, pacífica y ciudadana, condena el disimulo, la trampa, la corrupción, el enriquecimiento personal y el lujo. Elementos representados por esos frutos podridos que ahora caen del majestuoso árbol. Tantos alimentos que han gangrenado su tierra natal durante demasiado tiempo.

“Nos equivocamos al pensar que la miseria del pueblo es una garantía de la paz”

Con toda su supervía, la isla Tahrir es el contrapunto luminoso de Grecia. La economía tahiriana se sostiene por la ausencia de intercambios comerciales, de la prohibición de la especulación y, por lo tanto, de la inexistencia de carencias. Esta sociedad ideal vive sin una moneda. En casa de Thomas, en cambio, corren detrás de alguna cosa que se deprecia. Se acercan a una cosa que ya no existe. Así, intentamos convertirnos en futuro. Todos los días. Con las cifras y bajo las medidas cautelares de aquellos que comparten una misma moneda pero que parece que no comprenden nada. Esa misma es la que enferma a los otros del club; un círculo vicioso de bonitas promesas de libertad. Hasta que las reglas, cada vez más cerradas, rompen los códigos sociales, acentúan las desigualdades y alejan a las personas por culpa de cinco letras inhumanas: D-E-U-D-A. Testimonio del sufrimiento, Thomas medita: “Nos equivocamos pensando que la miseria del pueblo es una garantía de paz ya que, ¿dónde hay más peleas que entre los mendigos?” Nada de eso en Tahrir. Tahrir es la esperanza. Tahrir es la afirmación de lo deseable. En su partida, antes de llegar a su barca, Thomas está lleno de esperanza. Aunque no sabe qué hay de sueño y que hay de realidad, no le importa, lo recordará todo.

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“Estoy indignado. Creo sinceramente que puedo cambiar las cosas. Creo que puedo ayudar. Sé que, todos juntos, podemos lograrlo. Sal con nosotros, es tu derecho”

Thomas sigue teniendo pesadillas. Después de la segunda noche de travesía, sigue en el mismo estado. Ese estado que no consigue describir. Ha visto cosas bellas en esa isla y se ha contagiado de la esperanza. Pero esa joven majestad, ¿se puede transportar hasta su “Viejo” Continente? Podría ser que no. Pero es necesario estar seguro. Con el sol de levante, una extraña música resuena en la proa de su canoa. Parece que 60.000pares de manos aplauden al mal del cual su país ha sido víctima. No muy lejos de “Tahrir”, las semillas de otro árbol de la democracia habían sido plantadas.

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“Puerta del Sol”. Voilà el nombre de la ciudad. Ésta está lejos de ser ideal. En muchas cosas, se parece a Grecia. Pero parece que un grupo de irreductibles trabaja para pagar a la sociedad con su misma moneda. Porque en realidad, ellos habían tenido democracia. Ya habían conocido un “Tahrir” antes. Pero hoy se lo hemos robado. La D-E-U-D-A les ha mordido. Y lo que quieren ahora es recuperar la democracia real: aquí y ahora. Thomas sabe que esas personas están en el mismo estado que él. Pregunta y descubre cuál es el nombre de su estado. Es un indignado. Durante seis meses se mezcla con 400 familias, reunidas en una especie de hotel-cooperativa en el centro de un vasto campo de flores. En el interior, unas grandes galerías están diseñadas para facilitar los encuentros y la circulación. Por todas partes, se desarrollan talleres específicos para la imaginación, los debates y la escritura. Y de estos talleres, nace una carta: el manifiesto de los indignados.

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“La revolución ? La deseo más que la espero”

La igualdad, los derechos inalienables, la democracia para el pueblo… son los puntos que lideran “una revolución ética” dentro de la que Thomas se ha embarcado. Durante seis meses, Thomas navega sobre la esperanza en todos los rincones del continente aún desesperado. Una brisa revolucionaria lo lleva hasta su casa. La esperanza termina allí. Después de un vals liberatorio de nueve meses.

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Thomas cierra los ojos. No quiere ver de nuevo a Grecia. Pretende, con los ojos cerrados, guardar intacto el recuerdo de “Tahrir” y de  “Puerta del Sol”, esos falansterios iluminados que le habían llenado de esperanza durante casi un año. Quiere esperar un poco más. Así que cuando los vuelve a abrir, sus ojos le traicionan. No les cree. Frente a él, yace un magnífico árbol. En el tronco, esta vez, hay marcado con letras de oro: “Plaza Syntagma”. A sus pies, encima de las raíces, un retrato: el retrato de la persona del año. Thomas se frota los ojos. Es él. Y bajo su rostro: “The Protester”. El subtítulo: “La revolución ? La deseo más que la espero”.

Este artículo se ha inspirado en Utopía de Tomás Moro y en el concepto de falansterio de Charles Fourier

Fotos: Portada (cc) ; Texto : barca (cc) dimitratzanos/flickr, Tahrir (cc) ahmadhammoud/flickr, Méditation (cc) h.koppdelaney/flickr, Puerta del Sol (cc)pasotraspaso/flickr, The Protester (cc) newyork music/flickr ; Vídeos : CHRISTOPHEB06/youtube

Story by

Matthieu Amaré

Je viens du sud de la France. J'aime les traditions. Mon père a été traumatisé par Séville 82 contre les Allemands au foot. J'ai du mal avec les Anglais au rugby. J'adore le jambon-beurre. Je n'ai jamais fait Erasmus. Autant vous dire que c'était mal barré. Et pourtant, je suis rédacteur en chef du meilleur magazine sur l'Europe du monde.

Translated from L’espoir en 2011 : la possibilité d'une île