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"Chicas nuevas 24 horas"

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Sevilla

Con el objetivo de promover el respeto a los derechos de las niñas y asegurar que la Unión Europea tenga en cuenta su protección a través de sus políticas y programas, cada mes de octubre se celebra en Bruselas la Semana Europea Por Las Niñas. En este marco, el Instituto Cervantes ha acogido la proyección de "Chicas nuevas 24 horas", un documental de Mabel Lozano.

Los días 10 al 14 de octubre Bruselas se convierte en un verdadero hervidero de eventos en los que se quiere concienciar sobre la explotación que sufren las menores en Europa. Con el objetivo de acabar con la invisivilidad del tráfico de mujeres, que parece un problema propio de países con nombres exóticos y lejanos, la Semana Europea Por Las Niñas quiere actuar en la concienciación y la prevención del problema. Y es que Europa es el destino elegido por las mafias y traficantes para vender sus productos: las mujeres.

No se puede pasar por alto que España es el país europeo que más prostitución demanda. Una triste, involutiva y oscura realidad que se aleja de la igualdad y protección a la mujer que vende el Gobierno. Es este desconocimiento dónde reside el problema: la invisibilidad de la trata y la explotación a la que las mujeres, y en especial  las menores, se ven sometidas en el negocio de la compra de sexo. 

"Chicas nuevas 24 horas"

La proyección del documental "Chicas nuevas 24 horas", el lunes 10 de octubre, supuso ser el pistoletazo de salida a una semana cargada de eventos para la concienciación de la población europea sobre los problemas del conusmo, hoy normalizado, de la prostitución. En el Instituto Cervantes de Bruselas se dieron cita la directora del documental, Mabel Lozano, y la europarlamentaria Inés Ayala, que se encargaron de culminar la exitosa proyección con una charla-coloquio en el abarrotado Instituto español. 

El éxito de la asistencia estuvo más que justificado: la labor de investigación que se esconde tras el documental es, sencillamente, magnífica."Chicas nuevas 24 horas" es un viaje en primera persona que nos traslada a Perú, Paraguay y Colombia y que culmina en España, país receptor de mujeres explotadas, y que muestra el sometimiento de mujeres y niñas ante el consumidor de la prostitución. 

Se trata de una relato real que sucede a diario en las calles de España. Pero, ¿por qué entonces lo sentimos tan lejos? Porque las historias están protagonizadas por mujeres transparentes, por trozos de carne que pasan desapercibidos por ti y por mí. Transparentes porque ni tú ni yo reparamos en que esas mujeres son explotadas y nos convertimos en cómplices, del abuso, la trata y la explotación.

El tráfico sexual "desnuda de derechos" a las mujeres, las despoja de cualquier ápice de dignidad, convirtiéndolas en un simple eslabón más de la cadena de la oferta y la demanda. Las convierte en meros trozos de carne. De hecho, carne es la palabra que más se escucha en la sala de proyección.

Llamar a las cosas por su nombre

¿Por qué seguir llamando cliente a los cómplices del tráfico sexual? Porque una vez más la mujer, a pesar de ser la explotada y vejada, es la desamparada ante la ley. Si verdaderamente queremos acabar con la explotación sexual, hay que empezar por la ley. Por una ley que prohíba los abusos y que llame a las cosas por su nombre, porque el cliente pasa a ser prostituyente cuando despoja de dignidad a la mujer.

Según Mabel, el simple hecho de la utilización de un lenguaje inclusivo podría ser la manera más eficaz de concienciar y sensibilizar a una población que, según la directora, ve la prostitución como una forma más de ocio. Y aquí reside el problema, el ocio deja de ser ocio cuando entra en juego la vulneración de los derechos más básicos del hombre. Porque los términos trata y prostitución bien podrían ser sinónimos ya que Mabel asegura que, en la mayoría de los casos, la prostitución no se ejerce libremente. 

El hecho de que el tráfico sexual comienza con la demanda convierte a documentales como ‘Chicas nuevas 24 horas’ en imprescindibles en la labor de concienciación y de sensibilización de la población. Porque no hay que olvidar que España es el país europeo que más sexo demanda y eso nos convierte a los españoles en cómplices del silencio que impide 13.500 mujeres en España ser dueñas de su propia vida. Y es que el mundo de colores que venden los clubs de alterne supone ser la tapadera del mundo oscuro que esconden. Un mundo habitado por mujeres transparentes, al servicio del sexo masculino, que dice sentirse más fuerte, más jóven y más hombre al golpear, abusar y explotar a una mujer.