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De Metelkova a Goričko: asilo artístico en Eslovenia

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CulturaPolítica

Eslovenia, país de paso para emigrantes e inmigrantes allende las fronteras de los Balcanes y de la Unión Europea, presume de su propia cultura del asilo. En Metelkova mesto, la autodeclarada zona independiente cultural de Liubliana, Studio Asylum juega con la idea de asilo fomentando la diversidad multicultural a través del arte.

Las autoridades locales, sin embargo, siguen siendo reacias a colaborar.

Tshepo Maponyane, un artista sudafricano residente en Studio Asylum, pinta cubos de basura para Metelkova mesto. Su lucha contra la contaminación se alinea perfectamente con el espíritu revolucionario del centro. A la exposición de Tshepo acuden, entre otros, miembros de la comunidad negra de Eslovenia, residentes locales, artistas y también mochileros del cercano hostal Celica. “Creen que soy el primo de Barack Obama”, bromea.

La pieza a sus espaldas, titulada “El día conoce el atardecer”, está dedicada a la huelga de mineros de Marikana (Sudáfrica), que acabó en masacre. En total, 36 personas murieron.

Situado en el corazón de la capital eslovena, este recinto cultural autónomo ocupa los antiguos cuarteles militares abandonados por el ejército yugoslavo después de que Eslovenia declarara su independencia en 1991. Metelkova nunca ha tenido un estatus legal, de ahí que su relación con el gobierno aún siga siendo complicada. Parece una ciudad aislada en miniatura que muestra orgullosa su colección de galerías de arte, discotecas, ONG y talleres: una mezcla de estilos visuales que proporciona un sentimiento inmediato de pasado reciente y de transformación social. “A primera vista, Metelkova no es uno de esos lugares comunes”, constata Tshepo, quien supo de este estudio a través de un colega esloveno en el instituto de arte indonesio de Denpasar. “Estaba inspirado por el caos que me rodeaba. Pensé que podía contribuir a mejorarlo estéticamente”.

Studio Asylum: diversidad multicultural

Ganarse la vida en Liubliana es difícil para los inmigrantes en Metelkova. La mayoría de los que buscaron asilo en Eslovenia en 2011 procedían de los Balcanes, Turquía, Afganistán y Nigeria. Las autoridades los consideran “personas problemáticas sin ganas de trabajar”, comenta Urška Šlibar, coordinador del programa de iniciativa comunitaria Equal. Nataša Serec, presidenta de la asociación cultural KUD Mreža, está a punto de abrir la primera empresa social de Eslovenia dedicada a ayudar a inmigrantes a fin de que sorteen las barreras burocráticas y puedan obtener la nacionalidad. Los periodos de residencia en Studio Asylum pretenden dar una oportunidad a artistas emergentes que no tienen acceso a los “grandes círculos del arte”: “Necesitamos gente que traiga nuevas ideas, nuevos estilos de vida y que se comprometan apasionadamente con su trabajo”, explica. “Se trata de la historia que ellos quieran contar”.

Nataša muestra orgullosa un instrumento para niños que acaba de diseñar: “Está hecho con restos de mármol que se utilizaron para la renovación del parlamento checheno”, asegura. A su lado, Jernej Brzin, estudiante de doctorado, mezcla español, inglés y esloveno para explicar cómo transportó uno de los dos olivos que hay en Eslovenia desde Croacia a Metelkova: historias que parecen demostrar que este espacio está más conectado con el mundo en general que con las autoridades locales. “Todavía tenemos problemas con ellos porque simplemente no nos entienden”, admite Nataša. “Metelkova no puede meterse en el mismo saco que otras instituciones”.

El ambiente del recinto anima a poner en práctica cualquier mínima habilidad artística que se tenga.

El entorno relajado de Metelkova facilita la socialización. En un bar del recinto, Anna Ehrlemark charla fluidamente esloveno con Leigh, una joven procedente de Irlanda, y Kingsley, nigeriana. “En un foro de Internet leí que Metelkova estaba lleno de mujeres feas y hombres sin dinero”, ríe la artista sueca y antigua residente de Studio Asylum, quien ahora está preparando una novela gráfica llamada Desperate Rich Old Bitch, Zombie Girl. Anna llegó a Liubliana en 2003 como voluntaria para convertirse posteriormente en directora de taller, recaudadora de fondos y diseñadora gráfica en KUD Mreža. Afirma que la gente y los espacios de Metelkova le ayudan a apreciar el concepto de construir una comunidad: “Estocolmo es terriblemente segregadora. En cambio, aquí la gente se mezcla. Me aburro muchísimo cuando vuelvo a Estocolmo y estoy lejos de este lugar. Metelkova es muy acogedora para los llamados ciudadanos normales, aunque de normalización aquí no quieran saber nada”.

Arte en Goričko

La revolución verde de Tshepo retumba también en medio de un bosque en el noreste de Eslovenia. El parque nacional de Goričko se encuentra en la zona bilingüe de Prekmurje, a 150 metros de la frontera con Hungría. Los activistas ayudan entusiasmadamente a construir con paja y barro una residencia para dieciséis artistas del Art središče (en castellano, Centro de arte). De hecho, Studio Asylum nació cuando estas mismas personas fueron explusadas de sus locales en 2006. Llegaron a Metelkova en busca de asilo y allí renovaron y transformaron un viejo almacén en un espacio para artistas extranjeros antes de volver a Goričko en 2008.

“La Unión Europea respalda, la municipalidad destruye”, puede leerse en un lateral de esta casa de arte.

Este lugar es el primer y único centro de arte con residencia para artistas en Eslovenia: un espacio estimulante para la producción multicultural. Ha sido un punto de encuentro para artistas de toda Europa, cuyos intentos a fin de encontrar conexiones entre “aquí“ y “allá” han dado como resultado la creación de esculturas cinéticas, talleres de animación, vídeos, botellas, diseño de ropa y un largo etcétera. Vita, escultora y directora, y Zdravko Pravdič —alias Pec—, fundador del centro, viven en una casa restaurada cerca de la frontera con Hungría. También hay otras dos viviendas y un gran huerto. La imagen de ecofelicidad que ahora presentan esconde seis años de altibajos: todavía no tienen una explicación legal sobre su desalojo en 2006 por parte de las “mafiosas autoridades locales”. Al no poder acabar muchos de los proyectos, que contaban con contribuciones económicas locales e internacionales, perdieron la confianza de sus donantes. Actualmente, continúan en disputas legales con el gobierno y, por esta razón, no pueden solicitar ayuda económica procedente de programas de la Unión Europea.

Rutina autosuficiente: la vida en Art središče destaca por su sencillez.

Maja y Simon, miembros de este centro, se dirigen en coche hacia la frontera croata con un montón de papeles bajo el brazo. Para el Día de la Cooperación Europea y dentro de su proyecto SI-CRO —“un plan transfronterizo de medios de comunicación”—, han impreso una historia sobre “la boda de la U y la E”, tanto en croata como en esloveno. “Cuando cortes el papel por la mitad, cada parte tendrá el relato en ambos idiomas, por lo que podrás quedarte con uno y repartir el otro”, indican. La utilización del arte y el activismo como idioma multicultural para expresar una idea no es el mayor reto del Centro. Vita y Pec se esfuerzan por alcanzar un acuerdo con el Gobierno y el Ministerio de Cultura para garantizar el funcionamiento independiente de la institución y su libertad de expresión. Les apoyan una gran comunidad de gente de varios orígenes, experiencia, profesiones e intereses.

Este artículo forma parte de Multikulti on the Ground 2011-2012, una serie de reportajes sobre el multiculturalismo realizados por cafebabel.com en toda Europa.

Fotos: © Plamena Slavcheva.

Translated from Asylum meets art in Slovenia