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La comunidad marroquí de Sevilla: ¿planeando el retorno?

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Default profile picture PeterG

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Magdalena Barro

Sociedad

Desde 2006, los marroquíes son la comunidad inmigrante más grande de Sevilla, con más de 3.000 viviendo en esta ciudad. Andalucía (y su capital, Sevilla), debido a su pasado árabe, tiene una larga relación con el Magreb, pero quizás no sea una relación modelo.

El Centro Vecinal Pumarejo de Sevilla es un microcosmos. Hace quince años, esta imponente mansión del siglo XVIII, donde se encuentra el mayor centro social del barrio de San Luis, era una casa okupa en ruinas. La plaza empedrada era conocida por las drogas, el alcohol y la violencia esporádica. Ahora la gran mayoría de los apartamentos del edificio están ocupados, los limones crecen en los árboles de la plaza y la parte baja ha sido cedida a varias organizaciones del centro social.

En la pasada década, jóvenes solteros con grandes cantidades de dinero reemplazaron las sólidas familias de clase obrera que se hacinaban en las estrechas viviendas de San Luis. Pero en el Centro Vecinal Pumarejo, como en el resto de Sevilla, no todo está bien. El ayuntamiento, falto de dinero, está amenazando con poner en venta el renovado edificio. Al mismo tiempo, aumenta el número de desempleados, víctimas de la crisis económica española, que se acercan al centro en busca de ayuda.

Los marroquíes en La Macarena

Carlos Serrano, trabajador en la oficina de derechos sociales del centro, dice que cada vez más y más gente está buscando ayuda : “antes, la mayoría venía buscando los papeles, pero ahora el problema radica en encontrar un trabajo y no correr el riesgo de perder la vivienda”. Entre esos que se presentan en el Centro Vecinal Pumarejo se encuentran muchos inmigrantes que viven cerca de la Macarena. En el cambio de milenio, este mosaico de austeros bloques de viviendas de los años 50 y 60 situado más allá de la muralla norte de la ciudad era, sobre todo, el hogar de los andaluces. Pero en la última década muchos inmigrantes se instalaron en el barrio, como atestiguan los restaurantes ecuatorianos de comida para llevar y los locutorios magrebíes a lo largo de la Avenida Doctor Leal Castaño.

La Macarena está en el corazón de la comunidad marroquí de Sevilla. A partir de 2006, los marroquíes han constituído la comunidad inmigrante más grande de Sevilla, con más de 3.000 viviendo en esta ciudad. Andalucía -y su capital, Sevilla- debido a su pasado árabe, tiene una larga relación con el Magreb. Sin embargo, la inmigración contemporánea de Marruecos comenzó en 1970, aumentando considerablemente durante el boom de la construcción de la década de los 90: desde 1998 a 2009, España experimentó un crecimiento diez veces mayor en inmigración. Unas 500.000 personas de este colectivo eran marroquíes.

Habla la economía

La crisis económica ha afectado duramente a los inmigrantes. Según las estadísticas de una encuesta realizada en 2009 sobre la mano de obra, el 31% de los trabajadores extranjeros en España están desempleados (la media nacional en ese momento era menor del 15%). Simone Castellani, antropólogo de la Universidad de Sevilla que ha estudiado la segunda generación de inmigrantes marroquíes de La Macarena, dice que los hombres marroquíes han estado con la soga al cuello desde la recesión de 2008. Ha habido una gran caída en el sector de la construcción, que empleaba a la mitad de los inmigrantes durante el boom. Muchos eran hombres y han sido incapaces de encontrar empleo desde aquella. Para las mujeres marroquíes, que trabajaban como recepcionistas o cuidadoras, la situación no ha sido tan dura. Muchas mantienen sus trabajos, aunque los salarios se han reducido. Muchos emigrantes aprovecharon los créditos baratos y los salarios altos durante el auge de la construcción para comprar sus casas, pero como los trabajos se agotan, los bancos han comenzado a apropiarse de estas casas, dejando a las familias en la indigencia.

Volviendo al Centro Vecinal Pumarejo, Carlos Serrano estima que entre el 20% y el 30% de la población emigrante de Sevilla ha vuelto a sus países de origen. Algunos se han acogido al Plan de Retorno Voluntario, una política introducida en 2008 por el entonces gobierno socialista para animar a los emigrantes desempleados a abandonar España. El programa otorga a los residentes legales que han perdido su trabajo el derecho a recibir en dos plazos la prestación de desempleo en su totalidad si ellos aceptan no volver a España en menos de tres años. “La razón de este plan es simple”, dijo la entonces Secretaria de Estado de Inmigración, Anna Terrón, para la revista Time a principios de 2011: “Ese plan ayuda a todo el mundo pues, en esta situación, pueden volver a su país de origen aquellos que así lo desean”. Este plan molestó a muchas asociaciones de inmigrantes, acusándolo de abrir una brecha entre españoles y extranjeros.

La integración de los inmigrantes en la vida política

Sin embargo, el programa de retorno voluntario ha tenido una eficacia limitada. En junio de 2008, Celestino Corbacho, Ministro de Trabajo e Inmigración, dijo que un millón de inmigrantes habían optado por volver a casa. En octubre de ese mismo año, esa cifra se redujo a 87.000. Como ocurrió en marzo de 2009, mes en el que sólo 3.700 personas decidieron regresar, de las cuales 20 eran marroquíes. “La motivación para los españoles consistía en dejar libre el camino para los trabajadores españoles durante un período de cinco años; pero los marroquíes, a menos que encontrasen un trabajo en sus país, preferían quedarse en España y ahorrar algo de dinero”, dice Julia Kushigian, profesora de estudios hispánicos en la Universidad de Connecticut que ha estudiado la inmigración marroquí en España. Aunque la gran mayoría ha elegido quedarse, los marroquíes afrontan dificultades en España. Una encuesta de 2009 sobre los marroquíes en Europa realizada por la empresa francesa BVA reveló que el 80% creía que era más difícil conseguir un trabajo siendo marroquí. Sólo el 28% dijo tener contacto regular con gente española. “Un recordatorio visual de la tensión entre los españoles y los marroquíes son los carteles en árabe colocados hace unos años a lo largo de las carreteras de la costa indicando los caminos que hay que tomar para abandonar el país”, dice Kushigian.

“Muchos de los inmigrantes no tienen vida política aquí; nuestros políticos excluyen esta parte de la realidad”

El veterano periodista andaluz Juan José Téllez ha estado escribiendo sobre la emigración en la soleada comunidad autónoma del sur de España durante 30 años. Mientras toma un café en un viejo bar cerca de la icónica plaza de toros de Sevilla, un famoso símbolo de la ciudad y de la cultura del toreo, Téllez dice que los andaluces han sido menos hospitalarios de lo que se pueda imaginar. “Existe un estado de ánimo en Andalucía: “Somos cristianos, no queremos otras religiones”. Todas las mezquitas en Sevilla son clandestinas,” dice el periodista, que presenta un programa de radio semanal sobre inmigración en Andalucía. Téllez cree que la solución radica en que los partidos políticos se comprometan con los emigrantes y que incluyan ciudadanos no españoles en sus filas. “Muchos de los inmigrantes no tienen vida política aquí; nuestros políticos excluyen esta parte de la realidad. No podemos resolver el problema hasta que los inmigrantes sean capaces de participar en la política y en los medios de comunicación”.

Muchas gracias al equipo de cafebabel Sevilla

Este artículo forma parte de Multikulti on the Ground 2011-2012, una serie de reportajes sobre el multiculturalismo realizados por cafebabel.com en toda Europa

Fotos: portada (cc) Herman Rhoids/flickr.com; mujer marroquí en texto: flequi/flickr.com; trabajador carnicería: © Agata Jaskot

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Translated from Seville’s Moroccan community: planning to 'return'?